¿Qué tal? ¿Cómo ha ido el 25 aniversario del 11-S? ¿Bien?
Estaba claro que nuestra fijación con el sistema decimal—cosas del mamífero humano y sus cinco dedos en cada mano—iba a hacer que en concreto este año muchos comunicadores le dedicasen al catastrófico evento varias retrospectivas. Yo hacía ya años que no tenía el tema en el radar, pero dado que la pasada primavera experimenté (creo) un episodio de escritura taquiónica relacionado con mi propia vivencia del 11-S, le he dedicado algo de tiempo este año. ¿Habrá generado la retrospectiva masiva algún flujo de taquiones? ¿Influyó este flujo en mi episodio de escritura taquiónica? ¿Funcionó dicho episodio como una prospectiva de la retrospectiva? ¡Ah! ¡Misterio! Paso a reseñar el material que me ha ido interesando este mes pasado—una mezcla de documentos sobre el 11-S en sí complementado con varios vídeos de lo que se rumorea, se dice y se comenta en el (descorazonador) ámbito hispanoparlante:
(1) El documental "Los Socorristas: Rompiendo el Silencio"(Prime Video)
John Kirby tiene en su haber la realización de varias piezas documentales que han cuestionado incisivamente las estructuras de poder, dinero y eventos históricos clave de la historia de los EEUU. Estrenado este 2026 por el 25º aniversario, quise ver "Los Socorristas: Rompiendo el Silencio" porque, frente a un mundo en donde la ingeniería social y los medios reescriben constantemente el testimonio directo e inmediato de la población, este documental da voz a testigos (bomberos, paramédicos y policías) que vivieron el 11-S en primera persona. Nada que no haya aparecido ya en otros mil sitios, claro, pero ha estado bien que haya quedado recogido de forma estructurada.
La historia que me ha llamado la atención: la de Bob McIlvaine, que sostiene firmemente que su hijo Bobby McIlvaine murió a causa de una fuerte explosión en el vestíbulo de la Torre Norte segundos antes de que el primer avión impactara contra el edificio. El forense detalló indicios de una gran fuerza expansiva sobre el rostro y la parte superior del cuerpo, que habrían provocado un severo traumatismo craneoencefálico. La parte posterior de la cabeza y el resto del cuerpo no presentaban lesiones compatibles con aplastamiento masivo o caída de escombros de gran altura. Tampoco quemaduras. Esta historia la ratifica, por cierto, el conserje de dicha torre, William Rodríguez—quien fue celebrado como un héroe del 11S por ayudar a salvar la vida de cientos de personas.
Cuando escuché el sonido de la explosión, el suelo bajo mis pies vibró, las paredes comenzaron a agrietarse y todo empezó a temblar (...) Segundos después de que la primera explosión masiva abajo en el sótano aún hiciera retumbar el suelo, escuché otra explosión muy arriba (...) Aunque no lo supe en aquel momento, esto fue el avión golpeando la torre, momentos después de la primera explosión (...) Discrepo al 100% con la versión del gobierno (...) Me reuní con la Comisión del 11-S a puerta cerrada y básicamente descartaron todo lo que dije sobre el uso de explosivos para derribar la Torre Norte (...) Y anteriormente me había puesto en contacto con el NIST sin obtener respuesta alguna (...) Les pregunté, antes de que llegaran a la conclusión de que el combustible de aviación derribó las torres, si en algún momento consideraron mis declaraciones o las declaraciones de otros supervivientes que escucharon explosiones. Simplemente se quedaron mirándome impasibles y no me dieron respuesta alguna.
Por cierto que a Jennifer Senior le dieron el Pulitzer por escribir una pieza enmarcando la lucha de Bob McIlvaine cuestionando la Conspiración del Consenso Oficial como una mera forma de procesar y canalizar el dolor. Ya debe ser duro tener a la parienta y a tus hijos en tu contra como para que encima se le una la prensa. En fin: el periodismo siempre hay que cogerlo con pinzas[1].
(2) La serie "9/11 Whistleblowers" en "The Corbett Report" (corbettreport.com)
Siguiendo con el tema de los testimonios en primera persona, acá hay una página que recopila la serie de vídeos (con sus correspondientes transcripciones) en "The Corbett Report", cuyos protagonistas vivieron en sus carnes hechos que contravienen los presupuestos de la Conspiración del Consenso Oficial. Repasémoslos sucintamente:
- William Rodriguez, el conserje del que hemos hablado hace un momento. Añadamos un detalle extra, usando sus propias palabras: «Todo el mundo empezó a gritar: "¿Qué demonios está pasando?" y alguien entró corriendo a la oficina gritando: "¡Una explosión! ¡Una explosión!". Traía los brazos extendidos, con toda la piel despellejada desde las axilas a los brazos. ¡Colgando! Pensamos que era ropa—parte de su vestimenta—hasta que se acercó más. Venía como un zombi: "¡una explosión! ¡una explosión!". Y cuando lo miré me di cuenta de que era su piel, como cuando te quitas un guante y lo dejas colgando. Y cuando consigo verle la cara, le colgaba parte del rostro y todo el mundo empezó a gritar horrorizado. Y yo dije: "¡No te muevas!". El tipo era un hombre negro llamado Felipe David. Trabajaba para una empresa llamada Aramark».
- Barry Jennings: subdirector del Servicio de Emergencias de Nueva York. Le convocan a una reunión de emergencia en el Edificio 7 antes del impacto de la primera torre. Acude pero allí no hay nadie, y mientras baja las escaleras para irse algo explota bajo sus pies y queda atrapado. Sigue escuchando explosiones—contradiciendo la Conspiración del Consenso Oficial pero coincidiendo con varios testimonios—y al final los bomberos lo rescatan.
Años más tarde le explican que estaba confundido y que realmente escuchó escombros provenientes de las torres o un tanque de gasóleo que explotó. Su réplica: «Si hubiera sido un tanque de gasóleo, se habría visto afectado sólo un lado del edificio. Cuando llegué al vestíbulo estaba totalmente destruido. Parecía que King Kong hubiera pasado por allí y lo hubiera pisoteado. Estaba tan destrozado que ni siquiera sabía dónde estaba (...) y tuvieron que sacarme a través de un agujero en la pared (...) improvisado que creo que hizo el departamento de bomberos».
Los creadores del documental "Loose change" hacen una entrevista a Jennings y lanzan un pequeño clip a modo de promoción de la próxima revisión del documental. Jennings—temiendo por su puesto de trabajo y su familia—pide que no la incluyan. Después aparece en un documental de la BBC en donde hacen que parezca descontento con ese clip. Muere en 2008 en circunstancias desconocidas. Uno de los creadores del documental contrata un investigador privado para esclarecer su fallecimiento, pero después de seguir el caso éste le devuelve el dinero, lo denuncia a la policía y le dice que no le contacte nunca más. Su familia desaparece. A partir de ahí la cosa se vuelve confusa. Los debunkers, basándose en una intervención en los comentarios de un blog firmado por su hijo, afirman que murió de leucemia. En otra intervención en otro foro, su nuera afirma estar cansada de la turba de inquisidores alternativos, y que estuvo a su lado cuando murió. Mientras escribo esto no puedo acceder a estos comentarios—dado que el blog y el foro no están ya operativos—y tampoco puedo localizar más información sobre la familia.
Personalmente podría creer en ambas opciones a) que Jennings y la familia estén en un programa de protección de testigos y b) que Jennings realmente murió y que la familia acabase hasta las narices del personal adscrito a las Conspiraciones de los Consensos Alternativos. De todos modos: acabase como acabase Jennings, su testimonio sigue invalidando a la Conspiración del Consenso Oficial.
- Kevin Ryan: trabajaba como técnico en la empresa que certificaba el acero con el que se construyeron las Torres Gemelas. No le cuadra que el acero cediera a los 56 minutos, cuando la certificación requiere tres horas de resistencia. Escribe a su jefe trasladándole sus inquietudes y éste le dice que están trabajando en colaboración con el NIST, que tenga paciencia. Cuando sale el informe del NIST con la teoría del pancake su empresa intenta replicarla pero no lo consigue. Al ver que su jefe no presiona al NIST con las incongruencias extraídas de sus propias pruebas físicas independientes, tira de la manta y airea el asunto en público. Resultado: pierde su trabajo.
- Cate Jenkins: una doctorada en química que trabajaba en la Agencia de Protección Ambiental (EPA en inglés), con experiencia previa destapando escándalos ambientales como el del Agente Naranja de Monsanto. Denunció internamente que el polvo del WTC no solo contenía amianto, sino que tenía un nivel de alcalinidad extremadamente alto debido al hormigón pulverizado, y que causaría daños pulmonares químicos graves a los equipos de rescate y residentes. Mientras tanto, la EPA daba luz verde al personal para que volviesen a la rutina asegurando que no había evidencia de contaminación en el aire. Jenkins denuncia los datos falseados que apoyan esta conclusión. ¿El resultado? La echan de su puesto de trabajo y vive un calvario legal hasta que al final le acaban devolviendo su plaza 10 años después.
