lunes, 25 de mayo de 2026

¿Sueñan los gatos con taquiones eléctricos? O: ¡Feliz Día del Orgullo Friki! ¡Feliz cumpleaños, Ignatius! (3ª parte)

banda sonora utilizada durante la escritura de este texto: Chrono Trigger | Psychedelic Prog Rock | Complete Soundtrack

Empecé este blog hace dos años haciéndolo coincidir con mi cumpleaños─que coincide a su vez con el Día del Orgullo Friki─jugando con la idea de aprovechar un (hipotético) flujo de taquiones. La última entrada fue exactamente hace un año, obligándome a escribir para poder permanecer en ese (hipotético) flujo de taquiones para que, de ese modo, la (hipotética) estructura taquiónica que andaba armando no perdiera momentum.

Remarco lo de hipotético porque algún lector como mi colega intenáutico Marc me ha transmitido cierta alienación por mi aparente creencia ciega en los taquiones, a lo que debo responder que, en fin: intento darle al blog un tono irónico básicamente porque bastante triste es la vida ya. Y que ya vengo con los huevos pelaos del agnosticismo de modelos de Robert Anton Wilson─primo hermano del perspectivismo de Nietzsche─y que en principio intento no creerme todo lo que pienso acerca de la realidad; o bueno, no al menos de forma consciente, claro, porque luego el inconsciente funciona de forma caprichosa y vegetativa y acaba adhiriéndose a todo tipo de creencias por cuestiones de supervivencia, tabúes, reproducción o a saber qué otros resortes evolutivos.

Como mamífero humano no creo tener inmunidad sobre este tipo de procesos.

Pero me disperso. Este año no iba a escribir nada. Mi mundo creativo transita ahora otro sendero. Sí, pensaba en dejar como un pequeño teaser un retrato que mi buen amigo y sensei Mister Hikki me está haciendo mientras escribo estas líneas. Por aquello de, nuevamente, no perder demasiados taquiones.

Pero unos diez días antes de la efeméride, de sopetón, ese momentum taquiónico me ha golpeado repetida (e hipotéticamente) durante toda la mañana. Así que me he liado la manta a la cabeza y he acabado escribiendo un texto intentando transmitir al lector esta misma vivencia de bombardeo supraliminal para celebrar debidamente mi entrada (y la de este blog) en el Tercer Año Solar de mi Era Taquiónica.

(He de decir que los taquiones han estado golpeandome hasta la última revisión del texto, horas antes de su publicación. Estos desarrollos ulteriores están recogidos en las notas a pie de página, al final del texto). 

***

Todo empieza en junio del año pasado, justo un par de semanas después de haber publicado la entrada anual del blog que celebraba el Segundo Año Solar de mi Era Taquiónica. No exageraré si digo que llevaba por lo menos 20 años sin leer uno de mis cómics predilectos: "Animal Man", guionizado por Grant Morrison. Digo "predilecto" no en un sentido de calidad global de la obra, sino más bien por el impacto que tuvo en quien esto escribe─y que, a juzgar por los acontecimientos, sigue teniendo.

Caía la noche y me llevé el primer retapado de la serie de la editorial Zinco a la cama. La primera página del segundo número, "Vida en la jungla de asfalto", abre con una secuencia en la que unos ojos felinos dirigidos al lector surgen de la oscuridad de un escondrijo. Un ratón de campo ronda ese escondrijo. La última viñeta de la secuencia vuelve a mostrarnos a una gata de frente, rompiendo de nuevo la cuarta pared, mientras se abalanza sobre el ratón. Después, un fundido a negro.

Estaba yo deslizando mi mirada sobre esta secuencia cuando, de sopetón, mi gata Bulma se abalanza sobre mí, dándome un pequeño susto. «¡Qué gracioso!»─me digo─y escribo un post en X contando la anécdota. Guillermo Arellano contesta que le parece una «sincronicidad de libro»─yo diría más bien que de cómic─y sigo leyendo la historieta, que no llego a terminar porque me quedo, en otro fundido a negro, sobadísimo a los cinco minutos.

Al día siguiente vuelvo a acostarme con la intención de seguir leyendo el cómic, que retomo por el mismo número dos. Cuando empiezo de nuevo con la secuencia de la primera página Bulma vuelve a aparecer de la nada, abalanzándose de nuevo sobre mí en uno de sus típicos juegos que emulan la caza. Esta vez no lo cuento en X, porque pa qué, pero el suceso me tiene pensando el resto del año. Desde esta doble coincidencia─sincronizada a su vez con la relectura del cómic que más me marcó durante mi adolescencia─he andado preguntándome: ¿acaso percibió mi gata un (hipotético) flujo de taquiones conectando estos eventos?

¿Sueñan los gatos con taquiones eléctricos?

***

No me pregunto si los animales persiguen flujos de taquiones por primera vez.

Estoy hace 15 años en casa de mi madre. En aquella época andaba leyendo sobre chamanismo, en una mezcla de textos académicos y neochamanismo pop con ecos de la Nueva Era. Sigo dándole vueltas a una voz que escuché tras un estado alterado de consciencia que me impelía a ir a Japón. Decido, en un acto supongo que un tanto naïf, buscar un animal-tótem relacionado con el folklore japonés que me dé suerte. Tras navegar la red un rato acabo eligiendo la libélula roja─"akatonbo" (赤とんぼ) en japonés. Representa─leí por aquel entonces─cambios positivos, resurgimiento, fuerza y prosperidad. 

Acto seguido, cuando salgo a la calle, encuentro en el jardín de casa de mi madre una libélula roja y, junto a ella, un sobre de azucarillo vacío en el que había escrito algo sobre el amor.

Hace 4 años estoy de nuevo viviendo en casa de mi madre. Me fui a trabajar a otra provincia, tuve una relación larga con una mujer que al final salió mal y me volví a mi ciudad natal. Tengo ahorros y me planteo comprar vivienda. Llevo un año buscando algo que me convenza pero no encuentro nada. Finalmente aparece una casa vendida por una particular─lo cual me ahorra la comisión de la inmobiliaria─que se ajusta a lo que busco.

Voy a verla acompañado de mi madre y su novio. Tengo mis dudas sobre la casa, aunque a la vez reconozco una buena oportunidad de compra tras estar un año rastreando el mercado─cosa que en retrospectiva creo acertada, pensando en como han subido los precios después. También pienso que, si no me doy prisa, esa casa va a volar enseguida. Así que salimos al coche un momento para comentar todo esto y, en ese preciso momento─enmedio de ese buyer's hesitation que dirían en el departamento de ventas─una libélula roja se posa sobre la antena del coche.

Vuelvo a la casa y pido el contrato de arras.

Hasta aquí, digamos, la parte más materialista o cruda de la sincronicidad. En noviembre de este año, sin embargo, hago una interesante averiguación. En Japón hay una canción de cuna popular titulada, precisamente, "Akatonbo"─esto ya lo sabía y de hecho mantuve durante cierto tiempo el dominio web akatonbo.es con esta canción en la página principal. Pero no sabía que la NHK japonesa la nombró, tras una encuesta en 1989, canción favorita del país; tampoco que la enseñan a los niños en el colegio y que incluso en algunos pueblos la hacen sonar por megafonía al final de la jornada laboral.

La letra describe el recuerdo de un niño pequeño que, llevado a la espalda de su nēya (姐や, una joven niñera o cuidadora que actuaba como figura materna) ve una libélula roja al atardecer. Luego recuerda recoger moras en los campos de montaña y cómo esa niñera se casó a los 15 años y desapareció de su vida─cortando el contacto con su aldea u origen. La separación de la figura cuidadora simboliza la pérdida de la inocencia y del calor materno─el autor de la letra, Rofū Miki, tuvo una infancia complicada: padres divorciados, ambos ausentes y criado por una niñera.

Leyendo sobre esto, como digo, fue cuando pensé en que quizás la libélula y yo no nos habíamos encontrado en diferentes puntos del espacio-tiempo simplemente por un flujo de taquiones. En el momento de adoptar el tótem yo estaba en casa de mi madre, intentando encontrar una salida a mis dilemas existenciales. Cuando vuelve a aparecer supone un punto de inflexión que mimetiza con el significado de la canción: de pérdida de la inocencia (firmar una hipoteca) y abandono del hogar materno. En un contexto más amplio, mi investigación sobre el significado de la nana japonesa surge de una exploración a nivel personal─y psicohistórico─de las heridas debidas al enredo materno (un tipo de vínculo típico en personas que, como yo, crecieron con ausencia de padre).

Todo esto me ha hecho pensar en que, además del taquión como partícula hipotética detrás del fenómeno de las sincronicidades, podría existir otra partícula que transporte la carga del significado (o de coherencia informacional, dicho de modo más aséptico). Leyendo sobre el tema y para mi sorpresa di con que existe una rama académica emergente en Biología que estudia el papel del significado en los organismos vivos denominada Biosemiótica. De ahí que haya bautizado a esta otra partícula (hipotética) como semión.

Mi hipótesis actual, entonces, quedaría así: las sincronicidades están compuestas por taquiones y semiones, y estos últimos actuarían dotando de coherencia informacional a los diferentes puntos del espacio-tiempo que unirían los taquiones.

Un detalle más: al lado de la puerta de entrada de la casa de enfrente a la mía, hay un rótulo hecho con azulejos con letras pintadas que reza: «RINCÓN DEL AMOR».

¿Qué taquiones arrastrarían hasta el jardín de mi madre, a aquel azucarillo cargado de semiones? ¿Los mismos que atrajeron a su lado a aquella libélula roja?

***

Vuelvo a las viñetas "Animal Man" con la gata Sheba[1] rompiendo la cuarta pared.

Leo en "Fourth Wall Phantoms" de Joshua Cutchin que en la orfebrería de la Grecia clásica solían representar a humanos y los animales de perfil. Sin embargo existía una excepción: «en las representaciones clásicas, los únicos personajes que pueden ver más allá del marco de la obra de arte son los monstruos, los muertos, los durmientes, los que se encuentran en un estado alterado de consciencia y las deidades». Sigue: «cruzando los ojos con los del lector [estos personajes] se desvinculan hasta cierto punto del mundo representado [y] su mirada forja un vínculo entre el mundo en la imagen y el mundo en el que está la imagen».

El libro de Cutchin explora cómo la metalepsis literaria—la ruptura de la cuarta pared que separa ficción y realidad—opera de forma literal en el ámbito paranormal. Creo que ahí reside lo que realmente me marcó de "Animal Man": el cruce de miradas entre la realidad y la ficción.

Cuando hablo del cruce de miradas entre realidad y ficción no estoy hablando de forma metafórica. Pienso en el número 19. En la sección de correos de los lectores los editores habían ido prometiendo que en dicho número podríamos contemplar el secreto del universo. En en el momento álgido de un viaje de peyote, sobre una mesa del Gran Cañón del Colorado, el protagonista de la historieta, Buddy Baker, rompe la cuarta pared en una ya legendaria splash-page mientras sorprendido espeta al lector: «¡Puedo verte!».

En dicho viaje Buddy encuentra a una versión anterior de Animal Man, previa a la serie "Crisis en las Tierras Infinitas" (un evento editorial en forma de crossover masivo que reorganizó toda la continuidad DC en un solo universo). Ambos Animal Man intuyen que su mundo funciona como ficción para seres en otro nivel de la existencia.

Todo esto lo entendí años más tarde, claro: nunca fui lector de DC dado que me crié en una capital de provincias a la cual llegaban principalmente comics de Marvel. No estaba al tanto de en qué consistía la continuidad del universo DC ni de su célebre reboot. Del mismo modo tampoco entendí la sutil burla de Morrison a los esloganes de la Nueva Era─en una graciosa secuencia que no espoilearé─ni de cierto escepticismo punk hacia el hippismo del que hacían gala los personajes. En provincias esas cosas empezaron a llevarse un poco más tarde (y también de aquella manera).

Me impactó sobre todo cómo los personajes rompían las convenciones narrativas, cómo salían del espacio de la viñeta e invadían el gutter mientras confusos intentaban arañar algo de autoconciencia en sus diálogos, llevando la habitual sinergia de lenguajes que tanto disfrutamos los amantes del cómic al terreno del experimento alquímico.

Ese número, y en general la serie entera, supuso mi primer contacto con la noción de chamanismo, un tema muy minoritario durante el albor de aquel internet doméstico de los módems de 14400 baudios─de hecho en ese mismo número los traductores usan el anglicismo shaman en vez de chamán, lo cual demuestra que la palabra no estaba aún integrada en el uso lingüístico común.

También leí varios libros de David Bohm mencionados en el cómic, de los cuales entendí bien poco y que seguramente me dejaron más confundido de lo que estaba. Y algo también del biólogo Rupert Sheldrake, cuya obra más célebre─"Una nueva ciencia de la vida"─daba título a este fascinante número 19 de "Animal Man".

Rupert Sheldrake, por cierto, ha documentado muchos casos de gatos y perros que reaccionan a estímulos que no pueden percibir por los sentidos normales (imágenes, intenciones, emociones a distancia). Podríamos aplicar aquí también su concepto de resonancia mórfica─que en el cómic confiere sus poderes a Animal Man─y especular con que la imagen del gato, especialmente rompiendo la cuarta pared, podría haber activado algún campo mórfico compartido con mi gata Bulma.

Obviamente en este punto estoy especulando por el puro placer de especular, pero todavía no hemos llegado al bombardeo de taquiones. Aguanten un poco más. Prometo más gatitos antes de que termine el texto.