- Michael Springman: funcionario de carrera de asuntos exteriores. Le destinan al consulado de Yeda, en Arabia Saudí. Estando allí repara en que, excepto él y otros dos americanos, todo el consulado trabaja para alguna agencia de inteligencia. Ante solicitudes de visado altamente irregulares, y que sus superiores le obligan a tramitar bajo amenaza de despido, empieza a investigar por su cuenta. El resultado: descubre que la oficina en la que estuvo destinado tramitó 14 de los 19 visados de los supuestos secuestradores de los aviones del 11-S—12 de ellos por parte de la misma oficial. Por supuesto Springman arruinó su carrera y sospecha que le metieron en una lista negra, dado que tras abandonar el consulado le iban rechazando el currículum allá donde fuera.
- la propia Comisión del 11S: tras presiones políticas, Bush acaba montando la Comisión del 11S capitaneada por Henry Kissinger. Kissinger arrastraba una larga fama de encubridor de las cloacas del poder y levantó sospechas desde el primer momento, lo que hizo que al final dimitiera. Posteriormente, 6 de los 10 comisionados—Kean y Hamilton, así como Bob Kerrey, Tim Roemer, John Lehman y Max Cleland—expresaron su preocupación por el hecho de que la Comisión enfrentó engaños y múltiples obstáculos; tuvo que frenar debido a conflictos de intereses y, en última instancia, participó obligada en un encubrimiento de motivaciones políticas.
Max Cleland dimitió porque la comisión había sido «deliberadamente comprometida por el Presidente de los Estados Unidos». Lehman admitió los altos cargos de la Casa Blanca a los que acudían para obtener documentos clave «tenían, hasta cierto punto, algún conflicto de intereses». Los miembros de la Comisión llegaron a plantearse presentar cargos penales contra los funcionarios del Pentágono que les habían mentido deliberadamente sobre la absoluta falta de respuesta militar de aquel día. Bob Kerrey se refirió al 11-S en 2009 como una «conspiración de 30 años de antigüedad».
(3) El libro "9/11 Unmasked" de David Ray Griffin y Elizabeth Woodworth (Goodreads)
Lo tenía por casa esperando su momento y parece que al fin ha llegado. Harto de ser ninguneado por las instituciones, David Ray Griffin se echó la manta a la cabeza y junto con Elizabeth Woodworth montó un panel de revisión inspirado en la metodología de los modelos de "mejor evidencia" usados en el mundo científico. Reunió a un conjunto de expertos que examinaron cada punto de conflicto con la Conspiración del Consenso Oficial en varias rondas de revisión y comentarios. Después enviaban sus votos a los dos moderadores manteniendo el anonimato entre ellos. Las propuestas debían alcanzar al menos el 85 por ciento de los votos para ser aceptadas y, aunque la mayoría de los puntos alcanzaron ese umbral, algunos no lo lograron.
Cuando uno consulta la lista de expertos está claro que acá hay trampa. Hay un claro sesgo de selección del panel y personalmente entiendo este movimiento de Griffin como una táctica para ganar legitimidad. Pero vamos, nada inédito en el mundo de la ciencia. Uno sólo tiene que leer "Tratado contra el método" de Feyerabend para darse cuenta de que este tipo de artimañas resultaron clave, por ejemplo, para establecer el modelo heliocéntrico del sistema solar por parte de Galileo. La idea de que la comunidad científica miró a través del telescopio y reconoció su error tiene que ver más con la caricatura que con las complejas dinámicas que hacen que la sociedad acepte o no las modificaciones del conocimiento. ¡Ah amigo! Esta idea tan extendida de que el estamento científico lo conforman una especie de consejo Jedi de nobles y sabios caballeros en torno a una Mesa Redonda, o lo que sea, te la puedes creer cuando tienes 18 años—pero no resiste un análisis maduro. Galileo triunfó menos por una aplicación impecable de un método científico abstracto y universal y más por su genialidad retórica, su propaganda—escribir en italiano en vez de en latín para ganarse al pueblo—y el uso de ardides persuasivos.
Dicho esto: el libro funciona como un estupendo compendio de los cuantiosos flecos de la Conspiración del Consenso Oficial, que aparecen además en diferentes frentes. Uno puede creer perfectamente que el keroseno derritió el acero en las torres y aún así quedarse pasmado con las incoherencias del resto de categorías, las cuales citaré a continuación de corrido: (1) la destrucción de las torres gemelas, (2) la destrucción del WTC-7, (3) el ataque al Pentágono, (4) los vuelos del 11-S, (5) ejercicios militares durante el 11-S, (6) afirmaciones sobre líderes militares y políticos, (7) Osama Bin Laden y los secuestradores, (8) las llamadas telefonicas desde los vuelos del 11 de septiembre y (9) trading con uso de información privilegiada.
Un tanto árido de leer y minuciosamente referenciado (¡875 notas!). Como mi perspectiva del 11-S tiene un orígen magufo, no voy a ocultarlo, he creído conveniente leer el lado más riguroso del bando de las Conspiraciones de los Consensos Alternativos.
Lo recomiendo efusivamente.
(4) El documental "September 11: The New Pearl Harbor" de Massimo Mazzucco (Youtube)
Lo que decíamos antes: Massimo Mazzucco está incluido en panel de expertos que mencionaba en el apartado anterior. ¡Todo queda en familia! Pero bueno, eso no quita que estemos ante un pedazo de documental de 5 horazas considerado por muchos como el mejor realizado acerca del 11-S. El film toma su nombre, como explican en la introducción, porque 11-S y Pearl Harbor tuvieron muchas cosas en común: (1) sirvieron para para justificar una guerra y (2) alimentar la propaganda para la misma; (3) altos cargos militares tuvieron conocimiento previo del ataque y (4) retuvieron información vital que hubiese detenido los ataques; (5) hubo denuncias previas del ataque ante el congreso y (6) las autoridades ignoraron a los oficiales honestos; (7) altos cargos militares no estuvieron disponibles durante el ataque, entorpeciendo la cadena de mando; (8) las defensas estaban debilitadas y (9) hubo ordenes directas de no interferir en el ataque; (10) la indignación de la población alimentó la disposición para ir a la guerra; (11) las autoridades montaron una dudosa comisión oficial de investigación y (12) aparecieron una plétora de debunkers dedicados a etiquetar toda evidencia en contra de la versión oficial como irrelevante.
Construido con argumentos basados en documentación de acceso público, imágenes de hemeroteca y los propios argumentos de los debunkers constituye, como reza una de las reseñas en la ficha de IMBD, «un excelente ejemplo del método socrático, mediante el cual el simple hecho de cuestionar a una persona (u organización, o gobierno) sobre su postura puede hacer que colapse y se contradiga a sí misma». Además ver algunas de las hipótesis de la Conspiración del Consenso Oficial—como la del keroseno cayendo por el hueco del ascensor—de forma gráfica permite apreciar el grado de ridiculez de éstas de un modo que la letra impresa no consigue.
Muchos puntos en común, claro, con el libro que recomendaba en el punto anterior; pero también muchos puntos que éste no toca o que no detalla tanto y que, por tanto, lo complementan estupendamente. También funciona por sí mismo perfectamente y diría al lector que, si ha de decantarse sólo por una de las propuestas de este artículo, que elija este documental sin dudarlo.
Como hasta ahora hemos incidido mucho en los testimonios directos, acabaré este apartado citando a David Miller, un socorrista y activista del 11-S que luchó por visibilizar y exigir atención médica para las personas afectadas por el polvo y los químicos tóxicos de la Zona Cero. El fragmento corresponde a un emotivo discurso que pronunció durante una conferencia y que recoge el epílogo del documental:
Esta noche quiero hablarles sobre las personas que llamamos héroes y que, en número cada vez mayor, viven en terribles circunstancias físicas y económicas mientras luchan contra los efectos cancerígenos la sopa química tóxica en la que se convirtió la Zona Cero. ¿Puede este lado de la sala ponerse de pie?
[Se levantan unas 40 personas]
Todos en este lado: ustedes, todos trabajadores de rescate, estarán muertos en 4 años. (...) esas son nuestras estadísticas, es lo que está pasando. Y en siete años [la estadística] se duplicará.Y cada vez que "Popular Mechanics" llama "chiflados" a [estas personas], estos propagandistas, mentirosos profesionales y títeres—que bajo ninguna circunstancia pueden ser considerados periodistas—clavan otro clavo en el ataúd de otro rescatista.
No creo que estemos locos; las llamadas conspiraciones son tan sólo evidencia que los tribunales no quieren examinar. Nosotros, los que todavía estamos muriendo por el 11 de septiembre, los que entramos en las torres y en esa pila de escombros, vivimos ahora con esos edificios en nuestros pulmones, en nuestros sistemas digestivos y en nuestra sangre. Para mí, y para muchísimos de nosotros, la investigación y el tratamiento efectivo van a llegar demasiado tarde. Tengo metástasis en ambos pulmones, esa es simplemente la realidad.
A nosotros también nos mataron el 11 de septiembre. Vénguennos.
David Miller murió cuatro años después, en 2010.