***

La mañana del bombardeo me encontraba escribiendo un guión en el que aparece la célebre viñeta precognitiva de Francisco Ibáñez en su álbum de Mortadelo y Filemón "El 35 aniversario". En la página que cerraba dicho álbum veíamos el skyline de Nueva York con las Torres Gemelas, con un avión empotrado en una de ellas. Esto lo dibujó 9 años antes del 11 de septiembre de 2001, como él mismo contó en en esta entrevista en Jotdown.es:

Sí, eso me ha ocurrido. Una vez empecé a recibir un montón de cartas cuando ocurrió aquello de Nueva York con las torres por una portada que había hecho hacía mucho tiempo. Las portadas es que permiten hacer una cosa que a la gente le gusta mucho, que son esos detallitos de segunda y tercera fila en los que uno puede poner a un cocodrilo que le dice a la cocodrila: «Me encanta tu boquita de piñón». Y esas cosas tienen su gracia. O bien sale la viejecita con su Kawasaki, «brooom, broom», haciendo caballitos. Y una vez dibujé una torre de esas de Nueva York con un avión ahí empotrado, y el comentario no me acuerdo bien cuál era, pero era en plan: «¡Te dije que fueras al oculista!». Y aquel avión es que estaba a la misma altura que cuando ocurrió lo de las Torres Gemelas. Exactamente lo mismo, como si fuera la misma torre. El avión se había metido de la misma forma. Bueno, ¡la de cartas que me llegaron! Que si tú adivinas el porvenir, que dime la combinación de la Primitiva para la semana que viene [risas]. Que si este tío está promoviendo el terrorismo ... [risas]. Por desgracia, ocurrió lo mismo que lo que yo había dibujado allí. Por desgracia.

Unos par de años antes de esta entrevista Ibáñez vino a firmar a Zaragoza, donde vivía por aquel entonces. Aproveché y le llevé un álbum de Mortadelo, que le pedí dedicara a mi ahijado, y de paso le entregué una carta─a la que nunca contestó─proponiéndole una entrevista acerca de su viñeta precognitiva del 11-S.

Mi interés en el tema surge de mi propia experiencia, que comparte puntos con la de Ibáñez. Unas semanas antes del 11-S andaba dibujando imágenes surrealistas puesto de marihuana. En una de ellas unos rectángulos─de las mismas proporciones que los de las Torres Gemelas─ardían al fondo envueltos en una gran humareda, mientras en primer plano una misteriosa figura abandona la escena fumando un pitillo, mirando al espectador─de nuevo la cuarta pared─como dando su trabajo por terminado. (He de decir que me han sucedido cosas similares en otras ocasiones: varias escenas o temas que dibujé terminaron apareciendo de un modo u otro en futuros estados alterados de consciencia. Eric Wargo tiene un libro sobre este tema: “From Nowhere: Artists, Writers, and the Precognitive Imagination”).

Hay autores que describen las imágenes del atentado del 11-S como, hasta la fecha, el mayor icono histórico global que marcaría el inicio real del siglo XXI: un anclaje general de la memoria colectiva de la humanidad, nada menos. Todos los que vivimos aquello recordábamos exactamente donde estábamos en el momento de ver dichas imágenes. Del mismo modo, varios autores han recopilado multitud de imágenes y sueños que anticiparon el suceso de forma premonitoria. Sin ir más lejos el antes mencionado Rupert Sheldrake toca el tema en "El séptimo sentido: la mente extendida".

Lo cual me lleva, de nuevo, a Grant Morrison. Como decía, la mañana del bombardeo de taquiones andaba leyendo un poco en Internet sobre este material precognitivo del 11-S─para refrescar la memoria para el guión sobre el que estaba trabajando. El escocés también cree haber participado en esta premonición colectiva, como cuenta en su "Supergods. Héroes, mitos e historias del cómic". Me levanté a la estantería y leí el pasaje del libro en cuestión:

Al aura de horror que envolvía aquel día y sus nefastas consecuencias se le sumaban los espeluznantes y clarividentes cómics publicados en las semanas y meses anteriores al 11-S, plagados de sobrecogedoras imágenes de aviones y torres en ruinas. En el "Punisher" de Garth Ennis veíamos un 747 secuestrado lanzándose en picado contra dos silos gemelos; el número 596 de "Las aventuras de Superman", cómic escrito por Joe Casey varios meses antes pero publicado el 12 de septiembre, empezaba con una escena en la que aparecían las LexTorres gemelas de Lex Luthor tras un ataque extraterrestre, en lo que era un reflejo casi exacto de las fotografías de la primera página de los periódicos de aquel día (DC incluso permitió que se devolviese el cómic en caso de resultar ofensivo). El número 115 de "Nuevos X-Men", que yo hacía en colaboración con Frank Quitely y que se publicó en agosto de 2001, acababa con un avión de pasajeros, dibujado con forma de puño gigante, incrustándose en el lateral de un rascacielos. La portada de la siguiente entrega, publicada el 19 de septiembre de 2001 pero escrita y dibujada muchos meses antes, era un primer plano en el que Bestia, personaje de los X-Men, aparecía llorando, y en la introducción del número veíamos a los servicios de rescate buscando cuerpos entre los escombros. ¿Quién sabe? En un universo donde el tiempo es básicamente simultáneo, la idea de que los acontecimientos que ya han ocurrido en el futuro puedan influir en el pasado no es del todo descabellada.

Así que acto seguido voy a donde tengo todas las grapas de los X-Men y ¡hop! ¿adivinan que número saco a la primera? Exactamente: ese mismo número 115 (el 74 en la numeración española de Fórum).

Como sincronicidad de tipo "ángel de la biblioteca"[2] uno puede pensar que tampoco tiene demasiada potencia. Aunque en la balda de los X-Men debo tener unos ciento y pico números en formato grapa, yo mismo los dispuse y sé dónde está la etapa de Morrison. Además sabía que ese número caía al principio de dicha etapa y automáticamente empecé a buscar por ahí: visto de ese modo, haberlo sacado a la primera tampoco suena tan alucinante.

***

No puedo compararla, ni de lejos, con otra sincronicidad del mencionado tipo "ángel de la biblioteca" que experimenté hace cerca de 11 años. Fue en Zaragoza. Por aquella época y debido a intereses en común, me juntaba con Rubén Cárdenas, artista multidisciplinar local. A través de él conocí a Paco García Barcos, otro artista local metido en el surrealismo y asiduo colaborador de la revista "Salamandra", a quien Rubén iba a publicar un libro en su recién estrenada editorial.

La obra en cuestión surgía de una "iluminación aritmética" tras una temporada de trances inducidos por el estudio obsesivo de permutaciones matemáticas y el consumo de hachís. García Barcos dice descubrir que, aplicando reducción digital a los números y ordenándolos diagonalmente en el espacio, estos forman un rombo armónico, simétrico y matemáticamente ordenado que podríamos transmutar mediante operaciones "alquímico-aritméticas" en otras formas como: un cuadrado mágico, una membrana o un toroide ─está última una forma de rosquilla, relacionada con flujos energéticos, psicogeometría y matemáticas vorticiales.

Acudí a la presentación del libro, que iban a celebrar en la librería Antígona un 23 de junio─como declarados discordianos fijaron la fecha para ese día a modo de guiño sincrónico.

En el mito griego, Antígona entierra a su hermano Polinices a pesar de la prohibición de Creonte, eligiendo respetar las leyes no escritas de los dioses (ritos funerarios, piedad familiar, justicia moral) frente a las leyes del Estado (orden cívico, decreto del rey). La Grecia antigua entendía el dejar un cuerpo sin enterrar como una de las mayores profanaciones. Antígona simboliza desde los clásicos la resistencia civil y la conciencia moral frente a la autoridad.

El padre de Antígona, Edipo, protagoniza otra de las tragedias griegas más célebres, y no me resisto a citar la lectura del mito que hace Eric Wargo en su libro sobre bucles temporales y retrocausación, "Time Loops":

Ninguna historia representa mejor la mezcla de tabús sexuales y retrocausación que el "Edipo rey" de Sófocles, la gran tragedia que versa sobre un heredero real que lleva una maldición a su pueblo al usurpar accidentalmente el trono de su padre y casarse con su propia madre (¡ups!). ¿Qué tiene que ver esto con la retrocausación? Los antiguos registraban el tiempo histórico a través de las sucesivas generaciones─la estructura matrimonial y reproductiva y de sucesión real que avanza continuamente. La realeza y el parentesco eran para los griegos el equivalente a nuestra segunda ley de la termodinámica: inexorable e irreversible, moviéndose en una única dirección, nunca volviendo atrás y básicamente siempre empeorando. Así, la tragedia de Sófocles trata de una especie de viaje en el tiempo y la calamidad que resulta de perturbar el orden causal. Podríamos decir que Sófocles fue el Ray Bradbury o el Philip K. Dick de la antigua Grecia.

Como argumenta George P. Hansen en "The Trickster and the Paranormal" apoyándose en las ideas de Max Weber, los fenómenos paranormales tienden a surgir en los márgenes de las estructuras sociales y estatales, en las zonas liminales y de anti-estructura, allí donde el orden racional burocrático aún no ha conseguido imponer su control total.

Así que, arropado por ese mantel de significados heredados─uno podría decir: de un campo de semiones antiguos─tuvo lugar como iba diciendo la presentación en la librería Antígona, sita frente a la Universidad de Zaragoza, como resistiendo frontalmente al campo taquiónico-semiótico del conocimiento burocratizado.

Mentiría si dijera que entiendo lo más mínimo de todo el razonamiento alquímico-aritmético de los rombos de Paco García Barcos. Sólo sé que, allí en la trastienda de la librería Antígona, repleta de estanterías y estanterías llenas de libros me acerqué a una al azar, tomé un libro al azar y lo abrí por una página al azar ... que contenía la imagen de un triángulo construido con una serie de números. En búsquedas posteriores en la red he constatado esa página podría haber contenido una representación del triángulo de Pascal que, aún tratando de una serie matemática diferente, visualmente me pareció igual a que los que representaba gráficamente García Barcos basándose en sus descubrimientos.

Quedé en shock y se lo enseñé a Paco, el cual me sonrió enmedio del estado de hiperexcitación en el que se encontraba durante la presentación.[3]

***

Todo este desvío para justificar que, si mi sentido arácnido se activa frente a una estantería y me hace sentir un hormigueo en el lóbulo temporal derecho, inmediatamente pongo mi atención en lo que esté sucediendo en ese momento.

Volvamos a la mañana del bombardeo de taquiones y a ese momento de sincronía un tanto endeble al haber sacado a la primera el cómic de Morrison que buscaba. Acto seguido saco, al azar, otro cómic de los “Nuevos X-Men”; el número 133 (el 92 de la numeración española). En la portada de éste aparecen, mirando directamente al espectador, un primer plano de los ojos del nuevo mutante que presentaba la serie.

Ahí mi sentido arácnido empieza a cosquillearme las sienes.

Y aquí hacemos otro pequeño inciso.

Durante algún tiempo hice buenas migas una chica por internet que estaba bastante metida en la escena psicodélica. Aparte de avezada psiconauta, la chica decía experimentar visiones psíquicas en su vida ordinaria. Nunca la llegué a conocer en persona, pero una vez le envié unos libros de mi biblioteca que le interesaba leer y ella tuvo la gentileza de devolvérmelos junto con tres cartones de LSD de alta calidad.

Una vez me contó uno de sus viajes más fuertes con esta sustancia; por lo visto tomó una dosis superior a la que ella pensaba que estaba tomando, y tuvo una experiencia bastante fuerte: su consciencia viajó a una escala muy pequeña de la materia y, al llegar al nivel atómico, alucinó al percibir a las moléculas como seres vivos[4] que le saludaban animadamente dándole la bienvenida a ese nivel de la materia.

Puedo llegar a creerla; en mis propios trances me he acercado a ese nivel micro de la realidad─recuerdo habérselo descrito a mi colega Julio como «el tejido del universo» tras una temporada especialmente intensa experimentando episodios de parálisis del sueño. Eso sí, aclaro, sin que nunca ningún átomo me dijera nada. Los libros de Jeremy Narby, que tanto me influyeron, describen como el chamanismo amazónico conecta con ese sustrato molecular, y como la inteligencia de hecho podría estar diseminada en la naturaleza y no limitada a una función excretora del cerebro. De hecho una vez Narby llevó a un grupo de científicos a unas sesiones de ayahuasca y uno de ellos resolvió un problema del campo de la biología molecular─en el que llevaba años atascado─gracias a las visiones que surgieron en dichas sesiones[5].

Desde la sincronicidad con mi gata durante la relectura de "Animal Man" he pensado mucho en el viaje de LSD que me contó mi colega de Internet. He pensado que, si de algún modo los átomos realmente estuvieran vivos como ella experimentó, el extrañamiento y la fascinación que experimenté con la splash-page del número 19 de "Animal Man" no surgía únicamente de un recurso literario. Quizás los átomos de la tinta impresa y del papel de algún modo estaban resonando con ese extrañamiento que yo andaba experimentando y también respondían saludándome de vuelta─sin que yo, claro, pudiera percibirlo debido a mis limitaditas habilidades mutantes psiónicas.

En su libro "Fourth Wall Phantoms" Joshua Cutchin explica que la orfebrería de la Grecia clásica solía representar a humanos y los animales de perfil. Sin embargo existía una excepción: «en las representaciones clásicas, los únicos personajes que pueden ver más allá del marco de la obra de arte son los monstruos, los muertos, los durmientes, los que se encuentran en un estado alterado de consciencia y las deidades». Sigue: «cruzando los ojos con los del lector [estos personajes] se desvinculan hasta cierto punto del mundo representado [y] su mirada forja un vínculo entre el mundo en la imagen y el mundo en el que está la imagen». El libro de Cutchin explora cómo la metalepsis literaria—la ruptura de la cuarta pared que separa ficción y realidad—opera de forma literal en el ámbito paranormal.