(5) La entrevista de Álex Fidalgo a Mark Rossini, ex-agente de la CIA (Youtube)
En serio que lo he intentado, pero no he podido. Su español macarrónico con aderezos spanglish y su deje de arrogancia de american country boy—me recordaba cada momento al Cowboy de "El chip prodigioso"—me han sacado completamente de la entrevista. Entonces, por ir a la madre del cordero, he hecho una búsqueda con la palabra "conspiración" en la transcripción y me encuentro en la marca 1:06:27 el siguiente exabrupto:
Quítalo de la cabeza, alguien piensa en esto, no escucha nada más. Okay. Porque no creo en gran conspiración, teorías de, oh, fue planeado por Dick Cheney y Netanyahu y ... FUCK YOU. ES ALGO SIMPLE, ¿OKAY? Nadie, nadie, nadie quería ... este. Quizás un Hitler, quizás este tipo de personas, pero nadie [más].
«That's just the way it is, boys». Y al acabar este alegato se pasa la mano por la cabeza peinándose el flequillo. ¡Yiii-haaa vaquero! He echado de menos que mascase tabaco y que se lo escupiese a Fidalgo en la cara. Acá el Capitán América sólo concibe al mismísimo Adolf Hitler como posible autor del atentado. En fin. Le voy a reconocer su experiencia trabajando para el gobierno de los EEUU y sus observaciones acerca de este ecosistema que vertebran su argumento: las agencias de inteligencia trabajaban en compartimentos estancos en competencia entre sí, lo cual facilitó fallos de seguridad, o lo que sea—ya digo que no he aguantado mucho de la entrevista.
Pero vamos, obviamente alguien quiso el 11-S: los dos aviones no se pilotaran solos. En otro punto de la entrevista Rossini nos cuenta que tiene complejo de Forrest Gump, porque siempre parece estar en el meollo de la cuestión sin proponérselo—refiriéndose a que Mohamed Atta andaba planeando el atentado en España justo cuando nuestro héroe andaba por allí. Su olfato de James Bond, será.
En fin. Espero que no estemos ante otro caso del—nebuloso para la psicología oficial—"síndrome del protagonista" provocado por el omnipresente virus ficcional hollywoodiense. En el mejor de los casos tenemos acá la película de un bienintencionado hijo del excepcionalismo norteamericano, el enésimo tonto útil de los valores patrios de yanquilandia—indios contra vaqueros, los buenos contra los malos, los guardianes de la libertad contra el eje del terror—que le impiden ir más allá de sus narices. Por mucho que sus narices, insisto, cuenten una parte válida de la historia.
El peor de los casos no me voy a poner a concebirlo porque mi psicólogo me dice que he de evitar en la medida de lo posible los pensamientos rumiativos negativos. Todo esto lo veo muy en la onda de otros invitados estrella del podcast de Fidalgo: Javier Sierra buscando marcianos en Roswell y J.J.Benitez recibiendo información clasificada de ex-militares de los EEUU que para nada lo estarán usando de proxy desinformativo para moldear la mitología del disenso en las colonias europeas—mierda, otra vez los pensamientos rumiativos negativos. Que llamen a Spielberg y que hagan una película retronoventera adaptando "Expediente X" a la española—y que inviten a José Mota como alivio cómico, por favor, menudo puntazo.
(6) ¿¿¿El 11-S Es Una MENTIRA??? (Youtube)
Siguiendo con el canal de Fidalgo y en otro tono muy diferente al del vaquero anterior, rescataré este clip del año pasado con Juan José Sánchez-Oro—un tipo que me cae bien y cuyo libro "El pacto. Reptilianos y gobiernos. Un mito contemporáneo" leí con sumo interés. En el clip básicamente Sánchez Oro defiende los matices en gris dentro del mundo de las Conspiraciones de los Consensos Alternativos; en uno de los extremos de estas narrativas pone a la hipótesis del fallo humano de seguridad—básicamente lo que dice Rossini—y en el otro extremo, el de los lunáticos, la hipótesis de que no hubo aviones en el 11-S sino hologramas en una especie de montaje hollywoodiense.
Está bien que abra la puerta a la hipótesis del autoatentado—aunque de forma indirecta—mencionando que finalmente parece haber consenso entre los historiadores de que el atentado de Pearl Harbor puede interpretarse como de falsa bandera. Luego incide en que sin los conocimientos técnicos adecuados resulta imposible, para quien quiera adentrarse en debates técnicos—como los de la hipótesis de la demolición controlada—formarse un criterio riguroso. De ahí a la aceptación de que lo que nos pueda parecer o no va a partir de una hermenéutica propia, acompañada de un buen fardo de sesgos cognitivos, y de lo acertado o no de las heurísticas que confeccionemos al procesar la gran maraña de sensaciones corporales y narrativas contradictorias que generó el fenómeno.
Que nos fiemos de nuestro sentido arácnido, vaya. En este aspecto Sánchez-Oro comparte con los espectadores dos de sus intuiciones.
En primer lugar piensa que la reacción de Bush, paralizado en aquella guardería, lo dejaba en mal lugar y que de haber sido un evento planeado le habrían puesto en otra situación diferente. Sin embargo, podemos hacer la lectura inversa. El mencionado"9/11 Unmasked" cita al experto en violencia política y secretismo gubernamental, Philip Melanson: «ante un ataque terrorista en curso, el procedimiento debería haber sido llevar al presidente al lugar seguro más cercano lo más rápido posible» y concluye que «esta ruptura del protocolo sugiere que el Servicio Secreto, en algún nivel, sabía que el presidente no corría peligro».
En segundo lugar menciona la anécdota de que el Pentágono reclutó a un grupo de guionistas de Hollywood—entre ellos uno de los de "La jungla de cristal"—para crear escenarios que podrían ayudar a prevenir futuros atentados. Esto evidenciaría, para él, que la cosa les habría pillado por sorpresa. Bueno, usando el razonamiento anterior de Rossini, podríamos argumentar que habría pillado por sorpresa quizás solamente a una facción poco informada de los servicios de inteligencia porque, echando mano de otra conocida anécdota, la posibilidad de ese tipo de ataque tampoco resultaba tan descabellada: ya en 1962 la Operación Northwoods propuso tomar un avión civil real (por ejemplo, fletado con falsos estudiantes universitarios) y hacer un duplicado exacto (un dron o avión idéntico por control remoto); en pleno vuelo, el avión real aterrizaría secretamente en una base militar y los pasajeros cambiarían de identidad. Mientras tanto, el avión duplicado (vacío) seguiría la ruta simulando llevar a los civiles, emitiría una señal de auxilio diciendo que estaba siendo atacado por misiles cubanos y explotaría por control remoto en el aire. Esta hipótesis, por cierto, la desarrolla en relación al 11-S el mencionado documental de Mazzucco.
Por cierto que me ha parecido enternecedor cuando Sánchez-Oro menciona el sincromisticismo encuadrado en «temas así de estudios religiosos». Jajaja. ¡Pero Juanjo, hombre! Que yo estuve allí y te aseguro que allí lo que habían eran un puñado de chavales bastante frikazos drogándose y viendo muchas películas colocadísimos—pocos "estudios religiosos" pude ver, más allá de cuatro lecturas desubicadas de Carl Jung. (En realidad Sánchez-Oro no habla de lo que los muy cafeteros entienden como sincromisticismo, sino más bien de experiencias precognitivas relacionadas con el ataque del 11-S. Sobre esto el libro "El Septimo Sentido: La Mente Extendida" de Rupert Sheldrake tiene varios pasajes de lo más interesantes).
(7) The Wild Project #326 - El Análisis Definitivo del 11-S con un Arquitecto (Youtube)
Un programa de 4 horas de Jorge el Asilvestrado con el arquitecto Nacho Tellado que al parecer, yo lo desconocía, saltó a la fama como tertuliano en "El Chiringuito de los Jugones" analizando con tecnología punta, o algo así, los fuera de juego de La Liga Española de Fútbol.
En la primera hora y media del programa, la he ido pasando rápido con el teclado, habla de su saga familiar con la arquitectura y nos deleita con vericuetos, anécdotas y maravillas del mundo del noble arte de la edificación y el urbanismo.
Luego pasa describir la estructura de las Torres Gemelas: cimentaciones, resortes, cerramientos. Pilar de cero corte. Cerchas, espesor de forjado. Las chapas grecadas. El forjado DEC, la vermiculita. A todo eso Jorge el Asilvestrado asintiendo solemnemente en todo momento y apostillando como apostillaría viendo un episodio de "El Chiringuito de los Jugones": brutal, crack, bestial. En un momento de lucidez nuestro presentador resume sagazmente este despliegue de conocimiento técnico: «Bueno, entonces lo que quieres decir es que estaban BIEN HECHAS, ¿no? No tenían ningún ERROR DE BULTO. ¿verdad?».
Jorge Asilvestrado: sin duda el lápiz más mazado del estuche.
Y luego ya empiezan a analizar todo el tema del 11-S. Tellado, en sus propias palabras, va a defender «la versión académica rigurosa y oficial y en la que yo invito a creer». ¡Ah bueno! Todo acompañado de unos gráficos 3D, la verdad que bastante currados, que Jorge el Asilvestrado no cesa de alabar: qué chulo, guapísimo, impresionante, una barbaridad, que pasada. Mientras tanto, Tellado hace un gran trabajo neutralizando cada pensamiento intrusivo que le viene a la mente cuando detalles de la versión oficial que no le cuadran le generan disconfort psicológico: «a mí eso también he de decir que a veces me raya un poco» o «esto desafía un poco también leyes del sentido común de la física, ¿no? Pero yo aún así, te vuelvo a repetir que creo que es un cúmulo de situaciones». LOL.
Jorge Asilvestrado confiesa en un punto de la entrevista: «me encanta hablar de ese tema, pero yo también soy de la corriente que oye, esto fue un atentado terrorista, punto final y ya está». El cowboy de nuevo: «that's just the way it is, boys». Oh yeah. «The Wild Project, baby», contesta Asilvestrado cuando descubre el "easter egg" to guapo que le ha dejado Tellado en la animación 3D, cual juego de la Play. Farmeando viewers ahí, tt.
Como he dicho más arriba no voy a comentar los aspectos técnicos del debate. Aparte de algunas afirmaciones tendenciosas, mucho de lo que argumenta Tellado ya está argumentado en otros sitios y existe réplica por parte de las Conspiraciones de los Consensos Alternativos.
El detalle, para mí, más gracioso de la presentación de Tellado—y su argumento central—consiste en que el núcleo del edificio estaba afectado y por eso colapsó la torre. Y para eso traza una línea roja sobre la cornisa del edificio y lo va parando cuadro a cuadro, señalando que la antena central se hunde y que esto demuestra que el núcleo estaba comprometido.
Digo que me resulta irónico porque lo de trazar lineas en vídeos e ir deteniendo la imagen del video cuadro a cuadro conforma casi un meme, muy parodiado, cuando lo llevan a cabo "los conspiranoicos". Resulta todavía más irónico que lo presente como una especie de investigación novedosa a nivel mundial—«aquí en The Wild Project estamos haciendo historia», proclama a los cuatro vientos Jorge Asilvestrado—cuando por ejemplo en el mencionado "September 11: The New Pearl Harbor" lo mencionan de pasada un par de veces y sin necesidad de tanto artificio. Que lo ha visto medio mundo, rediós, que no estáis descubriendo la pólvora.
Nada que decir, por otra parte, acerca del argumento. De hecho lo veo elocuente. ¿Qué podría haber pasado? No sé. Que le pregunten a William Rodriguez.
Chartjunk. Mathwashing. Sciencewashing. Hay muchos términos que describen lo que Richard Feynman bautizó como Ciencia del Culto al Cargamento: presentaciones que simulan tener todas las formas, la estética y el aparataje de la ciencia—gráficas impecables, terminología compleja, gráficos 3D—pero a las que les falta la honestidad intelectual. «El primer principio es que no debes engañarte a ti mismo, y tú eres la persona más fácil de engañar», decía también Feynman.
Así que no nos engañemos. Está claro que al final Jorge el Asilvestrado va a seguir la lógica hiperbólica de la sociedad del espectáculo de masas, y te va a presentar al tertuliano-técnico con notoriedad en el ecosistema mediático como "el análisis DE-FI-NI-TI-VO del 11-S". Hubiera estado bien un debate con un experto crítico con la Conspiración del Consenso Oficial. Pero cuando Jorge Asilvestrado invita a lo que él denomina "conspiranoicos" aparece Mr.Tartaria contando su viaje interdimensional en la Antártida y Rimbel35 hablando del aparato que unos seres extraños le pusieron los extraterrestres a su abuelo en el oído. De nuevo la lógica del espectáculo y del circo del clickbait: hace falta la hipérbole y la reducción a la caricatura para generar impacto. La misma búsqueda de atención que muchas veces también tienen, todo dicho sea de paso, las Conspiraciones de los Consensos Alternativos que tienden a defender las hipótesis más exóticas—como, de nuevo, la de los aviones holográficos.
En ambos caso, creo yo, está operando el virus ficcional hollywoodiense que decíamos antes.
Con todo esto no quiero decir que esté contra este tipo de programas, ni mucho menos. De hecho creo que tienen su utilidad como material antropológico o para generar heurísticas provisionales, como ilustraré en la siguiente reseña. Pero no sé, Jordi: para estas cosas llama a la otra también, qué se yo, a un Lorenzo Ramírez, a un Carlos Sánchez o a los de Terra Incognita—por mencionar a bote pronto los que me vienen a la mente—y no al primer apollardao que te ofrezcan los entornos del colegueo mediático, ¿eh?
(8) el video del debate de Judie Wood con Greg Jenkins (Youtube)
La magia de los comentarios en Internet. Acababa de descubrir que Michael A. Hoffman II tiene un substack y andaba leyendo lo que ha estado escribiendo acerca del 11-S. En eso que en la sección de comentarios alguien le pregunta por el trabajo de Judie Wood.
Un poco de contexto. De las hipótesis alternativas sobre el 11-S despuntaron, sobre todo, (1) la de la demolición controlada, (2) la de armas nucleares tácticas miniaturizadas y sin duda la más exótica: (3) la de las armas de energía dirigida o DEW (Directed-Energy Weapons). Según sus defensores, los perpetradores del atentado habrían utilizado rayos de energía dirigida—tecnología láser o de microondas de alta potencia, supuestamente desde el espacio o plataformas secretas—para "desintegrar" los edificios en pleno aire.
Estuve en su día tentado de hacerme con el libro de referencia de esta hipótesis, "Where did the towers go?" de la mencionada Dra.Judie Wood—una profesora universitaria con títulos en ingeniería civil, ingeniería mecánica e ingeniería de materiales. Al final lo dejé pasar porque bueno: aunque tuve buenas aptitudes para la ciencia y las matemáticas en el instituto, todo aquello lo perdí y ahora casi que me cuesta dividir a mano. No me creí capaz de seguir el razonamiento técnico de Wood. Además la escena alternativa norteamericana empezó a tratar el libro casi como una verdad revelada, lo cual me tiró si cabe más para atrás.
De todos modos tenía la referencia almacenada en algún lugar polvoriento (¿dustificado?) de mi mente hasta este mes cuando, como iba diciendo, leí que alguien le preguntaba en los comentarios a Hoffman por Wood. Hoffman muestra su descreimiento y recomienda un paper crítico del físico Greg Jenkins. Ni que decir que ni he pasado de la primera página del paper—he visto las fórmulas matemáticas y me he asustado—pero una cosa ha llevado a la otra y he encontrado este vídeo con un debate entre Jenkins y Wood.
No me explayaré más. Incluso sin poder seguir el debate técnico al 100% la grabación da un montón de información acerca de los emisores de cada hipótesis. A mi juicio, y sin necesidad como digo de entrar a discutir aspectos técnicos, creo que la Dra. Wood está aquí—o al menos lo aparenta muy fuerte—en busca del flogisto. Apreciación personal, sin duda, y susceptible de revisión. Pero así funciona el perspectivismo, supongo. El conocimiento no surge generado en el vacío de un hipotético espacio mental platónico-newtoniano, sino que viene filtrado por los loops del sistema nervioso del emisor del mismo—y también de los de sus receptores. Y a juzgar por su actitud a la defensiva y las distorsiones que proyecta sobre su interlocutor al ver cuestionada su hipótesis, no me extrañaría nada que hiciese lo propio con sus propias teorías.
Y aún estando Wood en lo cierto, el resultado final tampoco varía tanto. En ambos casos, en el de la demolición y las armas de energía dirigida, tenemos del mismo modo un plan para provocar intencionalmente una catástrofe.
Que los árboles no impidan ver el bosque.
(9) el especial 25 aniversario del 11-S del podcast "Clave 45" (Youtube)
Conducido por Gerarld Dean y David Santiso, hay algo en este programa que me genera ciertas reservas. Quiero decir, en principio la premisa me gusta: se presentan como «el programa para aquellos que intuyen que las conspiraciones existen», lo cual hace que me cuente entre su target.
Hagamos antes de seguir un inciso. Habrán notado que en lo que llevamos de texto me he referido en todo momento a la Conspiración Oficial del Consenso Oficial y las Conspiraciones de los Consensos Alternativos, simplemente porque entiendo la palabra "conspiración" en su sentido etimológico original: viene del latín y está compuesta por el prefijo con- (que significa "junto", "con") y el verbo spirare (que significa "soplar" o "respirar")—con la connotación de sonar al unísono, concordar o actuar en concierto. La connotación de la maquinación malévola también existe, pero surge más tarde. De forma similar, la palabra "consenso" se compone del prefijo con- ("junto", "con") y el verbo sentire (que significa "sentir", "percibir" u "opinar") y denota un acuerdo general, conformidad o aceptación común entre los miembros de un grupo tras un proceso de diálogo o entendimiento mutuo. Hay muchos consensos en el tema 11-S: el oficial, la sección del autoatentado con explosivos, la sección de los mini-nukes o incluso la de los aviones holográficos. Y siempre parten de una conspiración: la de las personas que se unen para llegar a dicho consenso.