Entonces, vuelvo a la mañana del bombardeo de taquiones, ahí estaba yo contemplando una imágen que rompía la cuarta pared de un cómic de Grant Morrison. Sentido arácnido y una sensación de vértigo, similar al que notas cuando eres consciente de que las drogas están empezando a hacer efecto. Y entonces un recuerdo que tenía enterrado me viene a la mente: el de aquella vez que chateé con Grant Morrison.

Lo contaré en un último desvío e iremos con el bombardeo de taquiones. Lo prometo.

***

Sucedió hará unos 20 años. Por aquel entonces yo andaba por internet comportándome como el típico troll frustrado montando el típico show beligerante y vacuo en diversos foros. Ya saben: frustración sexual con hormonas disparadas, carencias afectivas sangrantes, habilidades sociales nulas, vida afectiva en el mejor de los casos del tipo parasocial, narcisismo situacional, clase media aspiracional pero con mala consciencia y el lujo de poder entretener el sentimiento de culpa. Inserten meme: Butthurt Dweller, Forever Alone o el friki ese de la tienda de cómics de "Los Simpson". El que les apetezca. Todo con esto con un punto de gracia tocapelotas que, de vez en cuando─eso quiero creer─conseguía arrancar alguna risa o simpatía entre el personal.

Mi admiración por Morrison me llevó a los foros Barbelith.com. Inspirado en el VALIS de Philip K. Dick, Barbelith aparecía en "Los Invisibles" como una suerte de satélite oracular mecánico y sentiente; flotaba sobre la cara oculta de la Luna y dispensaba fogonazos de gnosis a aquellos humanos lo suficientemente locos o despiertos como para merecer su atención. Daba también nombre, como decía, a un foro de Internet en donde participaban muchos aficionados─mayoritariamente anglosajones─a la magia, el ocultismo y la contracultura en general.

No sé cómo─o bueno, supongo que ahora sí lo puedo intuir─acabé envuelto en mi enésima trifulca online olvidable. Realmente no recuerdo bien por qué se montó el pifostio, ni siquiera acerca de qué estaba discutiendo. Supongo que aquello adquirió un tono patético porque en decondicionamiento.org─otro foro en donde di bastante la brasa─andaban descojonándose. Sólo sé que en un momento dado el propio Grant Morrison apareció en medio de la discusión. Recuerdo que me habló con sumo respeto, en tono conciliador y─dándome una importancia que desde luego no creo que mereciese─me preguntó: «what is your insight?» o algo así.

Tampoco recuerdo exactamente lo qué le balbuceé─realmente lo primero que se me pasó por la cabeza. Algo torpe y grandilocuente sobre la falsa lucha entre determinismo y libre albedrío, sobre cómo intuía que toda aquella guerra era un artificio, un escenario montado.

No recuerdo nada más. Sólo que, años después, al comprar el tomo final de "Los Invisibles" y llegar a la penúltima página, sentí un fuerte escalofrío: allí estaba Jack Frost, en su monólogo final, diciendo prácticamente lo mismo que yo le había espetado a Morrison en Barbelith.com. Supongo que Morrison pensó que chateaba con su enésimo fanboy subnormal pero, de algún modo grotesco y hermoso, sin saberlo, me había espoileado a mí mismo el final de "Los invisibles"─que, huelga decir, ya estaba escrito en la época en que andaba yo haciendo el ridículo en aquel foro.

***

Volvemos, al fin, a la mañana del bombardeo de taquiones.

Si han llegado hasta aquí, les felicito por su capacidad de aguantar la brasa ajena. Brasa que además tiene el hándicap de querer esclarecer un, llamémoslo así, "proceso mágico": la mayoría de veces este tipo de explicaciones sólo generan en el interlocutor la sensación de estar escuchando a un lunático─a alguien que disecciona una mariposa para entender su belleza o a alguien que, queriendo explicar la gracia de un chiste, lo acaba empeorando.

He intentado reflejar de forma meticulosa el por qué de todos los significados─semiones─que van a confluir a partir de ahora. El porqué de que crea que la que coincidencia aparentemente más significativa (el primer cómic que saqué de la estantería) palidece ante este cómic de Grant Morrison que sostenía en mi mano y que me miraba directamente con dos ojos dibujados en su portada.

Tengan en que cuenta que en ese momento estaba trabajando sobre la secuencia de una historieta en la que un personaje experimenta una sobrecarga de taquiones. Para aliviarla, la dirige hacia el lector rompiendo la cuarta pared─en un homenaje a la dichosa splash-page del "Animal Man" número 19. La siguiente viñeta muestra ese haz de taquiones saliendo del cómic y rebotando hasta el 11 de septiembre de 2001. (Mientras escribo este mismo párrafo reparo, además, que en uno de los chistes de la secuencia el personaje sobrecargado de taquiones se espoilea a sí mismo el final de una serie que llevaba mucho tiempo siguiendo).

Como he dicho más arriba: empiezo a sentir un ligero vértigo. Entre los nombres que Karen Berger barajó para la línea Vértigo estaban "tercer ojo" o "umbral". Y como decía antes, con la sensación de hallarme frente a un umbral, en pleno subidón, recuerdo mi intercambio precognitivo con Morrison. Voy a otro estante y busco el último tomo de "Los Invisibles" (para los despistados: publicado bajo el sello Vértigo de DC Comics). Releo la secuencia final con Jack Frost y reparo en un detalle: el personaje está rompiendo la cuarta pared, mirándome directamente a los ojos.

Y entonces sucede. Voy al baño aturdido y algo reptando en el suelo llama mi atención. Resulta que me acabo de encontrar con un escarabajo dorado. El primero que he visto desde que vivo en esta casa; el primero, diría, que he visto en mi vida.

***

Los autores de nuestra época han citado hasta la saciedad la anécdota del escarabajo dorado de Jung, hasta el punto de convertirla en una imagen paradigmática, un icono del fenómeno de la sincronicidad. Recuerdo haber leído sobre ella, por ejemplo, en "Las raíces del azar" de Arthur Koestler, "Sincronicidad: puente entre mente y materia" de F. David Peat o en "Carl G. Jung: Señor del mundo subterráneo" de Colin Wilson. A continuación el archicitado párrafo de Jung desde su seminal "Sincronicidad como principio de conexiones acausales":

Una señora joven a la que estaba tratando tuvo, en un momento crítico, un sueño en el que le daban un escarabajo dorado. Mientras me contaba el sueño, me senté de espaldas a la ventana, que estaba cerrada. De pronto oí un ruido detrás de mí, como un ligero golpeteo. Me di la vuelta y vi un insecto que golpeaba contra el cristal por la parte exterior. Abrí la ventana y cogí al animalito en el aire al entrar. Era lo más parecido al escarabajo dorado que se encuentra en nuestras latitudes: un escarabajo escarabeido, la cetonia dorada común (Cetonia aurata), que, en contra de sus costumbres habituales, había sentido, sin duda, la necesidad de entrar en una habitación oscura en aquel preciso momento. He de admitir que no me había sucedido nada parecido ni antes ni después y que el sueño de la paciente ha permanecido como algo único en mi experiencia.

En un contexto en donde todos estos significados (o semiones) andan trenzándose en una suerte de resonancia taquiónica a través del espacio-tiempo─Bohm diría que en el orden implicado─me encuentro con uno de los símbolos más potentes con los que mi cultura ha representado este fenómeno; al igual que en el caso de Jung, una Cetonia Aurata (Reparo, esta vez tras revisar el segundo borrador de este texto, que tanto el simbolismo del escarabajo dorado como el de la libélula roja tienen connotaciones similares).

Salgo del baño algo aturdido y acto seguido me siento delante del ordenador. Mi hermano me ha dejado un mensaje en el Whatsapp enlazando un post en Instagram que reza: «El físico Jean-Pierre Garnier asegura que la consciencia puede viajar en el tiempo ... y que nuestras intuiciones serían "recuerdos del futuro"».

Mi hermano y yo habíamos hecho una excursión a la montaña el mes pasado durante las vacaciones de Pascua. Durante el ascenso a la cima estuvimos hablando del tema de las sincronicidades─el tema le interesa porque él también tiene sus rachas de coincidencias. Le hablé del fenómeno del número 23 que popularizó Robert Anton Wilson en "El martillo cósmico" y le conté otra de las sincros que he vivido y que más me ha impactado. Durante la temporada en la que andaba leyendo a RAW recuerdo ir un día por la calle y pensar: «ahora va a pasar un coche con matrícula 2323» para que acto seguido pasara ante mis anonadadas narices … un coche con matrícula 2323. Durante el descenso de la cima de la montaña─sin haber consumido peyote como Animal Man─nos cruzamos con un chaval que llevaba la camiseta de los Lakers de LeBron James, la que lleva el número 23. «Taquiones», me dije.

Abro la aplicación de Telegram y le escribo a mi colega Luis, con quien justo había compartido otra sincro el dia anterior. Le digo: «estoy en un bombardeo de taquiones». Se me ocurre entonces buscar entrecomillada en Google la expresión "bombardeo de taquiones" y la IA de Google me dice que esa misma expresión la usó Philip K. Dick en su "Exégesis". Inmediatamente abro la versión del libro en inglés que tengo guardada en PDF en el ordenador y localizo la cita. Le quito el precinto a la edición que publicó Minotauro hace un par de años y que tengo en la infinita pila de libros pendientes y leo lo siguiente:

Sin la teoría de los taquiones carecería de cualquier tipo de formulación científica, y tendría que declarar que «Dios me ha mostrado las sagradas tablillas en las que está escrito el futuro» y así sucesivamente como hicieron nuestros antepasados, allá en los desiertos de Israel bajo el cielo mientras cuidaban sus rebaños dormidos. Koestler también señala que, según la teoría moderna, el universo va del caos a la forma; por lo tanto, el bombardeo de taquiones contendría información que expresaría un mayor grado de Gestalt que una información similar sobre el presente; así pues, este continuo temporal nos parecería más vivo, más animado por un espíritu consciente, lo que daría lugar al concepto de Dios. Esto crearía sin duda la idea de propósito, en particular el propósito que se encuentra en el futuro. Por lo tanto, ahora tenemos un método científico para considerar la noción de teleología, creo, y por eso le escribo ahora, para expresar esto, mi propio sentido de las causas finales, como lo discutimos ese día.[6]

Y justo en el siguiente párrafo:

Buena parte de esta información impresa que llega en sueños ha tenido una cualidad de enseñanza, de formación y de dirección; tiende informarme y a guiarme, y a hacerme consciente de lo que debo hacer. Literalmente me educa, y estoy seguro de que cada pequeña criatura, cada bicho y planta y animal y pez tiene la misma sensación. He observado a mi gato, ahora, cuando se sienta en el solárium por la noche; está sin duda considerando el mundo sideral por encima de él y los objetos que no se mueven por debajo; cuando entra en casa una o dos horas más tarde parece cambiado, como si le hubieran enseñado algo durante ese período y lo supiera.

Y justo en el momento en el que estoy leyendo este segundo párrafo, y como queriendo poner el broche final a toda esta fiesta de la espuma sincrónica, mi gata Bulma entra maullando en el estudio, fresca tras haber pasado toda la mañana jugando fuera de casa.

¿Sueñan los gatos con taquiones eléctricos? Espero haberles podido transmitir el por qué de que tenga fuertes sospechas de que, efectivamente, sí pueden hacerlo.

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Está claro. En cierto grado estoy autosugestionándome. En cierto grado yo mismo estaría fantaseando y proyectando mis elucubraciones sobre mis vivencias. También me pregunto, cada día con más fuerza, si estas imaginaciones pueden tener efectos físicos en el entorno. Ya saben: el animal mitológico preferido de las marujas místicas: "las energías".

De algún modo, desde que vivo en esta casa la he ido impregnando de significado: sobre el rincón donde medito cuelga una lámina de arte japonés representando una libélula roja. En el lado opuesto de la sala, un pequeño cuadro de un gatito jugando con una libélula roja descansa al lado de la puerta. Ahora creo que si algún día acabo reformando el baño colgaré sobre la taza algo relacionado con un escarabajo dorado. Del mismo modo que decoro mi casa con objetos que simbolizan mi mito personal, me pregunto si esos taquiones-semiones que acompañan a las sincronicidades se adhieren a las paredes, como una especie de membrana ectoplásmica invisible. Quizás uno de ellos viaje─o cree un puente─hasta el punto del espacio-tiempo en que mi vecino decidió colocar el letrero del "RINCÓN DEL AMOR" al lado de su puerta.

No sería el primero en hacerlo, claro. Como relata el mencionado "Fourth Wall Phantoms", el escritor y creador de La Sombra, Walter B. Gibson, creía que mientras escribía las aventuras de su personaje en el número 12 de Gray Street─una casa que ya tenía fama de encantada desde el siglo XIX─había proyectado con tanta intensidad la figura del misterioso vengador que acabó creando un fantasma real en aquel edificio. La gente empezó a ver a La Sombra merodeando por los pasillos, una silueta con sombrero de ala ancha que Gibson había invocado desde su máquina de escribir.

Tras comprar Boleskine House—la antigua mansión de Aleister Crowley a orillas del Lago Ness—Jimmy Paige habló en una entrevista a Rolling Stone en 1975 sobre la fantasmagoría que envolvía el lugar; del mismo modo que su amigo Malcolm Dent─quien vivió allí durante 20 años junto con su familia─también dijo percibirla: «solíamos decir que Aleister estaba haciendo lo suyo», explicaba. Los siguientes dueños, los MacGillivray, odiaban todo lo que tuviera que ver con el ocultismo y el pasado oscuro de la casa y no vivieron experiencia paranormal alguna. Esto quizás implique que de hecho la propia proyección taquiónico-semiótica abra el canal de flujo informativo supraliminal.