Todo gran relato social—venga desde el sector oficial o desde el sector alternativo—nace de un grupo de personas poniéndose de acuerdo (conspirando) para establecer qué debemos dar por sentado (consenso).
Volviendo al tema que nos ocupa, en "Clave 45" satirizan a gran parte del Mundo del Misterio™ y a la Sección Lunática de las Conspiraciones de los Consensos Alternativos—cosa que me parece sana, la verdad. Tienen invitados de primera línea y sus monográficos están muy bien documentados. Y sin embargo, como decía, hay algo que no me acaba de convencer. Quizás tenga que ver con mi propia pertenencia a dicha Sección Lunática (socio numerario 23) pero intuyo, además de que las conspiraciones existen, que hay cierta animadversión hacia las mismas en el programa. Me da la impresión de que los presentadores imitan el tono sosegado escéptico para desestabilizar algunos argumentos mediante falacias y tretas sutiles.
Ni que decir que tienen puntos válidos. En este programa me he enterado por primera vez que la famosa historia del pasaporte de Mohamed Atta apareciendo entre los escombros forma parte del folclore de las leyendas urbanas. En realidad estaba en una maleta sin embarcar en Boston—el libro de Griffin mencionado antes analiza lo rocambolesco de la dichosa maleta, pero no hagamos largo esto. En el podcast también ofrecen una explicación, elocuente a mi juicio, que invalida la hipótesis de las mini bombas nucleares.
Tocamos hueso con otros puntos. Para explicar testimonios como los del anteriormente citado William Rodriguez simplemente citan la versión oficial del NIST como contraargumento sin incidir mucho más. Y repiten este patrón durante todo el podcast. A modo de ejemplo de esta deriva, analizaré algunos puntos en los que creo podríamos ir más allá de lo que lo hacen nuestros intrépidos locutores:
- la existencia de insider trading: hablando sobre los movimientos bursátiles sospechosos que alguien realizó los días previos a la catástrofe, Dean nos recuerda: que «las investigaciones bursátiles [llevadas a cabo por la SEC] concluyeron que no existían pruebas de que las compras estuvieran relacionadas con conocimiento previo a los ataques [dado que] aproximadamente 95% de las acciones de ventas sobre United Airlines fueron adquiridas por un inversor institucional estadounidense sin vínculos a Al-Qaeda». Nótese la lógica circular del razonamiento: asumen que el atentado lo llevó a cabo Al-Qaeda y que nadie más pudo haberlo planeado.
Después Dean, dejando espacio a la sospecha, citando tres estudios que llevaron a cabo una serie de econometristas durante la década posterior y que apuntaban de hecho a la existencia de este conocimiento previo. Dean cita entonces el "Memorando Fénix" como posible inspiración para los traders para ejecutar las operaciones bursátiles, pero a mí no me resulta verosímil: pasan unos 50 días entre la recepción del "Memorando Fénix"—que advertía sobre árabes matriculados en escuelas de aviación—y el 11-S. Las opciones financieras de venta (put options) tienen fechas de expiración muy cortas y cuesta dinero mantenerlas abiertas. No veo una línea lógica entre una alerta preventiva desatendida por la burocracia del FBI y unas operaciones bursátiles con un timing muy ajustado que las optimiza.
Y hay una cosa más. Dean finaliza este bloque diciendo que «la venta de las acciones de United Airlines y American Airlines fueron anómalas (...) pero la SEC investigó [y dijo] que no encontraron pruebas de que esta gente tuviese información privilegiada para hacer esas ventas». Plantearlo de esta forma puede inducir al error de pensar que la investigación oficial rebatió los estudios llevados a cabo por los econometristas. Debe quedar claro que las conclusiones de la SEC tuvieron lugar en 2002, y que los estudios críticos aparecieron en 2006, 2010 y 2011. Desde entonces no han recibido refutación profesional o gubernamental alguna.
- En cuanto las teorías de que Larry Silverstein contrató la poliza de seguros antiterrorismo de las Torres Gemelas—y el también de su propiedad edificio 7—Dean aporta el dato de que las aseguradoras, desde el atentado a las Torres Gemelas de 1993, exigían este tipo de pólizas de forma rutinaria. Así que no podríamos justificar de este modo la hipótesis de que Silverstein tenía conocimiento previo del atentado y que lo aprovechó para enriquecerse. Hasta aquí bien.
Al final de este segmento Dean alude a los mediáticos litigios de Silverstein con las aseguradoras, y Santiso implica que dichos juicios sirvieron para demostrar que él no tenía información privilegiada, a lo que Dean asiente. Pero en realidad estos juicios no trataron en ningún momento de esta cuestión. Un simple desliz de nuestros locutores, pensando de forma benevolente. Sin embargo, omiten la otra pata sobre la que se sustentan estas hipótesis: la feliz casualidad—Lucky Larry Silverstein, dicen sardónicamente los malpensados—de haber anulado sus reuniones esa mañana en las Torres Gemelas por acudir a una cita con el dermatólogo por insistencia de su esposa.
De nuevo, uno podría pensar de forma benevolente y simplemente ver los designios de la Diosa Fortuna en acción. Pero mis pensamientos rumiativos negativos no me dejan en paz desde que topé con este artículo que detalla que no sólo Silverstein evitó de forma fortuita su visita al WTC esa mañana. También lo hicieron: sus hijos Roger y Lisa Silverstein—ese día llegaron ambos tarde al trabajo, por separado, su publicista, Howard Rubenstein, que retrasó su cita de las 8 de la mañana y también su mano derecha, Geoffrey Wharton, que atendió a las reuniones habituales pero se fue antes. Otras figuras prominentes también cancelaron o vieron alterados sus planes esa mañana en el WTC como Jim Pierce (el primo de Bush Jr.), Sarah Ferguson (duquesa de York) y muchos otros que incluirían—LOL—a Jackie Chan o a Michael Jackson. Recomiendo la lectura del artículo para la lista completa de estos suertudos, además del contexto político en el que nadaban. Como concluye dicho artículo: «existe otra posibilidad de que toda esta gente sobreviviera, aparte de la intervención divina o de una larga serie de coincidencias. Esta sería que existía cierto grado de conocimiento previo dentro de los círculos de la élite sobre el 11 de septiembre».
- Sobre el episodio de los Israelis Danzantes también pasan de puntillas, afirmando Santiso que la prensa elucubró la historia sin conexión alguna con documentos oficiales y zanjando Dean el asunto con "su famosa conversación" (¿?) a la hora del café en el curro con un compañero judío sionista que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, pasó a relatarle una serie de observaciones que no aportan nada al tema que nos atañe.
Pero sí: ha habido declasificación de documentos oficiales sobre este incidente, que ha tenido una evolución periodística más allá de la anécdota—que me ahorraré acá por no alargar esto mucho más. Recomiendo el visionado de este video de James Corbett, o la lectura de este artículo de Russ Winter o de este otro de Whitney Webb. Por cierto que es esa época Netanyahu llamaba todos los domingos por la tarde a su amigo Silverstein—aunque todo esto no debiera hacernos concluir que el 11-S lo llevara a cabo Israel, o no al menos en su totalidad[3].
Mención especial a cuando Santiso—un rato después de deshacerse en alabanzas hacia el videoanálisis de Tellado y Asilvestrado, ay que me LOL—comenta las críticas a las anomalías en los vuelos de los aviones y afirma que, en un audaz arrebato de rigurosa documentación, se puso el "Flight Simulator" de Microsoft y que las maniobras para estrellar las torres no le parecieron para tanto. LOL. Le sugiero que incluya esta gesta como DLC en la próxima actualización del videojuego que anda vendiendo en Steam y que anuncia al principio del podcast. ¡Ah! ¡Y que llame a Nacho Tellado para que le haga el 3D!
Y bueno: remito de nuevo al documental de Massimo Mazzucco en el que discute, entre otras cosas, cómo la velocidad de los aviones rebasaba en más de 300km/h su Velocidad Máxima de Operación (VMO) y las consecuencias para el pilotaje que esto pudo tener. ¡Si hasta salen dos notas en una cabina de simulación de vuelo profesional! Sé también que hay una asociación de pilotos que agrega más de 200,000 horas de vuelo que ha criticado este y otros aspectos de la narrativa de la Conspiración del Consenso Oficial, pero como digo no quiero meterme en exceso en el barrizal técnico—no sé nada apenas de estas cosas.
En otro momento del programa a Santiso "se le cae el relato" porque «¿desde cuando Estados Unidos ha necesitado un motivo para atacar a otro país?». Pues no sé David, lo dices como si nadie hubiese estudiado geopolítica con perspectiva histórica. Como si Río Bravo, el hundimiento del Maine o el Lusitania, el incidente del Golfo de Tonkín, las armas de destrucción masiva en Irak o las armas químicas en Siria no hubiesen planteado serias dudas a los historiadores. Como si al Estado norteamericano no le hubiese venido bien tener un shock traumático a modo de casus belli para abrir los grifos del presupuesto del Congreso, superar las resistencias del estamento legal y diplomático internacional o movilizar a una opinión pública reacia a enviar a sus hijos a morir al extranjero.
Podría seguir un rato más desmontando otras verdades a medias de nuestros locutores, como cuando dicen que al final todo se reduce a que jamás en la historia había chocado contar un rascacielos "una bomba volante" en forma de 767. En efecto: tácticamente nadie había utilizado en la historia de la aviación moderna un reactor comercial lleno de combustible a modo de misil teledirigido en un ataque suicida contra un rascacielos. Pero omiten la otra media verdad: los ingenieros estructurales del WTC (John Skilling y Leslie Robertson) sí calcularon formalmente el impacto frontal de un Boeing 707—un reactor de tamaño, masa y velocidad comparables al 767 del 11S—y diseñaron la malla exterior de columnas de acero para soportarlo sin que el edificio se desplomara.
Como iba diciendo: podría seguir un rato más, pero creo que con esto tenemos suficiente. No quisiera, empero, finalizar este apartado sin comentar algo más—esta vez desde el plano psicológico. Y lo haré en contestación al diagnóstico que hace Dean de los defensores de las Conspiraciones de los Consensos Alternativos, verbigracia, que el ser humano no tolera la incertidumbre y, ante un vacío de conocimiento sobre geopolítica, relaciones EEUU/Oriente Medio o terrorismo islámico, los ignorantes ciudadanos van a crear relatos de la nada como mecanismo de defensa en torno a sus prejuicios. El humano sesgo de confirmación haría el resto para abonar un campo de "teorías de la conspiración".
Mientras que básicamente estoy de acuerdo con el mecanismo que describe Dean, no coincido en su diagnóstico de los defensores de las Conspiraciones de los Consensos Alternativos como gente que desde el desconocimiento se hace trampas al solitario—lo que implica que la gente que sí tiene conocimiento no se las hace. Quiero decir, uno puede ser completamente analfabeto y aún así pensar que, si medio cuerpo de bomberos que estuvo allí habla de que escucharon explosiones—con testimonios directos incluso anteriores al choque de los aviones—puede que ahí haiga gato encerrado.
El sesgo de confirmación funciona en ambas direcciones, y al calificar la disidencia como un simple mecanismo de defensa de indocumentados el programa incurre en la trampa de reducir testimonios empíricos de primera mano a meros prejuicios psicológicos—para así no tener que procesar la anomalía.
¿Y qué le puede llevar a Dean a no procesar la anomalía? Me voy a permitir dar yo también una explicación psicologicista, ya que he recibido una por su parte.
Dean relata que él vivió el 11-S en primera persona, dado que cuando ocurrió la catástrofe él estaba viviendo en Brooklyn. Cuenta cómo los días posteriores la gente viajaba en metro con cara de shock—un shock interno prolongado por la falta de información clara sobre los motivos del ataque. Hay un estudio[3] que analiza el bienestar psicológico tras el 11-S en relación al tipo de narrativas que diferentes sujetos emitieron sobre el suceso.
En concreto dicho estudio contempla tres variables: (1) cierre (closure), la sensación de haber concluido, resuelto o integrado plenamente una experiencia pasada en el relato de la propia vida; (2) redención (redemption), estructura narrativa en la que un suceso negativo o traumático acaba transformándose en un resultado o aprendizaje positivo y (3) contaminación (contamination), una estructura narrativa en la que un estado o evento inicialmente bueno o neutro se ve arruinado por un giro trágico o traumático.
El estudio muestra que narrativas altas en cierre correlacionan con mayor bienestar psicológico—básicamente el argumento de Dean. Lo interesante viene ahora: las narrativas de redención y contaminación no influyeron en el estado psicológico del sujeto, excepto en el caso de que el sujeto hubiese tenido una experiencia directa o cercana del evento—en el caso de Dean, a escasos 10 km del WTC. Las narrativas de contaminación en este caso predicen problemas mentales. Y otra cosa más: las narrativas de redención nacional predicen mayor bienestar mental que la de carácter personal.
Lo que me lleva a Frank Miller. El afamado autor de cómic vivió muy de cerca el 11-S, como Dean. Miller pudo ver el humo saliendo de las torres desde su apartamento en Manhattan, a unos 5 km. De todo aquello salió "Holy Terror", una novela gráfica en principio pensada como una aventura en la que Batman se enfrentaba a Al-Qaeda—del mismo modo que Superman o el Capitán América se enfrentaron en el pasado a Hitler. DC Comics acabó rechazando la obra por su tono explícitamente propagandístico e islamófobo. Miller la acabó llevando a término de todos modos sin usar al Caballero Oscuro, y reflexionaba así sobre las vivencias que le llevaron a dibujar el cómic:
Por primera vez en mi vida sé lo que se siente al enfrentarse a una amenaza existencial. Quieren que muramos. De repente me doy cuenta de aquello de lo que hablaban mis padres durante todos estos años. Ahora creo que el patriotismo no es una presunción sentimental y anticuada. Es autoconservación. Creo que el patriotismo es fundamental para la supervivencia de una nación. Lo dijo Ben Franklin: «si no nos mantenemos todos unidos, todos seremos ahorcados por separado».
Miller venía por aquel entonces del libertariasmo antiestado estadounidense, y el 11-S lo llevó a posturas conservadoras. Dean, sin embargo, está en un lugar diferente del espectro político. En el podcast sostiene que los Bush aprovecharon el suceso para barrer hacia casa y acelerar su maquinaria de guerra en Oriente Próximo. Además el compadreo petrolero y financiero entre Washington y Riad—los Bushes y los Bin Laden eran íntimos amigos—le llevó a proteger a los saudíes únicamente por mero amiguismo comercial y/o corrupción de su entorno, lo que llevó a los fallos de seguridad que permitieron el 11-S.
Hay acá, volviendo al estudio de antes, una mezcla de contaminación y redención. Aunque los ataques puede achacarse indirectamente a un gobierno corrupto, sigue existiendo una narrativa redentora a nivel nacional: debemos luchar para echar del poder a esa facción política para mejorar la nación. En cualquier caso, el cierre—Al-Qaeda como único autor del ataque—sigue intacto. Examinar las anomalías que llevarían a concluir en un autoatentado, por demasiado contaminantes, irían contra el instinto de autoconservación del que hablaba Miller.
Sobre esta narrativa de Arabia Saudí ha escrito por ejemplo Michel Chossudovsky, encuadrándola en una maniobra de control de daños. Al centrar la culpa en Arabia Saudí como financiador de Al-Qaeda y acusar al FBI de encubrimiento, la desclasificación de las 28 famosas páginas inicialmente censuradas realimenta indirectamente la versión oficial. Al mismo tiempo, arroja una cortina de humo sobre las evidencias físicas de las demoliciones controladas y el misterioso colapso del Edificio 7. Irónicamente, como nos recuerda Chossudovsky, los artífices de esta maniobra propagandística (Bob Graham y Porter Goss) actuaron los meses inmediatos al atentado limitando el alcance de las pesquisas, frenando las exigencias de rendición de cuentas y protegiendo a la administración Bush-Cheney.
Frank Miller al final se retractó de "Holy Terror":
Mi trabajo siempre refleja por lo que estoy pasando. Cuando miro cualquiera de mis obras puedo sentir cuál era mi estado de ánimo, y recuerdo con quién estaba en ese momento. Cuando miro "Holy Terror"—algo que, la verdad, no hago muy a menudo—puedo sentir literalmente cómo la rabia se expande desde las páginas. Hay partes sanguinarias más allá de lo concebible. (...) No quiero borrar capítulos de mi propia biografía, pero no sería capaz de volver a hacer ese libro.
Ánimo Gerald. Tú también puedes.
(10) Derribar las puertas del templo: Un ritual crowleyano para inaugurar el Eón de Horus | Pura Virtud (Youtube)
Con el directo que emitió Guillermo Arellano en su canal en youtube "Pura Virtud: Cine y Literatura" entramos de lleno en el área esotérica. Arellano, armado con un envidiable bagaje cultural, analiza la posibilidad de que los atentados del 11-S escondieran realmente un ritual ocultista. Me interesa y me fascina sobremanera este marco simbólico—aunque con bastantes matices diferentes. No quisiera convertir esta crítica en un ejercicio de lo que Freud denominaba "el narcisismo de las pequeñas diferencias"; difiero en demasiados aspectos con él como para considerarlo así. Con todo, me parece de los comentaristas más interesantes de estos temas en castellano y sigo con bastante asiduidad sus programas, de los cuales siempre acabo aprendiendo.
Dicho esto, y en concreto con el video que nos atañe: para mi gusto Arellano usa un entusiasmo y un tono excesivos por momentos, que lo convierten a mis ojos en una especie de monje-guerrero de la apofenia, en ocasiones demasiado expeditivo. Sustentaré esta caracterización repasando algunas afirmaciones de su pieza:
- los Beatles deben su nombre a Aleister Crowley, dado que este tenía un club llamado "El escarabajo dorado". En realidad los Beatles deben su nombre a un juego de palabras entre beat (ritmo) y beetle (escarabajo). Puede consultarse la historia completa en beatleswiki.com. Tampoco encuentro referencias—que me corrija alguien si lo consigue—del supuesto club de Crowley. El hallazgo más similar al que he llegado: un poemario que tituló "The Winged Beetle".