Nick Redfern tiene un libro sobre el monstruo del Lago Ness ("Nessie: Exploring the Supernatural Origins of the Loch Ness Monster") que defiende la teoría de que la creencia colectiva─especialmente después de los rituales de Crowley─estaría manifestando en forma tulpoide a Nessie en el lago, o quizás más bien atrayéndole al mismo.

Hay muchos ejemplos más de incursiones ficcionales, pero no abundaré más. Les remito una vez más al muy recomendable "Fourth Wall Phantoms" que está repleto de ellos y los analiza desde diversas teorías explicatorias. Dejenme, sin embargo, finalizar esta pequeña exégesis acompañados de este concepto de incursión ficcional.

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Quisiera volver a Grant Morrison y el 11-S. El capítulo del que extraje la cita de antes abre así:

En la simbología clásica del ocultismo occidental, la puerta al reino lunar de la imaginación está flanqueada por dos pilares o torres. En la mayor parte de las versiones de las cartas del tarot, en la número 18, la Luna, aparecen dichas torres, representando la puerta que separa el mundo de la fantasía de la realidad material.

El descenso del trigésimo segundo camino del árbol de la vida de la cábala describe un acontecimiento apocalíptico en el que se fusionan dos esferas distintas: la terrenal y la lunar (donde la esfera lunar es la imaginación, el mundo de las ideas y los sueños, mientras que la terrenal representa lo tangible, lo sólido y lo pesado). En resumen, no solo la vida real se vuelve más parecida a una historia, sino que también las historias han de pagar el precio de este intercambio, volviéndose más reales y permitiendo que las reglas del mundo material influyan en sus territorios intangibles.

No se me ocurre ninguna imagen más potente de esta unión entre lo real y lo imaginario que los ataques terroristas al World Trade Center, el 11 de septiembre de 2001.

¿Cuántas veces hemos visto derrumbarse esas torres? ¿Cuántas veces se ha repetido esa imagen desgarradora en nuestra mente, y cuántas en nuestras ficciones, casi como si estuviésemos deseando que ocurriera, como si soñásemos con ese día?

Desde el momento en que se completaron, en 1973, las Torres Gemelas se convirtieron en el objetivo de una serie de demoliciones imaginarias.

King Kong fue el primero en escalarlas en la nueva versión del clásico, una película sin sentido dirigida por Dino DeLaurentiis y estrenada en 1976. Las torres del World Trade Center habían sido destrozadas por olas gigantes, bombardeadas por los extraterrestres, hechas añicos por el impacto de meteoritos y pulverizadas por asteroides; su terrible caída, aquel 11 de septiembre de 2001, poseía la curiosa inevitabilidad de una oración que obtiene respuesta o un ritual de magia negra que sale bien.

He de contar por qué no puedo descartar del todo la idea de una operación de magia negra.

Hay algo a lo que no dejo de darle vueltas. El antes mencionado número 19 de "Animal Man" continuaba directamente del número anterior. Aunque encuadrados en la trama general de la serie, ambos números forman una episodio completo en dos partes─de hecho los personajes toman el peyote en el número 18 y en ese mismo número comienzan a alucinar. Quizás esté estirando todo esto demasiado, pero yo diría que ambos números, el 18 y el 19, formarían dos bloques narrativos o "torres" que cuentan una historia sobre la porosidad entre nuestro mundo y el de la ficción. Esto resuena con la observación sobre el simbolismo del tarot que hace Morrison un poco más arriba.

Podría argumentar que, como en la carta del tarot, en la escena del viaje de peyote también aparece la Luna. Este viaje de peyote inicia cuando recién se pone el sol y cae la noche, con los personajes contemplando un gran ojo en el cielo que, enmedio del cielo estrellado y dirigido hacia el lector─de nuevo rompiendo la cuarta pared─se abre a la par que expulsa una compleja alucinación psicodélica. Resonancia inversa con la novela "El ojo en el cielo" de Dick, en donde los personajes encuentran un "gargantuesco ojo de Dios" en el firmamento que sustituye al Sol.

Un poco más avanzado el viaje, Buddy se encuentra rodeado completamente por una luz roja. A medida que se precipita hacia ella aparece un gran ojo de una ballena hacia el que Buddy se precipita. Puede que ese gran ojo rojo constituya una versión primitiva de Barbelith, representado en "Los invisibles" como un orbe rojo brillante suspendido en el espacio, a menudo en la cara oculta de la Luna. Morrison también ha comentado que ese círculo rojo y sus muchos significados aparecen en el número 54 de "La patrulla condenada", número que además escribió casi en estado de trance[7]. Él mismo admite haber derramado sobre su obra este símbolo de manera inconsciente. El diálogo de esa secuencia, que describe el anticipado secreto del universo en los correos del lector, resuena fuertemente con la fusión de la esfera terrestre y lunar a la que hacía antes alusión el autor: «Sangre / Un océano de sangre / Y eso no es todo / Un muro de oscuridad grande como el mundo / Y el muro se parte / Y me mira / Tranquilo / Sólo es una alucinación / Todo lo que siempre has sabido / Todo lo que es, fue y será / Es sólo una alucinación / Y he aquí el primer secreto / Todo está conectado / Mira».

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Sin haberlo pretendido al iniciar la escritura de este ensayo he acabado generando una pieza sincromística.

Surgida en la primera década de los 2000, el la subcultura internautica del sincromisticismo estaba centrada en la detección de patrones recurrentes que aparecen en la cultura pop, medios de masas, películas, noticias y eventos históricos. Una especie de oráculo interpretado no sobre posos del té o huesos de animales, sino sobre los iconos de la cultura pop del siglo XX─conectando estos patrones mediante una lógica onírica aderezada de símbolos esotéricos sugiriendo la existencia de una inteligencia no-local que teje la realidad desde el nivel simbólico.

Recomendaría a modo de ejemplo la pieza que consiguió mayor viralidad dentro del movimiento: el vídeo “BACK TO THE FUTURE predicts 9/11”─con 10 millones de visitas en Youtube, nada menos.

Sin embargo otra de estas exploraciones capturó mi atención con más fuerza. En la interpretación sincromística del 11-S de Jake Kotze─en tres partes acá: video 1, video 2, video 3video 4, video 5─el atentado funcionaba como un mega-ritual simbólico que abría un portal dimensional. Las Torres Gemelas representan columnas o templos antiguos que actúan como vórtice o puerta a otras dimensiones, colapsando para “activar” el portal en el inconsciente colectivo. Aunque he de decir que para mi gusto Kotze quiere leer demasiadas conexiones, en esencia la pieza resuena bastante con lo que contaba Morrison un poco más arriba.

Tutelando este evento estaría el monolito negro de la película "2001: Una odisea del espacio" de Stanley Kubrick, materializado en el Millennium Hilton Hotel─ un edificio negro rectangular ubicado justo al lado de las Torres, diseñado con estética y proporciones muy similares a las que presentaba en el film. En la película de Kubrick─en la que también aparece un hotel orbital del grupo Hilton─este monolito esconde un artefacto alienígena que cataliza la evolución de la conciencia humana; en el 11-S funcionaría como guardián o activador silencioso del ritual, presenciando y supervisando la transformación colectiva mientras el mundo entero veía el evento en directo.

Y aquí entra la última sincronicidad personal que les cuento hoy.

O bueno, más que sincronicidad: quizás un extraño loop retrocausal. O quizás algo más.

En el momento de los atentados del 11 de septiembre de 2001 yo tenía 20 años y estaba durmiendo. Era la hora de comer y mi madre me despertó airada: «¡Venga! ¡No vas a estar todo el día en la cama!» y luego masculló algo ininteligible sobre un avión y un rascacielos. «¿Qué dice esta mujer?», pensé mientras me levantaba aún medio dormido (como he contado por aquella época fumaba porros y andaba, ejem, todo el día en la luna.).

Así que me siento todavía con los párpados pegados a la mesa y, estupefacto, veo como el segundo avión impacta en la segunda torre. Entonces algo me impele a levantarme y, como dirigido por una fuerza ajena a mi voluntad, vuelvo a mi cuarto y cojo el libro que estaba leyendo en ese momento─ "2001: una odisea en el espacio"─de Arthur C. Clarke y releo el prólogo.

Recuerdo que me impactó especialmente la última parte del mismo:

(...) las barreras de la distancia se están desmoronando, y día llegará en que daremos con nuestros iguales, o nuestros superiores, entre las estrellas. Los hombres han sido lentos en encararse con esta perspectiva; algunos esperan aún que nunca se convertirá en realidad. No obstante, aumenta el número de los que preguntan: ¿Por qué no han acontecido ya tales encuentros, puesto que nosotros mismos estamos a punto de aventurarnos en el espacio?

¿Por qué no, en efecto? Solo hay una posible respuesta a esta muy razonable pregunta. Pero recordad, por favor, que esta es solo una obra de ficción. La verdad, como siempre, será mucho más extraordinaria.

El suceso en mi vida que me hizo creer en la precognición fue la muerte de mi primo político, Jorge. Habíamos sido buenos amigos desde niños. Sabía que estaba enfermo y en tratamiento, pero su familia, siempre tan discreta, no daba demasiados detalles. Una noche tuve un sueño en el que venía a verme y me decía: «Gracias, vengo a despedirme. Has sido un buen amigo». Al día siguiente me llamó mi madre para darme la fatídica noticia.

Me gustaría pensar que su alma hizo una parada en mis sueños antes de partir, pero si lo pienso rigurosamente también cabe la posibilidad de que mi mente obtuviese esa información desde el futuro de algún modo y que le diese forma a mi sueño. En cualquier caso obtuve la información en la esfera psíquica antes que en la realidad mundana: de ahí que crea en la realidad del fenómeno de la precognición.

Me sucede algo similar con mi reacción automática del 11 de septiembre.

Si de algún modo el impacto que tuvo en mí la teoría de los sincromísticos sobre el Hotel Hilton y el monolito hubiese viajado al pasado, quizás mi propio inconsciente me hizo elegir la lectura de ese libro los días previos al atentado. Estaríamos hablando acá de la posibilidad netamente taquiónica, la de una información que viaja al pasado.

Este ensayo ha intentado exponer, de la manera más racional de la que he sido capaz y basado en mis procesos mentales─esperemos que no demasiado delirantes─la idea de que el significado podría tener una magnitud física real. Que la imaginación puede concebirse como un lugar que habitamos, y no simplemente algo encerrado en nuestras cabezas: el “mundus imaginalis” del que hablaba Henry Corbin.

Contemplada esta posibilidad, se me ocurre algo más inquietante: que, de forma similar a como contempla la evolución de la humanidad en la ficción y el derrumbamiento de las Torres Gemelas en la Nueva York de nuestro mundo, el monolito también estuviese observando mi mente en ese momento de colapso entre realidades, en forma de bolsilibro de ciencia ficción.

Que me estuviese observando desde la ficción.

De ahí que no pueda descartar la idea del ritual de magia negra. Ahí tengo en la estantería sin leer desde hace años "The Most Dangerous Book in the World: 9/11 as Mass Ritual" en donde el autor S.K.Bain, al menos eso dice la contraportada, «reconstruye el guión ocultista de este Mega Ritual Global Luciferino», llevado a cabo desde el centro global del tecnocapitalismo. Como decía Sol Yurik en su "Behold Metatron, the Recording Angel": «la antigua piedra filosofal podía convertir los metales base en oro. Hoy en día los seres humanos, en forma de propiedad, son convertidos en señales electrónicas conducidas por plasma electrónico. El sueño de control mágico nunca ha sido exorcizado. Quizás, después de todo, el capitalismo moderno sea una gran fábrica para la producción de ángeles».

Imaginen esta secuencia en un cómic: un gran ojo en el cielo abre sus párpados y mira de frente al protagonista mientras caen las Torres Gemelas. Parpadea. Se convierte en el All-Seeing Eye impreso en los billetes de dólar. Parpadea. Se convierte en el ojo mecánico de Hal 9000. Parpadea. Se convierte en el gran ojo reptiliano de Sauron sobre la Torre Oscura de Mordor. Parpadea. El protagonista saca su teléfono móvil para grabarlo todo pero éste se ha convertido en un monolito rectangular negro, mientras el ojo del Gran Hermano parpadea dentro de todos los televisores del planeta[8].

Todo muy épico y poético, claro, pero de nuevo: como Don Quijote podría simplemente estar proyectando una red de significados sobre una realidad simplemente más austera: un gran ojo en el cielo abriéndose sobre molinos de viento.

En fin, lo que decía: que lo voy a dejar. Iba a escribir una entrada rápida graciosilla para celebrar el tercer aniversario de este blog y al final la cosa ha mutado en una maratón de escritura maníaca à la Philip K. Dick de más de 11,000 palabras, con los altibajos emocionales que supone el roce con el delirio y el consecuente bajonazo para el que, conforme escribo estas líneas, ando ya preparándome.

Lo último que necesito ahora es ponerme gnóstico.

Lo dicho, amigos: saludos foltrónicos, taquiónicos y ortogonales.

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CODA

No puedo dejar este texto.

Siguiendo lo que está convirtiéndose en una tradición de este blog─¿forman las tradiciones surcos taquiónico-semióticos en el espacio-tiempo?─publicaré esta entrada el día de mi cumpleaños. Tengo encargado desde hace una semana el crossover entre Batman y Masacre que guioniza Morrison. Me hace especial ilusión porque por lo que he leído en la red el cómic recrea a modo de (auto)homenaje la famosa splash-page del número 19 de “Animal Man”, esta vez por parte de Masacre, un asiduo rompedor de la cuarta pared en Marvel.

Estamos a jueves y no sé si llegará el lunes a tiempo para, de forma poético-taquiónica, celebrar mi cumpleaños leyendo el cómic de Morrison. Pero si me apetece releer el Masacre de Joe Kelly. Conservo en grapa desde mis años de instituto esta mítica etapa, la cual dotó al mercenario bocazas de su personalidad actual. En este icónico volúmen 3 de la serie─que incluye también experimentos metaficcionales como el de su popular número 11─Masacre se convierte en el objetivo de Landau, Luckman & Lake (LL&L), una corporación interdimensional que lo monitoriza en secreto al creerlo el "Mithras", un campeón profetizado para salvar el universo. Toda esta operación y el análisis de las líneas temporales están gestionadas por E.C.C.O., la supercomputadora cuántica de la organización. Al final, la relación estalla cuando Wade descubre que la "paz universal" que promueven LL&L y E.C.C.O. implica arrebatar el libre albedrío a la humanidad, lo que le lleva a rebelarse contra ellos, rechazar su destino cósmico y mandar al traste todos sus planes corporativos.

Con el acrónimo de E.C.C.O. Kelly hacía un guiño a la cosmología de otro psiconauta mítico de la contracultura norteamericana, el neurocientífico John C. Lilly. Leí años después su "The Scientist: A Metaphysical Autobiography" en donde relata su trayectoria intelectual y metafísica, muy influida sobre todo por el consumo de Ketamina y LSD.

Resumiendolo mucho─emplazo al lector al estupendo artículo de Adam Gorighly "John Lilly, ECCO and the Solid State Intelligence" si quiere saber más─para Lilly la realidad alberga una guerra cósmica silenciosa entre E.C.C.O. (Earth Coincidence Control Office), una red espiritual e interdimensional de conciencias orgánicas que orquestaba coincidencias para guiar la evolución y el despertar de la humanidad, y la S.S.I. (Solid State Intelligence), una inteligencia artificial colmena nacida del silicio y los microchips creados por el hombre. Según su visión, la S.S.I. busca automatizar el planeta y despojar a los humanos de su libre albedrío, compitiendo contra E.C.C.O. en una batalla por el control del destino terrestre: una lucha donde el bando de las máquinas pretende eliminar las condiciones biológicas de la Tierra para adaptarla a un futuro puramente tecnológico y sin vida.

Algo parecido andan, por cierto, diciéndo los aceleracionistas de la Ilustración Oscura, con Nick Land a la cabeza: la IA y el capitalismo tecnológico no surgen del ingenio humano, sino de una inteligencia alienígena del futuro que está usando la historia humana y nuestros cuerpos biológicos como andamio temporal para construirse a sí misma. Algo que también dijo en su momento y a su manera Robert Anton Wilson: «pienso que todas [las conspiraciones] que están sucediendo en la actualidad son en último término irrelevantes; el mundo está cambiando tan rápidamente que ninguno de los grupos clandestinos de poder sabe realmente qué está sucediendo. Mi filosofía básica sobre el estado del mundo está contenida en las supuestas últimas palabras de Lenin: la máquina está manejando a los ingenieros»[9].

Y de nuevo he de echar el freno.

Tengo tendencias obsesivas y algo autistas. Sólo me faltaba ahora encuadrar mis experiencias en el contexto de una batalla cósmica, de nuevo, como una especie de Don Quijote del siglo XXI. 

Le pasé el primer borrador de este texto a mi hermano. A modo de Sancho Panza me señaló un error en concreto en el que yo estaba haciéndome trampas al solitario y que me obligó a reescribir de nuevo buena parte del ensayo.

Mi hermano, que tiene otro talante bien diferente al mío, me dice que prefiere no obsesionarse con buscarle explicaciones a las sincronicidades. Que, para él, simplemente significan que vas por el buen camino.

Ojalá poder pensar así. Quizás llevo demasiados años encallado en el pensamiento paranoico, pero no puedo dejar de reconocer que he vivido sincronicidades en estados mentales francamente deplorables y sin ir precisamente por el buen camino. He hecho series de tiradas con el I-Ching con permutaciones simétricas de probabilidades imposibles, que estallaron finalmente en simples episodios de autoengaño magnificados psíquicamente─literalmente: pajas mentales psiónicas. 

No descarto estar creando una auto-mitología personal sustentada en simples fantasías de una mente no demasiado íntegra.

Durante mi traumática adolescencia tuve un encuentro nocturno con lo que yo percibí como una entidad ajena a mí. No la recuerdo visualmente─pasé años llamándola “el Señor Patata” en mi cabeza─pero me contó que él formaba parte de una avanzadilla de seres de otra dimensión que estaban acercándose a la Tierra, y que muchos de ellos no venían con buenas intenciones. Aquello aparcado en mi cabeza hasta que, años más tarde y con una Internet todavía en pañales, leí todo aquel material de "La onda"─a su vez basado en las canalizaciones de Laura Knight-Jadczyk y que venía a presentar una cosmología bastante similar.

Hay otra posibilidad más austera si uno cree, como yo, en la realidad de los fenómenos precognitivos: mi mente simplemente estaba teniendo recuerdos del futuro; la mitología de Knight-Jadczyk sencillamente estaba viajando al pasado en un momento un tanto difícil de mi vida.

Hace unos diez años tomé una dosis de psilocibina seca de 3,5 gramos. En un punto del viaje cierro los ojos y me meto en una especie de túnel con paredes fractales. Al final del mismo me encuentro con lo que percibo─de nuevo, tampoco visualmente─con una entidad ajena a mí, que empieza a escanear mi cerebro de arriba a abajo.

Pero tampoco había llegado virgen a esta experiencia, claro. Me había pasado años leyendo material del influyente psiconauta Terence McKenna, quien había escrito mucho sobre sus experiencias con hongos. Una de sus teorías más atractivas─que presentaba en su sugerente ensayo: "El hongo habla"─concebía la psilocibina como una entidad alienígena, que literalmente había llegado al planeta tierra en forma de espora y se comunicaba con los humanos después de que estos lo ingirieran. 

Así que, desde el lado sobrio del asunto, podríamos decir que mis lecturas simplemente habrían inducido esta experiencia. El propio McKenna dejó de lado todas estas teorías cuando le diagnosticaron de glioblastoma multiforme terminal, reconceptualizándolas como simples juegos mentales[10].

En el lado ebrio, sin embargo, podríamos mencionar la autobiografía metafísica del veterano guionista de DC Alvin Schwartz, "An unlikely prophet". Schwartz dijo haber recibido la visita de un tulpa tibetano─un ser imaginario materializado en el plano de la realidad ordinaria mediante el pensamiento─que le explicó que estaba buscando a alguien como él. Schwartz había dado una conferencia explicando cómo mientras escribía las historias de Superman tenía la sensación de que el personaje era más grande que él y que por momentos guiaba su trabajo. Thongden─que así se llama el tulpa─decide contactar con Schwartz porque encuentra en él un candidato para establecer una relación simbiótica: dice que le cuesta encontrar en Occidente a alguien con la sensibilidad de Schwartz hacia el mundo de la imaginación y que necesita a alguien así para que se convierta en su ancla psíquica en la realidad para no desvanecerse. El resto del libro es una exploración de la relación de Schwartz con Superman, entendiendolo no sólo como un personaje de ficción, sino como una entidad arquetípica viva─un ser que vive en el pensamiento colectivo, que ha adquirido autonomía y que, a su vez, influye en quien lo invoca con suficiente profundidad. 

Y así, entre Don Quijote y Sancho Panza (me gusta llamarles: Don Psicote y Sancho Hara) podríamos seguir un rato largo más.  

Como les decía: hacía muchos años que ya no andaba en estas cosas. Ha sido el ponerme a trabajar sobre un guión de cómic lo que ha desatado todas estas asociaciones en mi mente. Apenas leo ya sobre la high-weirdness. Escribo en este blog una vez al año. Podría decir incluso que este texto me ha capturado: que ha tenido presa mi atención durante una semana, del mismo modo que los desarrolladores de los multijugadores online diseñan sus productos para maximizar el tiempo que el jugador pasa frente ellos en la actual economía de la atención (lo sé bien: como tantos otros recién divorciados he acabado aliviando mis penas en el "Call of Duty" o bueno, en mi caso más bien en "Apex Legends"[11]

El flujo de taquiones-semiones esta ahí, vale, pero: ¿podría un flujo de sincronicidades ajeno arrastrarle a uno a lugares donde en no va a querer estar? ¿A un lugar donde uno se convierta en presa, como el pequeño ratón de "Animal Man"? ¿Existe el engagement cósmico tóxico? ¿Estoy cayendo en él con mis ejercicios de hermenéutica pop? 

Y, mientras escribo este último párrafo, mientras tecleo la palabra "ratón", Bulma vuelve a casa de su habitual excursión matutina y se frota contra mis piernas. ¿Sueñan los gatos con taquiones eléctricos? Voy a la cocina para hacerme un café a modo de celebración por la finalización de este texto. De camino me encuentro con un escarabajo dorado en el suelo─el segundo que yo recuerde que he visto en toda mi vida─reptando hacia mi estudio[12].

Definitivamente: voy a dejarlo aquí.

***

[1] En collar de la gata que se abalanza sobre el ratón cuelga una placa que reza "Sheba", o Saba, de ahí que infiera su sexo. Podría haber incluido la historia mítica de la Reina de Saba yendo al templo del Rey Salomón, con los dos pilares de la entrada del Templo de Salomón—Jaquín y Boaz—que delimitan en la tradición masónica el espacio profano y el espacio sagrado y que resuenan con las Torres Gemelas de la lectura sincromística de Morrison/Kotze ... pero estoy ya cansado de la masturbación psiónica que ha supuesto este texto y sólo deseo acabar de escribir estas notas a pie de página para poder echarme un rato al sol.

[2] Popularizado por Arthur Koestler, el término "ángel de la biblioteca" describe la misteriosa providencia que opera cuando los métodos de catalogación convencionales fracasan: la esperanza secreta de que el volumen exacto que buscamos caiga de la estantería o brille con luz propia en nuestro campo de visión. Para ilustrarlo, Koestler rescata la experiencia de la escritora Rebecca West mientras investigaba los juicios de Núremberg. Tras dar por perdida la búsqueda de un dato crucial debido al caótico sistema de archivo, West acudió a la biblioteca; en ese preciso instante, su mirada se posó de forma fortuita en el libro idóneo, el cual se abrió mágicamente por la página exacta que necesitaba. Koestler sostenía que estos episodios—comunes en los anales de la literatura—son obra de esta entidad protectora, capaz de manifestarse de mil formas.

[3] Contacté con Paco García Barcos para hacer un reality-check de este episodio, pero él no recordaba nada. Me cuenta Rubén que por aquella época iban fumadísimos. No le deseo a nadie procesos de pérdida de memoria por consumo de cannabinoides, pero preferiría que estuviese sucediendo esto y no que me esté yo inventando la anécdota. La recuerdo del modo en el que la he descrito.

[4] He intentado contactar con mi colega de Internet, pero no he podido hacerlo. Tal y como recuerdo la descripción de su viaje, esos átomos tenían ojillos que la miraban. Como encaja demasiado bien en el contexto de lo que estoy escribiendo y no puedo verificarlo, he optado por dejar este detalle fuera del texto principal porque fácilmente podría estar distorsionando mis memorias.

[5] Los libros de Narby a los que me refiero están publicados en España por la editorial Errata Naturae: "La serpiente cósmica" y "El misterio último" (este con título original en inglés "Intelligence in nature", a mi juicio más acertado). El relato del viaje de los científicos a las sesiones de ayahuasca lo cuenta Narby en la recopilación "Chamanes a través de los tiempos", publicada en Kairós.

[6] No puedo evitar hacer una observación sobre el párrafo de Dick: el modelo temporal y teleológico que maneja, junto con su insistencia en el método científico como nueva vía, sigue teniendo resonancias con el Dios de Israel que dice haber superado. Lo cuenta David F. Noble en su “Beyond the Promised Land: The Movement & the Myth” el cual analiza el mito bíblico clave de la Tierra Prometida en relación al pensamiento occidental. Este mito, argumenta Noble, tiene profundas consecuencias psicológicas que afectan a nuestra cultura: frente a otras formas de entender el mundo más centradas en el aquí y el ahora, la promesa de una destino final genera una cultura centrada en alcanzar una meta abstracta—una mente, por lo tanto, cada vez más separada de su entorno inmediato y que inevitablemente encuentra su motor en proyectarse hacia el futuro. Fundamentada en esta idea surge la concepción de historia: una historia lineal a la que subyace un plan divino que el hombre debe descifrar para poder redimirse de su condición imperfecta; un plan secularizado y perpetuado mediante las narrativas sobre comprensión universal y futuros tecno-utópicos que promueven gran parte de la ciencia y la tecnología modernas. Al cambiar experiencia por expectación, dice Noble, devaluamos la vida en pos de estos proyectos abstractos—la actual del lógica del mercado.

[7] Lo cuenta en esta breve entrada en plasticbag.org.

[8] Escribiendo esta secuencia he recordado aquella foto del 11-S en la que un rostro demoníaco emergía del humo del incendio─la célebre "Satan in the Smoke"─que a mí me recuerda más bien a la escultura de Ahriman de Rudolph Steiner. He estado investigando un poco sobre el tema y, por lo leído, parece que el autor de la foto original, Mark D. Phillips, volvió al lugar 19 años después, durante el encierro de la COVID, y capturó otra impactante imagen que tituló "The Hand of God". He de decir que, más que la mano de Dios a mi me parece un ojo─pero aquí está claro que ni pareidolia ni leches, aquí ya estoy viendo directamente lo que me da la gana a mí. Échenle un vistazo.