- el 11 de Septiembre los judíos conmemoran la destrucción del Primer y el Segundo Templo de Jerusalén—ambos con los dos pilares Jaquin y Boaz custodiando el acceso, que a su vez simbolizarían las Torres Gemelas. Mientras que como digo la línea simbólica me interesa, los judíos realmente celebran la esta festividad (el Tisha b'Av) en julio o agosto. En 2001 cayó en domingo 29 de julio.
- los estudiantes de la guardería que George Bush visitaba en el momento de los ataques recitaban macabramente, en una especie de ritual satánico, una serie de palabras sacadas de un libro infantil: kite (cometa), hit (golpear), steel (acero), plane (avión), must (deber/tener que). El cuento, protagonizado por una cabra—la cual simbolizaría a Baphomet—realmente existe: se titula "The Pet Goat" y está incluido en "Reading Mastery II: Storybook", un libro de ejercicios de lectura en el currículum de enseñanza primaria norteamericana.
Al leer esta teoría uno piensa en el metraje de la catástrofe, con el salmo sonando en segundo plano e intercaladas imágenes de los niños recitando con los ojos en blanco auspiciados por Baphomet. Esta escena, por cinematográfica, le hiela a uno la sangre. Como hemos visto más arriba, puede que alguien realmente sí podría haber guionizado la visita de Bush, aunque la realidad resulta al final más prosaica: las palabras del ejercicio que repiten los niños difieren sustancialmente de la versión paranoica: kite, kit, steal, playing, must. Por cierto que las fotos de Bush con el libro invertido porque Anticristo, de las que también hablaron muchos, parece que fueron manipuladas digitalmente.
Luego tenemos todo el tema del capítulo piloto de "The Lonely Gunmen" y la programación predictiva. Lo he mencionado en algún otro lugar: mi interés por los aspectos ocultos del 11-S nace de un dibujo que realicé, colocado de hierba, la semana anterior del ataque—y que en mi mente predijo el acontecimiento. Esto de la precognición (inconsciente) le ha sucedido a muchos artistas—pienso por ejemplo en Parravinci, Jack Kirby o incluso Francisco Ibañez—y hay incontables ejemplos dispersos en el pop del siglo XX que no glosaré acá. Cuando Arellano y otros autores presentan este tipo de casualidades—cuya existencia no voy a negar—como prueba de que los magos negros llevan preparando al milímetro y durante décadas el ritual del 11-S, siempre pienso en mi experiencia. Que yo sepa no pertenezco a ninguna logia ni a ninguna élite social, ni estaba participando en ningún plan oculto de condicionamiento de las masas cuando dibujé aquello.
Sucede lo mismo con otra de estas anomalías que Arellano menciona: las autoridades deciden 33 años antes del ataque a las Torres Gemelas que el número de emergencia nacional (911) coincidirá con la fecha del atentado, para así programar la conciencia de la población con la idea llevar a cabo una inversión mágica en el inconsciente colectivo. No sé. Uno puede pensar todo esto también desde el ángulo de la retrocausación: quizás alguno de los presentes en la junta de AT&T el día que decidieron usar el dichoso número tuviese habilidades psiónicas latentes y sintiese precognitivamente el gran impacto psíquico que viviría en 2001. Desde el otro extremo del nodo espaciotemporal, este impacto habría viajado atrás en el tiempo hasta su inconsciente, justo en el momento en que levantó la mano para hacer su propuesta. En este caso no tenemos a un mago negro eligiendo conscientemente un número mágico: en este caso hay un número—mágico o no—eligiendo a un teleco medio brujo con las neuronas quizás hiperexcitadas porque el café de la máquina estaba ese día demasiado cargado.
O podemos incluso pensarlo desde la idea de un universo asociativo como el que describe el trabajo de Rupert Sheldrake. Pienso últimamente mucho en lo bien tirada que está la metáfora de Arthur Koestler de "los surcos del azar". Imagine el lector que este tipo de nodos sincrónicos—creados o no de forma consciente—de alguna manera fueran arando el tejido espaciotemporal del universo, creando sendas en la salvaje maleza de los niveles primordiales de la materia. Acá de nuevo no tendríamos a nuestro mago negro, ni siquiera al número viajando directamente a otro punto de un nodo; acá tendríamos un montón de canicas numeradas lanzadas al azar y distribuyéndose caóticamente por estos surcos del espaciotiempo.
Lo cual no quiere decir que no existan agentes que quieran introducir esas modificaciones, claro. Y eso me lleva a otra de las afirmaciones de Arellano: la de que las pirámides de Guiza—y más incomprensiblemente, el World Trade Centre—están alineadas con Orion. Esta idea viene de la profusa literatura sobre arqueología alternativa del siglo pasado, pero como señalaron Lynn Picknett y Clive Prince en "The Stargate Conspiracy", en realidad surge de un cúmulo de inexactitudes y manipulaciones que buscarían, precisamente, la creación de una nueva religión de masas a nivel mundial. Acá tendríamos a Arellano haciendo más profundo, paradójicamente, el mismo surco que pretende denunciar.
Hacia el final del podcast Arellano resuelve que el Culto de Saturno está detrás de todo. Según este cada vez más extendido memeplex, las élites adorarían al planeta Saturno a través de símbolos cúbicos (como la Kaaba o el cubo de Astor Place). El tema me interesa como fenómeno estético emergente en Internet e incluso, poniéndome algo magufo, como meme hipersticioso. Pero, como detalla este exhaustivo artículo, aunque existen asociaciones históricas y astrológicas antiguas entre Saturno, deidades y ciertos pueblos, la iconografía específica del Cubo Negro carece de respaldo histórico previo a la era digital.
Me cuesta creer entonces en un culto de adoradores a Saturno, que llevaría generaciones alimentando un egregor desde una cadena de sociedades secretas mientras opera mágicamente un plan maestro cuyo penúltimo desarrollo habría sido el 11-S. Me cuesta también creer, como defiende Arellano, que Stanley Kubrick concibiese "2001: Odisea en el Espacio" como «la gran película de programación predictiva sobre lo que ocurrió en 2001».
Digo que me cuesta por una sencilla razón: la nave de Bowman viaja hacia Júpiter en vez de a Saturno. Si tanta importancia tenía Saturno para Kubrick en su operación de Revelación del Método[4], digo yo que no hubiese accedido a cambiar el planeta. Arellano reconoce esta contradicción durante su alocución e inmediatamente empieza a hacer encaje de bolillos para justificarla: tiene sentido porque en ese momento había una conjunción con Júpiter y en el WTC hay una esfera que simboliza a Júpiter—porque no tiene anillos—y los magos negros habían ya calculado que Júpiter estaría en confluencia en Géminis (las dos torres) ese día. Luego ya empieza a desbarrar con que si el WTC se abrió un 13/11, y que si multiplicas 13 x 11 obtienes el número 33—hasta donde sé 13 x 11=143—y luego que si el falo de Saturno apuntando al cinturón de Orión y el matrimonio de Guillermo de Inglaterra y Kate Middleton coincidiendo justo con la psyop que escenificó la muerte de Osama Bin Laden (aunque lo primero sucediera el 29 de abril y lo segundo el 2 de mayo).
Ejem. Ya saben por donde voy: los excesos del pensamiento lateral y del reconocimiento de patrones. Nada que no me haya pasado o que me pase a veces a mí también, ¿eh Guillermo?. La Sección Lunática de las Conspiraciones de los Consensos Alternativos tiene estas cosas[5]. Hay también en esta búsqueda un juego de espejos: en el reflejo del "mago oscuro" aparece al figura del "héroe que descubre al mago oscuro". Una figura igualmente mítica, atrapada en su propia necesidad de redención, que necesita desesperadamente de la omnipotencia del monstruo para justificar su propia fantasía de poder y su rol de salvador[6].
Volviendo a "2001: Odisea en el Espacio": en primer lugar, y si he aplicado bien el minicursillo express de astrología que he hecho esta mañana—no me ha llamado nunca la materia—la mañana del 11 de Septiembre de 2001 Júpiter no estaba en conjunción con Géminis; estaba en conjunción (conjunción por signo, un tipo menor de conjunción) con Cáncer. En segundo lugar, Kubrick no puso a Júpiter conscientemente en la película porque tuviese información privilegiada de los planes de la élite, sino por necesidades técnicas; irónicamente él de hecho quería usar Saturno—como en la novela de Clarke—pero las limitaciones de los efectos especiales de la época para reproducir los anillos lo hicieron imposible.
Y acá es donde esta crítica ha dado un giro inesperado hacia la extrañeza, que he de confesar me ha cogido desprevenido. En la mente de Kubrick (o Clarke) Saturno estaba destinado a aparecer en la película, sí. Pero hay más: la esfera que Arellano asocia a Júpiter (la escultura "The Sphere", creada por Fritz Koenig) está situada en el centro del complejo original del WTC, en la Austin J. Tobin Plaza. Minoru Yamasaki (el arquitecto original del complejo) profesaba fe musulmana y, al diseñar la mencionada plaza tomó como referencia conceptual el diseño de la Gran Mezquita de La Meca, y la disposición geométrica alrededor de la Kaaba—donde una estructura o hito central destaca en medio de una gran explanada rodeada de fuentes o agua. De esta extraña manera sí podemos relacionar "The Sphere" con el Cubo Negro de Saturno.