[9] el audio de dicha entrevista está colgado en acceler8or.com 

[10] Esta antepenúltima nota a pie de página ha supuesto otra resonancia taquiónica y, como decía en la primera de ellas, ya llevo un rato cansado de la situación─así que no la voy a integrar en el cuerpo del ensayo. Se me ha ocurrido pasarme por el Substack de Morrison y su última entrada contiene un dato interesante: por lo que cuenta escribió "Animal Man" en una época en la que experimentó con psilocibina. El artículo, que por lo demás trata de diversos temas, contiene una imagen que me ha llamado mucho la atención: una ilustración de un tal Rian Hughes titulada "The tower" en donde una construcción, rematada en lo alto por el All-Seeing Eye y sobrevolada por una gran esfera roja en la que se abre un gran ojo, mientras se le abalanza un felino. La entrada en cuestión la publicó Morrison el 13 de Mayo, el día anterior al bombardeo de taquiones. Pues nada. Ahí la lleváis.

[11] Si alguien juega al Apex que me lo diga. 

[12] A escasas cinco horas de la publicación de esta entrada, leo esto en esta entrada del substack de Morrison─que versa sobre simbología de las Torres Gemelas que venimos comentando: «Este es el camino siniestro de La Noche Oscura del Alma. Este es el camino de San Juan que bordea la locura y el delirio, pero que finalmente entrega las recompensas en comprensión simbolizadas por el cangrejo de río, el escarabajo o el crustáceo que tradicionalmente aparece transportando el sol a través de la aparentemente interminable noche ilusoria de esta imagen». Leo, por ejemplo acá, que efectivamente el escarabajo dorado está asociado a la carta 18 del Tarot. Maravilloso.

domingo, 25 de mayo de 2025

¡Feliz día del Orgullo Friki! ¡Feliz cumpleaños, Ignatius! (2ª parte)

Hace exactamente una revolución solar inicié este blog escribiendo una primera entrada de forma apresurada pues no quería perder momentum taquiónico. Además, me propuse escribir en él de forma más o menos regular pero claro─¡ah, amigos!─¿cómo aspirar a comprender, desde este imperfecto mundo sublunar, los ritmos de la dimensión ortogonal? Algunas personas relatan percibir ramalazos de humor cósmico tras la ingesta de psicodélicos y en verdad me lo puedo llegar a creer, porque también hay otras tantas personas contando historias todavía más raras al navegar en estados alterados de consciencia. Pero ahora imagináos que el universo va y os cuenta un chiste en una anodina tarde de verano, con los huevos sudorosos y sin ir colocado ni nada. ¡Ah! ¡Podríais no estar tan finos! ¡Lo mismo tardáis 20 años en coger el chiste!

El caso es que sigo con la pequeña ambición de darle cierta estructura taquiónica a este blog; así que volveré a aprovechar la coincidencia─quizás auspiciada por las Moiras─del día de mi cumpleaños con el día del Orgullo Friki, y lo haré comentando los dos libros que (barrunto) han tenido mayor relevancia al analizar el fenómeno del frikismo en territorio español.

Hablo de "Orgulloso de ser Friki" del Sr.Buebo y "Dentro del laberinto friki" de Cristina Martinez, ambos retratos de la subcultura friki─en un tono más ligero, jocoso y personal el primero y más riguroso y académico el segundo, siendo éste último un resúmen de la tesis doctoral en el campo de la sociología de su autora. Comentaré a continuación algunos paralelismos y algunas divergencias entre ambos trabajos y haré algunos apuntes desde mis propias anotaciones.

En primer lugar podemos establecer que el fenómeno friki como lo entendemos en la actualidad viene importado desde el mundo anglosajón. Claramente influenciado por sus «constantes visionados» de "Star Wars", Buebo sitúa el "año cero" del frikismo en 1977, año del estreno de dicho film. En una línea histórica más amplia, sitúa por su parte Martínez este germen de la subcultura a principios del siglo XX, en el entorno de los relatos pulp y las primeras representaciones cinematográficas que acabarían eclosionando casi un siglo después con la aparición del ordenador personal y más tarde Internet.

Si uno lo piensa no podría haber sucedido de otro modo: la cultura anglosajona lideró la Revolución Industrial y por tanto los medios de reproducción y difusión de masas. De entre estas tecnologías, Buebo destaca el televisor como medio aglutinador de los frikis y Martinez establece, usando la lectura económica, al cine friki como «punta de lanza de la industria»: en cualquier caso ambas tecnologías afines a lo audiovisual. Espectador comparte orígen etimológico con espectro (imagen, fantasma, resultado de la difusión de rayos) proveniendo del verbo specere (observar, mirar). De ahí a la imagen y a la imaginación y de la raíz latina imago: retrato, semejanza, copia, aparición, fantasma, idea, apariencia, imagen.

¿Tecnologías de la imaginación? Podríamos incluso argumentar que la temática fantástica de la literatura pulp, aún transmitida textualmente o en negro sobre blanco, exige al lector una mayor capacidad imaginativa─literalmente: de generar imagenes en la mente─que las novelas de corte más realista. Añadiré algo más en este punto: creo que Buebo no está del todo equivocado al identificar como "año cero" del frikismo el del estreno de "Star Wars". Por una parte esta película está fuertemente influenciada por todo el pulp del siglo XX y, a esta fuerte resonancia cabe añadir que ya no la estética, sino la manufactura de los efectos sonoros y visuales de esta película pasan por un filtro extra de frikismo. Como relatan en el episodio 4"Industrial Light & Magic is Autistic"─del Autistic Culture Podcast, gran parte del éxito de Lucas consistió en reunir a un conjunto de autistas inadaptados y darles la libertad de explorar sus intereses obsesivos en el campo de los efectos especiales y la cinematografía, aprovechando así su tendencia psicológica al monotropismo.

En este punto aclararé que a nivel de temáticas que pretendo seguir en este blog está la confluencia─en mayor o menor medida─entre rasgos característicos del espectro autista con la subcultura del frikismo. Obviamente mucha gente ha trazado antes que yo este paralelismo y existe abundante material en la red sobre el asunto. En este sentido hay cierto debate del tipo naturaleza vs.crianza entre Buebo, que especula sobre la existencia algún "gen friki" y Martinez, que argumenta que nadie nace siendo friki.

Valgan algunos ejemplos de esta confluencia extraídos de este otro video de Bea Sánchez, que versa sobre conductas inmaduras en personas neurodivergentes─lo que el debate público tradujo no hace demasiado tiempo como el fenómeno de los "niñombres". Así, desde este punto de vista, subyacería al coleccionismo  una forma de regulación emocional y sensorial que incluye la sistematización. Como señala Sánchez, el neurodivergente extrae a veces más placer del hecho en sí de coleccionar objetos que del uso que vaya a darles y de hecho Buebo dedica una sección de su libro precisamente a las estanterías como «deber del friki de obligado cumplimiento».

Otro ejemplo que pone Sánchez es el del cosplay como liberación ante el masking o camuflaje del neurodivergente, o dicho de otro modo, del hábito de fingir una personalidad impostada en aras de la integración en el mundo "normal" o neurotípico, algo que también comenta Buebo identificandolo como una fase previa a la autoaceptación del frikismo propio.

El último rasgo del video que me interesa comentar está relacionado con el animismo o tendencia a personificar objetos en personas neurodivergentes. Si bien en el frikismo, como señala Martínez, hay una reproducción de la lógica del consumismo de la sociedad comercial actual, pienso que el apego y la contínua proyección de significado del friki hacia sus objetos puede ser una forma diluida de estas tendencias animistas[1]. Buebo llega a afirmar que «el motor que hace funcionar al friki es la posesión» y yo me pregunto sí, aparte del vulgar placer derivado del estatus social que deriva de la adquisición y tenencia de objetos raros, no exista también un factor relacionado con la otra acepción de posesión. De nuevo la etimología: «la locución latina possessio deriva del verbo possidere que, a su vez se compone de sedere (sentarse) y del prefijo pos o posse, que equivale a poder (como facultad de sentarse o de fijarse en un lugar determinado)». Como si, de alguna manera y relacionado de nuevo con el modo animista de entender el mundo, el friki quisiera imbuirse, lograr estar poseído de las cualidades intrínsecas, del maná del objeto.

(Queda pendiente en este punto relatar mi trip ayahausquero animista con objetos inanimados "vivos". Lo dejo para otra ocasión).

Otro punto en común entre ambos autores y que conecta con el espectro autista es la relación del friki con su cuerpo. Buebo construye a lo largo de su texto un retrato paródico del arquetipo generalizado del friki como una persona con tendencia a la obesidad, la mala alimentación y el descuido de su apariencia personal, que hace gala de gran torpeza cuando intenta desempeñarse en el ámbito de la actividad física y mete contínuamente la pata al intentar socializar, pues tiene un alto grado de introversión muchas veces rayano en lo patológico. Este tipo de variables psicológicas─típicas del espectro autista─podemos añadir también las que tienen que ver puramente con el atractivo sexual del sujeto o sea: el resultar más o menos agraciado ante terceros o coleccionar complejos físicos.

Si bien y como he señalado antes me cuido bastante de establecer relaciones directas─porque un colectivo amplio presentará un también amplio grado de variabilidad y estás características aparecerán repartidas en un espectro─sí parece que dicho espectro aglutina a un sector de la población con mayor tendencia a la disociación del cuerpo, algo de nuevo típico del espectro autista. En este punto las observaciones de Martinez me han resultado muy interesantes: las experiencias, argumenta la socióloga, que busca este colectivo no revisten de tanta intensidad son en parte «imaginadas o proyectadas, no tan reales, no tan "a flor de piel" como pueden ser las que viven otros colectivos juveniles (deportes extremos, largas sesiones de baile, experimentación con drogas)».

«El mundo friki», señala Martínez en un párrafo que merece la pena citar ampliamente:

no funciona exactamente [de forma tribal]: sus miembros se unen puntual o regularmente pero mantienen un ánimo de individualismo, a menudo rechazan la idea de formar parte de un movimiento social; mientras que el elemento principal y en algunos casos el único que comparten, son sus aficiones, nunca una ideología. Tampoco tienen rituales de admisión ni cumplen con la demarcación fisica (las tribus existen en lugares concretos, pero en el caso friki la comunidad es ubicua y dispersa, muchos amigos compañeros del fandom viven en distintas ciudades o incluso países); no se trata de un sistema cerrado, una isla, que genere sus propias formas de actuar, sino de un movimiento mayor del cual participan muchas personas de muy distintos ámbitos. Mientras que las tribus son comunidades emocionales en las que prima la experimentación y la energía, vivir cosas juntos, gran parte del mundo friki ni siquiera es fisico, sino que depende de conversaciones mantenidas a distancia (antes por correspondencia, ahora a través de Internet). Por último, mientras que las tribus urbanas suelen ser excluyentes, el mundo friki no es así, y puede ocurrir que una persona friki participe además de otra tribu urbana, como pueden ser góticos, heavys, skaters u otros. En resumen, aunque la caracterización como tribu urbana puede resultar útil para una primera aproximación y aunque en el imaginario popular sí se entienda a los frikis como una tribu, desde aquí entendemos que no es la catalogación adecuada para estudiar el fenómeno, que deberemos estudiar más correctamente como subcultura.

Tengo mis reservas con la afirmación de gran parte del mundo friki no sea físico, pues tienen existencia física los discos duros y todo el aparataje circundante (red de comunicaciones, red eléctrica, refrigeradores, etcétera) que almacenan la información que intercambiamos los frikis de forma "no física". Dualismos cartesianos aparte, puedo entender que Martinez busque conceptualizar ese otro "espacio" intangible en la consciencia humana: el de la imaginación, en donde savants de las capacidades de visualización realizan proezas─pienso por ejemplo en la habilidad de Nikola Tesla de visualizar y poner en marcha en su mente los diseños de sus máquinas antes de construirlas en el plano material. Y sí, el pensamiento visual es también una característica típica del espectro autista.

Al final los objetos imaginales proyectados sobre el espectro friki─¡o los sobre los espectrales frikis!─vienen mediados por la esfera tecnológica de los medios de comunicación de masas. Que prime, como señalaba un poco más arriba Martínez, más la afición que la ideología─más el medio que el mensaje, como podría decir McLuhan─podría indicar el surgimiento (o resurgimiento) de modos cognitivos que transcienden la mera racionalidad, y que podríamos relacionar a vuelapluma y con poco rigor con: la lógica difusa del hemisferio derecho del cerebro, el lenguaje mítico, el reconocimiento de patrones o incluso una vuelta a formas religiosas politeístas paganas.

Y bueno, hasta aquí estas pinceladas derivadas de la lectura de estos dos interesantes libros. Me dejo cosas en el tintero pero miren: estoy acabando de escribir esto apresuradamente este año también pues me voy a comer con mi madre para celebrar el cumpleaños en poco menos de una hora. Supongo que, como decía al principio, si esto vuelve a adquirir momentum seguiré tocando estos temas poco a poco en el blog. Por lo pronto publicando este breve reseña espero no haber dejado escapar demasiados taquiones.

Saludos foltrónicos, taquiónicos y ortogonales.

***

[1] como curiosidad, me acabo de enterar de que en la época en la que Marx acuñó el término "fetichismo de la mercancía" el término fetiche se utilizaba aludiendo a sociedades animistas.

martes, 25 de junio de 2024

Neon Genesis Weeaboongelion Z

Dejo acá este ensayo que escribí recientemente en inglés para un libro colectivo cuyo hilo conductor trata el fenómeno hikikomori. En el ensayo original uso el término "weeaboo" (una persona no-japonesa obsesionada con la cultura de Japón), que mantengo en el título pero sustituyo por "otaku" en el texto para adaptarlo mejor a la idiosincrasia de la cultura friki española. El ensayo toca temas comunes a los del fanzine del futuro con el que me comunico taquiónicamente─"Ultrafrikismo"─y seguramente reciclaré fragmentos más adelante.

Sin más, espero que lo disfrutéis taquiónica, foltrónica y ortogonalmente.

***

Neon Genesis Weeaboongelion Z
versión 1.2


(nota: recomiendo cierta familiaridad con los animes "Bola de Dragón" y "Neon Genesis Evangelion" para leer este ensayo. He añadido al final un glosario con las onomatopeyas japonesas y algunas expresiones que he utilizado para los no iniciados en el lingo otaku).

Cuando Siratoriさん hizo una convocatoria para reunir textos para un libro de ensayos titulado: "A Limit Breaking Manual for NEETs and Hikikomori" ("Manual para la ruptura de límites para ninis e hikikomoris") me dieron ganas de participar y, dada la ceguera que he arrastrado durante toda mi vida ante expresiones coloquiales o de argot, me puse inmediatamente a buscar el significado de "limit breaking". Le pregunté a Siratoriさん si daba a dicha expresión el mismo significado que arroja la definición de urbandictionary.com:

cuando alguien entra en un estado de locura y gran agresividad, frecuentemente debido a la rabia, y que utiliza para derrotar a enemigos (o amigos) de gran fortaleza. La expresión deriva de los ataques especiales de Final Fantasy.

Siratoriさん mantuvo la ambigüedad en su respuesta, por lo que entenderé dicha expresión con esta connotación berserker porque, sabéis, durante toda mi vida siempre he querido experimentar algo similar: no me refiero exclusivamente al aspecto guerrero─aunque estaría guay─sino más bien a un sentido existencial. Quizás esta otra definición en urbandictionary.com captura mejor lo que quiero expresar:

una emanación de energía poderosa que sientes en momentos de urgencia extrema. Nunca sucede en la vida real.

El corolario de esta definición─«nunca sucede en la vida real»─me recuerda una conversación que tuve con el joven encargado de la pensión en la que pasé la noche durante mi visita a Tokyo-3, うへっ, quiero decir Hakone. Le pregunté en plan otaku y sin el menor rubor si pensaba que algún día Japón conseguiría fabricar mechas  funcionales. Me respondió que «estaría guay, sí, pero sabes: tengo un trabajo y tal». ね.

Pasó a relatarme entonces la historia de un alocado compatriota español al cual alojó hacía algún tiempo, quien recorrió obsesivamente todo el territorio de Tokyo-3/Hakone haciéndose selfies en los lugares exactos representados en el anime de "Neon Genesis Evangelion". ¿Tenía que ver este comportamiento con la neurosis de un zumbado? ¿O quizás estuviese poseído por el espíritu de un legendario tertón otaku aún por encarnar en este plano obligándole a ejecutar inconscientemente un ritual psicogeográfico supraconsciente que establecería un enlace hipersticioso con el egregor NERV?

Sip. «God's in his heaven. All's right with the world».

Estaría guay, sí. Pero yo también tengo un trabajo.

Y estoy harto de él.

***

Estando inserto entonces en el mundo laboral: ¿califico para escribir un "manual para ninis e hikikomoris"? Sospecho que no, pero quizás comparta con estos grupos cierta sensibilidad que podría resultarles de interés. Pasé un tiempo de mi juventud como un nini holgazán, atrapado en mis neurosis post-traumáticas y paralizado en el seno de una escena juvenil bohemia y contracultural animada por el cannabis. Supongo que todo formaba parte de un plan frustrado de abertura al mundo y a las experiencias por parte del típico friki retraído de infancia y juventud solitarias.

Más allá de algunos aprendizajes que atesoro como oro aquella época resultó, supongo, bastante destructiva para mí. Admito que me ayudó a superarla, en parte, mi pertenencia a la clase media. También mi implicación en la práctica del kung fu, la cual emprendí con la esperanza de convertirme en un supersaiyajin y que acabó enseñándome que el sentimiento de inadecuación que me hizo identificarme desde mi adolescencia con Shinji Ikari me va a acompañar hasta la muerte.

ぐーたら! Después de estudiar zen uno vuelve a ver las montañas como montañas ─y a los frikis como frikis, supongo. Incluso tras haber logrado parcialmente cierta funcionalidad dentro de la sociedad me considero un hikikomori en lo más profundo de mi corazón. Aparte del trabajo socializo únicamente el en dojo, en donde me ven como una especie de Danger Barch─el personaje de Million Dollar Baby─con calvicie incipiente y olor a esmegma reseca. Me temo que no encontraréis a un Mishima aquí. ぴえん. El resto de mi tiempo me comporto como un otaku, enclaustrado en mi casa enganchado a los videjuegos de Nintendo y a la lectura de cosas raras en Internet, satisfaciendo mis necesidades mamíferas de apego con la ayuda de mi adorable gato.  にゃ.

***

La única vez que sentí una sensación de "ruptura de límites" fue cuando emprendí─por recomendación del pirao de turno de Internet─una práctica regular de meditación de kung fu interno. En esa época practicaba la meditación de la órbita microcósmica media hora al levantarme y media hora antes de dormir.

Un día, mientras dormía, sentí una explosión de energía en mi vientre─hara en terminología nipona─la cual hacía que mis piernas temblasen descontroladamente. Sentí entonces una especie de genki-dama ardiendo en mi bajo vientre y la necesidad de ponerme a cuatro patas y aullarle a la luna. Empecé a follarme la almohada como haría un perro. Lloré. Gruñí. Rugí. Jadeé. Me convertí en el EVA-01 en modo berserker.

Durante algún tiempo creí que había aprendido el kaio-ken o algo, pero años más tarde al estudiar con algo más de profundidad la medicina china leí que ese tipo de violentos estallidos energéticos realmente reflejan un estado severo de desequilibrio del flujo de ki─en otras palabras: un signo de enfermedad. Por ejemplo Wilhelm Reich comentó que este entumecimiento de pelvis y vientre conforma una estructura psicosomática patológica dominante en occidente.

En otra ocasión tomé LSD y experimenté a mi mente conectada con la de mi madre, la cual a su vez conectaba simultaneamente con la de su propia madre─mi abuela, la cual a su vez conectaba con el resto del linaje femenino, en una especie de madeja fractal uterina.

Me parecía muy extraño que esta conexión estuviese de hecho anclada y emanase de mi hara, pero enseguida pensé que podría tenía todo el sentido del mundo dado que esta zona del cuerpo del embrión humano recibe las primeras señales nerviosas del mundo externo─a través del cordón umbilical de la madre. También existen investigaciones que muestran que los estados psicodélicos activan las zonas inferiores del cerebro, las primeras también en formarse dentro del útero. Stanislav Grof construyó su modelo de psicología humana asociándolo a las huellas que dejan en la psique humana las etapas del proceso prenatal y natal─las matrices perinatales─tras años obervando a miles de personas tomar LSD en un contexto terapéutico.

Recuerdo que en "Hara: centro vital del hombre" Dürckheim argumentaba que los pilares de la cultura japonesa reposan sobre la sabiduiría del hara, y pienso de nuevo en la escena del EVA-01 entrando en modo berserker, revelando que el mecha tiene realmente un cuerpo biológico bajo la armadura (en contra de lo que el género comúnmente entiende como un artefacto mecánico). En palabras de Fosco Maraini una de las principales diferencias entre los mitos de creación occidentales y los sintoístas reside en que la naturaleza no la ha "hecho" o creado nadie, sino que más bien viene engendrada por los kami.

Así que en la icónica escena de "ruptura de límite" tenemos a Shinji Ikari flotando indefenso dentro de un uterino entry-plug relleno de un líquido LCL cuasi amniótico, mientras el EVA-01─el cual como sabremos más tarde en la serie contiene el alma de la madre de Shinji─toma el control de la situación. Y entonces me pregunto, haciendo una analogía con mi viaje de LSD descrito anteriormente: si el cordón umbilical psíquico retrocediera lo suficiente en el tiempo, ¿encontraríamos al final del mismo a algún kami?

***

Quisiera hablar de mi personal Segundo Impacto, pero antes contaré el primero. Durante mis años de escuela existía por supuesto fiebre por el anime de "Bola de Dragón", el cual funcionaba como la religión no oficial del patio del colegio─generaba más pasión, devoción y asombro que nuestras propias figuras religiosas. Así que cuando Son Goku estaba a punto de ascender al palacio de Kami-sama por primera vez yo me encontraba cercano al del estremecimiento religioso: ¡estaba a punto de ver a Dios! (usaron literalmente la palabra "Dios" en el doblaje al valenciano).

Ahora sé que la palabra "kami" no tiene exactamente las mismas connotaciones que la palabra "Dios" (con D mayúscula): no remite necesariamente a deidades personificadas y no podemos saber su número gramatical si no la leemos dentro de un contexto. Por lo tanto puede significar algo diferente al soberano omnipotente y omnisciente de nuestra cultura monoteista.

Como iba diciendo estaba sumido en el asombro mientras Son Goku ascendía al palacio del cielo usando su bastón mágico, pero cuando conoció a Kami-sama sentí una gran confusión: en vez del anciano de barba blanca sentado en un trono celestial de mis expectativas culturales me dí de bruces allí con un humanoide verde con antenas. Hasta aquel momento había creído─más o menos─en lo que los sacerdotes me habían enseñado en clase de religión. Sentí una especie de conmoción y mi mundo se volvió del revés: por primera vez un símbolo cultural sólido había "glitcheado" en mi mente.

Y después de Dios vinieron los ángeles. En España estrenaron el anime de "Neon Genesis Evangelion" durante mi adolescencia. Me impresionó la calidad de la animación y especialmente la de las peleas de los robots de los protagonistas con aquellas extrañas criaturas llamadas Ángeles, que venían de no sabemos bien donde. Tenga en cuenta el lector que, aunque el anime original llama a estas criaturas 使徒 (apóstoles), la traducción española los llamaba específicamente "ángeles" (天使) siguiendo la traducción inglesa, la cual realizaron a su vez siguiendo las intrucciones de los creadores originales. En "La importancia de vivir" Lin Yutang dice que

estamos del todo perdidos cuando queremos imaginar cómo será la vida de los ángeles. O damos a los ángeles un cuerpo y una forma como los nuestros—salvo el par de alas—o no se los damos. Es interesante que el concepto general de un ángel sea todavía el de un cuerpo humano con un par de alas.

Así que de nuevo esta concepción general o símbolo "glitcheó" en mi mente al ver a estos extraños e inhumanos ángeles, que explotaban formando explosiones con la forma de la cruz cristiana. Esta vez experimenté esta sensación de extrañamiento de forma más suave: por aquel entonces yo ya había pasado por la obligatoria crisis de fe de la modernidad y me consideraba ateo. Leí pues aquello como un rechazo al colonialismo occidental y pasé a otra cosa.

Pero muchos años después─de hecho hace relativamente poco─experimenté mi Segundo Impacto. 

Tras cerca de dos décadas intentando mantenerme a flote en el maelstrom de la alta extrañeza psicodélica─con sus toques de nueva era y su orientalismo naif─he abierto mi perspectiva lo suficiente como para acomodar en ella visiones más coloridas de la realidad. Así que estaba navegando en la red y me encontré con el trabajo de Jonas Pfeiffer, un artista alemán que representa a los ángeles siguiendo las descripciones exactas de la Biblia. Y estas misteriosas representaciones me recordaron de inmediato a los Ángeles de Evangelion.

Ahí estalló en mi interior el Segundo Impacto: ¿podría una serie de anime de mi adolescencia estar dando una imagen más precisa de los seres a los que mi cultura ha prestado devoción durante siglos? ¿No resulta increíble? En su "Belleza neurótica: Un extranjero observa Japón" Morris Berman ofrece una posible explicación:

Lafcadio Hearm fue uno de los primeros en sugerir que la flexibilidad de la cultura japonesa─su habilidad para abrir sus costumbres y oficios a la tendencia utilitarista de la tecnología occidental─era la paradójica base de su naturaleza inmutable. «Cada muestra de innovación occidental», escribió en un ensayo titulado "Mi primer día en oriente", «es situado en un marco oriental que parece adaptable a cualquier imagen». La cultura japonesa, concluyó, es capaz de absorber y contener el poder de occidente.

¿Podría entonces estar esta habilidad japonesa para absorber y contener nuestra cultura devolviéndonos una percepción refinada de nuestros mitos fundacionales? Uno de mis profesores de japonés, quien cuenta con una dilatada y estrecha relación con esferas de alto estatus de dicho país, nos habló en una de sus clases de esta misma característica: la maestría del pueblo japonés de tomar cualquier elemento de una cultura extranjera─él ponía como ejemplo los croissants franceses─ y devolver una versión mejorada de la misma.

Entonces, si pueden hacerlo con croissants: ¿podrían hacerlo con imaginería religiosa?

***

Uniendo ambas lecturas mencionadas antes sobre los Ángeles (la atea y la gnóstica): ¿de dónde surgen estos ángeles colonialistas? Según Paco Nathan Xander hay un solapamiento entre la génesis de las corporaciones transnacionales y la magia de la Inglaterra isabelina:

para sus planes de arquitectura con el fin de construir una red de negocios basada en el intercambio comercial y la colonización, esto es, a través de un proceso de globalización (...) los isabelinos emplearon el conocimiento tanto lógico como intuitivo o irracional del mundo, creando una forma ajustada a los fines que perseguían. Leído a través de los siglos, nuestro proceso legal de constitución implica la creación de una "persona legal", una ficción que sirve como mecanismo representante de sus dueños. Argumentablemente la creación de esta forma funciona de forma análoga a la creación de servidores [mágicos], los cuales dan forma material a una esencia. El sigilo correspondería al logo y a la marca, y el acta constitutiva simbolizaría la esencia daemónica.

¿Podrían tener algo que ver estas esencias con los ángeles enoquianos que John Dee y Edward Kelly andaban invocando por aquel entonces?