Y otra cosa más: me he encontrado, como digo, en mi apresurada incursión en la astrología de guerrilla—corríjanme si me equivoco—con que ese día Géminis estaban en conjunción (por signo, de nuevo) con Saturno y la Luna, cosa que me ha dejado completamente atónito[7].
Además, desde el ángulo defendido por Richard Tarnas en esta conferencia sobre astrología arquetípica, el 11-S podría deberse a una conjunción de Saturno y Plutón. Por lo visto las alineaciones del ciclo Saturno-Plutón han marcado históricamente los mayores momentos de crisis y reestructuración global del último siglo, detonando el estallido de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), la Segunda Guerra Mundial (1939-1941), el inicio de la Guerra Fría junto a la partición de la India/Pakistán y la creación de la CIA y de Israel (1947-1948), los atentados del 11S y la "Guerra contra el Terror" (2001-2002), y la pandemia de COVID-19 con sus confinamientos y reordenamiento mundial (2020).
¿Qué tenemos aquí, entonces? Como decía antes podríamos pensar—aparte de en un gran plan maestro para un egregor que los magos negros conjuran desde eones—en un terco "surco del azar" que intenta emerger en esta realidad caóticamente. O quizás en magos negros inconscientes, poseídos por este surco astrológico de Plutón-Saturno que defiende Tarnas. En otras palabras: podemos pensar que la creación coincidente en el tiempo de "2001: Odisea en el Espacio" (novela y película) y la construcción de las Torres Gemelas no se debió al simple azar. Pero no necesariamente tiene que existir un plan maestro detrás: en 1968 "la meteorología" de los astros andaba revuelta al transitar una oposición Saturno-Plutón y Clarke y Kubrick, y las mentes detrás del WTC habrían conectado—inconsciente o supraconscientemente, como prefieran—con este "surco del azar".
Que estas mentes estuviesen alineadas con esa frecuencia gracias a prácticas esotéricas tampoco lo descarto, claro. No veo como excluyente a ninguna de las opciones mencionadas, en definitiva. Pero sigo sin acabar de ver claro si el mundo de las Conspiraciones de los Consensos Alternativos está saliendo del surco o lo está haciendo más profundo.
(11) el tweet (bueno, bluit) más frívolo del 25 Aniversario (Bluesky)
Y el premio es para Noel Ceballos, en este bluit. Una imagen vale más que 1000 palabras:
Pues eso. Ceballos tiene un libro titulado "El pensamiento conspiranoico", que me voy a ahorrar comentar ahora. Ya lo haré más adelante. De momento, Noel: déjate ya los helados, hombre, que llevas años con la matraca ganglioneuralgica esfenopalatina esa tuya que aburre ya hasta a las piedras.***
[1] John Swinton (1829-1901), antiguo jefe de la redacción del New York Times, sobre la profesión periodística: «No existe la prensa independiente. Vosotros lo sabéis y yo lo sé. No hay uno de vosotros que se atreva a escribir sus opiniones sinceras, y si lo hacéis, entonces sabéis de antemano que nunca aparecerán impresas. Se me paga semanalmente para mantener mis opiniones sinceras lejos de la publicación con la que estoy vinculado. Vosotros cobráis sueldos similares pagados por cosas semejantes, y cualquiera de vosotros sabe que sería tonto escribir opiniones sinceras, si no se quiere terminar en la calle buscando otro trabajo. Si permito que mis opiniones sinceras aparezcan en mis escritos antes de veinticuatro horas, mi trabajo se habría esfumado. El trabajo del periodista es destruir la verdad; mentir categóricamente; pervertir; vilipendiar; actuar servilmente a los pies de Mammon, y vender a su país para ganarse el pan diario. Vosotros lo sabéis y yo lo sé la tontería que supone hacer prensa independiente. Somos herramientas y vasallos de los hombres poderosos que actúan detrás de la escena. Somos los muñecos que brincan por medio de un hilo, tiran de la cuerda y nosotros bailamos. Nuestros talentos, nuestras posibilidades y nuestras vidas son propiedad de otros hombres. Somos prostitutas intelectuales».
[2] Citando desde este artículo de James Corbett: «los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 fueron complejos e intrincados. Necesitaron de la complicidad de numerosos funcionarios gubernamentales, mandos militares, agentes de inteligencia y empresarios privados de diversos países. Esta es la razón por la cual la frase "El 11-S fue un trabajo interno", en la medida en que implica que esos ataques fueron obra exclusiva del gobierno de los EEUU—visto como una entidad monolítica—puede funcionar bien como un eslogan (...) pero es una mala explicación de los hechos. Del mismo modo, la frase "El 11-S fue un trabajo israelí" tampoco logra captar la naturaleza polifacética de una operación coordinada a nivel internacional como fue el 11-S. Sin embargo, negar que la inteligencia israelí tuviera algún papel en los acontecimientos del 11 de septiembre sería, a estas alturas, francamente ingenuo».
[3] "The Political Is Personal: Narrating 9/11 and Psychological Well-Being" (pubmed)
[4] La Revelación del Método que propuso Michael A. Hoffman II sostiene que las élites de poder ejecutan rituales de control social mediante la exposición previa o implícita de sus propios crímenes y simbolismos en la cultura de masas. Lejos de ocultar sus intenciones, revelan el plan para involucrar al público de forma subconsciente, generando una complicidad tácita y un estado de apatía generalizada que paraliza la resistencia al asumir la inevitabilidad de los hechos.
[5] desde esta entrada de la extinta web acceler8or.com: «los psicodélicos (...) son a la vez potenciadores y distorsionadores de los patrones de reconocimiento. Es como si una vez que la mente se hace demasiado consciente y obsesiva sobre el reconocimiento de patrones se vuelve ilusoria. (...) Es esencialmente lo que vemos suceder con Phillip K. Dick (…) la capacidad de la mente humana para buscar compulsivamente las mismas conexiones/explicaciones una y otra vez no tiene límites—sin importar lo adictivos o no que puedan ser los psicodélicos desde un punto de vista meramente químico. El mismo fenómeno puede observarse en cierto tipo de ocultismo. El Hermetismo puede convertirse en un ejercicio de conexiones sin fin, y es asombroso cómo hasta el ocultista con mayores capacidades intelectuales puede convertirse en un teórico de la conspiración de la noche a la mañana. Los psicodélicos, y otras formas de consciencia no-ordinaria pueden mostrar que existen más cosas en la mente humana—y posiblemente en el universo—de lo que podemos percibir normalmente, pero cuando perdemos la capacidad de distanciarnos críticamente de esas experiencias el peligro de autoengaño es enorme».
[6] desde esta entrada del extinto blog "The Archdruid Report" de John Michel Greer: «(…) la controversia se despliega al amparo de un mito con profundas raíces en la consciencia popular. Puedes llamar a esta historia la de “El Hombre Que Descubre el Pastel”, la cual conoces bien: salió ayer por la noche por la TV; la novela de misterio que viste el otro día junto a la caja del supermercado va sobre esto, lo mismo que cinco de las seis películas que alquilaste la semana pasada y posiblemente alguno de tus sueños recientes.
La historia empieza con un suceso terrible. Hay una obvia explicación para ella, pero también hay una persona que se da cuenta de que hay mucho más en juego de lo que está a a la vista. Tras una solitaria búsqueda acompañada de ridiculizaciones y evasivas por parte de las autoridades oficiales, el héroe destapa la verdad y la revela al público en un acto de redención que frustra al villano, salva los inocentes y a menudo lo hace caer en brazos de la chica de la película. No siempre se trata de ficción, tampoco. La mayoría de mitos son son ciertos al menos durante algún tiempo (…) el mito del hombre que descubre el pastel funciona lo suficientemente como para que los departamentos de policía contraten detectives, los países establezcan agencias de inteligencia y la gente ordinaria se haga preguntas aunque las respuestas iniciales parezcan evidentes.
Como cualquier otro mito, sin embargo, la historia del hombre que descubre el pastel dota de sentido completo solo a algunas situaciones, de sentido parcial a otras y de ningún sentido a otras tantas. A pesar de las afirmaciones más entusiastas de Joseph Campbell, no existe un monomito, no existe una narrativa que dote de sentido a cualquier situación. Y sin embargo, el mito que nos hallamos discutiendo es seductor, debido a su promesa de poder implícito. El hombre que descubre el pastel no tiene otro tipo de poder excepto la habilidad de descubrir la verdad, y en el mito ése es todo el poder que necesita. Así pues es un mito muy llamativo para la gente que se siente impotente y que cree saber algo que los demás no saben. El problema es que este mito puede ser una distracción [dado que] el hecho de que un mito deje de ser útil no lo hace necesariamente menos llamativo».
[7] Me ha interesado sobre todo el aspecto de la Luna, porque aparece muy prominentemente en relación a las Torres Gemelas en mi episodio de escritura taquiónica.


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