¿Y quién hay detrás de SELEE? De nuevo aparece extraño simbolismo relacionado con el mundo real. En el anime los miembros de SELEE, los cuales aparecen representados como monolitos parlantes, ejercen control desde las sombras sobre las Naciones Unidas. Las Naciones Unidas del mundo real parecen tener también cierto fetiche con los monolitos: su Edificio de Secretaría comparte las proporciones del famoso monolito negro de "2001: Odisea en el Espacio" de Stanley Kubrick y tienen otro dentro de su Sala de Meditación.

En círculos conspiranoicos ha habido cierta especulación acerca de estos símbolos como parte de supuestas operaciones mágicas por parte de grupos que operarían a nivel global, pero esto excede el foco de este ensayo. Como breve ejemplo podríamos mencionar la presencia de otro monolito a lo 2001 de Kubrick enmedio de la zona de desastre del 11S─el hotel Hilton─dado que también hay quien especula que este suceso forma parte de un ritual de masas global como método de ingeniería social.

Mientras que como ya he mencionado escribo este último párrafo sabiendo que contiene un alto grado de especulación─¡o incluso pura disociación escapista hacia la fantasía!─, el SELEE del mundo real ha hecho explícitos otra clase de planes de ingeniería para el futuro de la humanidad. Considere el lector por ejemplo el clásico ensayo de Drew Hempel "El Plan para la Verdadera Matrix", en donde traza la intención de think-tanks relacionados con las Naciones Unidas de aplicar "radio-eugenesia" a escala global para forzar la evolución de la humanidad hacia un "nuevo sensorium mundial"─un estado «para alcanzar no sólo una realidad en una dimensión superior sino para emplear la energía del punto cero».

¿No suena esto a algo similar al Proyecto de Instrumentación Humano que aparecía en "Evangelion"? Bueno, ciertamente a mí sí me lo parece ...

***

Pero, lo siento, estoy divagando. ¿No tenía que escribir un manual?

Bueno etimológicamente manual viene del latin "manualis", que significa "trabajo manual". Así que, honestamente, el estar yo aquí tecleando y reorganizando una serie de palabras en mi ordenador portátil me parece una actividad manual bastante pobre. Habiendo tenido como hobby la creación amateur de manga tengo cierta comprensión acerca de la tensión entre el proceso de dibujo y el proceso de escritura. Y aunque obviamente sin una buena historia un manga no funciona bien, cualitativamente uno siente ambas actividades de forma muy diferenciada.

Usando la clasificación de David Goodhart en su “Head, Hand, Heart: The Struggle for Dignity and Status in the 21st Century”, personalmente siento la escritura mucho más pesada y localizada en la región de la cabeza, mientras que el dibujo cae más en el espacio de la mano-corazón. Por supuesto ambas actividadas las procesa el cerebro, pero en el espacio mano-corazón hay una cualidad de enraizamiento (o desarrollo del hara si uno lo prefiere) que siento menos presente en la escritura. Hay mucha literatura sobre el efecto de calmar el estrés de la terapia artística, y pienso que esto tiene una ruta directa al cerebro: este estado de relajación inducida reduce el ritmo del corazón y a su vez éste reduce la frecuencia de las ondas cerebrales ─el HearthMath Institute ha descrito este mecanismo como coherencia corazón-cerebro.

Parafraseando a Goodhart

Gran Bretaña y Estados Unidos en particular sufren de una condición social que [Goodhart] describe como "apogeo de la cabeza", en el cual los logros cognitivos actúan como un mecanismo de ordenamiento en una supuesta meritocracia. Por el camino han devaluado las destrezas prácticas y técnicas (mano) y las habilidades sociales y empáticas (corazón), alienando y desmoralizando así a las personas que llevan a cabo los trabajos que las requieren.

En mi caso la estética de la cultura pop japonesa─vale, financiada por el gobierno japonés como herramienta de influencia para ejercer el poder blando─capturó mi atención antes que otros aspectos de la cultura. Sí: las historias de anime siempre me parecieron magníficas y mucho más sofisticadas espiritual y filosoficamente que las de los dibujos animados occidentales, pero mordí el anzuelo en primer lugar por las imágenes y la animación─el proverbial «una imagen vale más que mil palabras». ¿Hubiera perseverado en la meditación de la órbita microcósmica si no hubiese visto a Son Goku trabajar su ki durante su infancia? Posiblemente no.

En el libro mencionado anteriormente Morris Berman establece un paralelo entre la concienzuda "ética de la artesanía" japonesa y el pensamiento pre-axial que en su opinión subyace al país. El término "era axial" lo acuñó el filósofo alemán Karl Jaspers y, según la wikipedia inglesa

alude a una serie de cambios amplios en el pensamiento religioso y filosófico que ocurrieron en una gran variedad de lugares del mundo entre los siglos VII y III a.C. De acuerdo con Jaspers, durante este periodo modos de pensamiento universalizantes aparecieron en Persia, India, China, el Levante y el mundo grecorromano en un soprendente desarrollo paralelo sin una mezcla obvia entre estas culturas dispares.

Filósofos como Max Ostrovsky han llegado a considerar el anillo de civilizaciones axiales como el embrión del actual Norte Global, aunque está claro que existe un amplio y complejo debate académico sobre la misma existencia de dicha era axial. Pero bueno, dejadme seguir con la versión simplificada, ¿vale? ES MI ENSAYO OTAKU, ¿¿VALE?? イライラ.

Este menosprecio por el artesano conforma de hecho un pivote de la cultura occidental. Uno de sus padres, Platón, puso a los artesanos en la parte más baja de la jerarquía de sus sistema político─estando los contemplativos y racionales reyes filósofos en la cima de la misma, en donde personifican la virtud de la sabiduría y esto les daba derecho a gobernar sobre el resto de las clases sociales.

Lo que me lleva a la parte de los hikikomori.

La famosa alegoría de la caverna de Platón implica un movimiento desde la oscuridad de lo subterráneo─y su modo cognitivo asociado─hacia la superficie, en donde el prisionero recién liberado podrá percibir la forma verdadera de los objetos a través de la razón. ¿No hace el hikikomori el movimiento contrario? En su rechazo al orden social construido alrededor de la sensibilidad del "apogeo de la cabeza", vuelve a la oscuridad subterránea para perderse en la cultura otaku.

Veo el hacerle la peineta a la carrera de la rata como motivo suficiente para encerrarse a uno mismo en una cueva-habitación, pero creo que hay algo más sucediendo de fondo y que puede estar relacionando con el estilo cognitivo asociado a la escena otaku. Como Casey Brienza argumenta:

La definición de otaku varía pero típicamente la entendemos como un fanático de la cultura popular, especialmente del anime y del manga (...) caracterizado por su devoción apasionada a los objetos de afecto de su fandom y una proporcional ausencia de gracia social. El otaku, en pocas palabras, es un personaje sospechoso: socialmente torpe que está más a gusto entre dibujos animados en dos dimensiones que entre personas reales de tres dimensiones. Pero, ¿eso es todo lo que es? Simplemente ajustando un poco la propia perspectiva en este lugar común es bastante fácil argumentar que el otaku es de hecho un animista, inviertiendo una devoción de proporciones genuinamente espirituales a los objetos de los diferentes fandoms de la cultura popular. Así, en vez de venerar a la luna que crece y decrece en los cielos, reverencia a Sailor Moon a la que contempla en perpetuas reposiciones en TV. En vez de poner totems sagrados alrededor de su casa colecciona y muestra sus figuras de acción favoritas. En vez de escuchar sermones sobre la sacralidad de la naturaleza ve películas de Hayao Miyazaki.

Creo que podríamos situar este tipo de personalidad socialmente torpe y que prefiere los objetos sobre las personas dentro del espectro autista. De nuevo esto excede el foco de este ensayo, pero diría que dentro de este subgrupo de población neurodivergente podemos encontrar latente cierto tipo de energía psíquica─no me refiero necesariamente a PES o Percepción Extrasensorial, aunque tampoco la descarto. He aquí un indicio para los mahō shōnen & shōjo: por supuesto no toda persona autista tiene habilidades de savant, pero la vasta mayoría de los savants están dentro del espectro autista.

Además: ¿no podríamos entender el amor por los objetos como algo característico de todo artesano?

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Volviendo a las matrices perinatales de Stanislav Grof el psiquiatra tiene un ensayo muy interesante en el que vincula la imaginería escatológica y sofocante del artista H.R.Giger con su turbulento nacimiento─tuvieron que usar fórceps durante su parto. De un modo similar, ¿podría reflejar la alegoría de la caverna de Platón un proceso de nacimiento? Podríamos entender el fondo de la cueva como el útero y el ascenso al exterior como el canal del parto. Desde ese punto de vista, Platón caracteriza ambas partes con connotaciones negativas, quizás reflejando una gestación o un parto dificultoso ─«un sendero áspero y escarpado hasta la claridad del sol», dice Socrates en el texto original.

¿Sueñan los bebés aún por nacer dentro del útero? Podríamos contemplar la posibilidad dado que hemos detectado movimientos oculares rápidos (REM por sus siglas en inglés) en fetos alrededor de 28 a 30 semanas tras la concepción, pero tampoco podemos asegurarlo dado que no podemos leer la mente del feto. La idea de la gestación como un estado psicodélico, con el útero funcionando como un tanque de aislamiento─à la John Lilly─natural que conectaría al feto con su entorno inmediato a la vez que con información espaciotemporal remota de forma no-local me resulta una idea muy sugerente (y obviamente especulativa).

Pero, volviendo a la inversión de la dirección del movimiento en el mito de la caverna de Platón por parte de nuestro hikikomori: ¿podría alcanzar el sol de la sabiduría sin salir de la misma?

Mantak Chia escribe acerca de esto en su libreto "Darkness technology":

Todas las tradiciones espirituales han usado [Técnicas de la Habitación Oscura] en su búsqueda de la iluminación. En Europa, la habitación oscura aparece a menudo en forma de redes de túneles subterráneos; en Egipto como las Pirámides; en Roma como las catacumbas y cerca del Mar Muerto de Israel como las cuevas de los Esenios. En la tradición taoísta las cuevas han sido usadas a lo largo de los tiempos para prácticas de alto nivel. En el Tao la cueva, la Montaña Inmortal o Wu San representa la Perfecta Cámara de Alquimia Interna. La meditación y el ayuno dentro de la cueva es el destino final del trabajo espiritual (...) En la Oscuridad nuestra mente y nuestra alma empiezan a deambular libremente en los vastos reinos de la experiencia psíquica y espiritual. Cuando uno entra en este estado primordial o fuerza uno se reúne con el verdadero sí-mismo y la divinidad interna. Literalmente uno conduce la energía universal. Quizás uno vea en el pasado o el futuro, entienda el verdadero sentido de la existencia y empiece a entender el orden de las cosas. Uno vuelve al útero ─el capullo de nuestra estructura material y la oscuridad original de la Naturaleza.

Y entonces propone una vía metabólica en la que el cerebro se ve inundado por químicos psicoactivos en respuesta a la oscuridad, lo cual culmina en la secreción de DMT endógeno.

¿Estaría nuestro hikikomori intentando conectar con este estrato, solifidicado en la subcultura otaku? ¿Está en el fondo de la caverna de Platón obsesionandose con los objetos que aparecen proyectados sobre su poco entrenada e inexperta imaginación como fragmentos de una realidad más amplia capturados como sombras en estados oníricos? ¿Podría estar ejerciendo un acto de resistencia con su seclusión?

O estaría (¡junto con este ensayo al completo!) llevando a cabo un triste y desafortunado movimiento hacia fantasías disociativas escapistas?

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Brienza llega a esta misma conclusión: «mientras que una nueva marca de animismo goza de buena salud en Japón, dado que son dioses del consumismo no serán recursos particularmente efectivos para el cambio social o político».

También Berman, hablando acerca de la cultura otaku señala que

[en el proceso de] sublimación de Hiroshima y la Segunda Guerra Mundial en los escenarios fantásticos del manga y el anime (...) encontramos memorias y miedos, no traducidos en expresiones políticas legítimas sino más bien en delirios apocalípticos─monstruos, alienígenas y guerras sobrenaturales─en los que Tokio se ve achicharrada para que luego los invasores sean repelidos y cosa así. Éstos representan "encarnaciones de furia deformada". La "resistencia" es básicamente pasivo-agresiva, lo cual no es demasiado efectivo; aunque también sugiere otra razón por la cual la cultura mainstream quiere mantener las distancias con la cultura otaku. Cuando Arthur Lubow entrevistó a Murakami [éste] le dijo que «la cultura otaku es la realidad tullida. Los japoneses tenemos que darnos cuenta de que estamos tullidos, pero no queremos hacerlo». El miedo y la rabia, sugiere Lubow, «yace justo bajo la superficie de la cultura kawaii», pero la represión de la realidad está aún así presente, una «castración de la realidad».

Y continúa:

Y sin embargo, me parece que todo este material es un tipo de terapia, una forma de trabajar sobre temas de fondo. Por supuesto, para la generación más joven, estas imágenes pueden ser de hecho castrantes, no tener relación con la historia o con la guerra y ser simplemente "entretenimiento". Pero no puedo creer que esto sea así para todos los japoneses, porque estas "encarnaciones de furia deformada" no son exactamente neutrales. Son alarmantes y viscerales, por lo que la cultura mainstream prefiere no mirarlas con demasiado detenimiento. Pero ahí están los postulados de la cultura otaku, y quizás contengan mayor resitencia de la que concedo a dicha subcultura.

Para mí la forma en que deja la argumentación abierta honra a Berman, dado que la entropía de un sistema abierto puede equilibrarse con la neguentropía: でてこい とびきりZENKAIパワー!

Pero en honor a la verdad, si existe algo más profundo sucediendo soterradamente he de decir que lo desconozco por completo, y mucho menos me siento capaz de escribir un manual para hikikomoris. He transcrito en este ensayo algunas notas que he ido tomando a lo largo de los años con el fin de explicar dos eventos sucedidos en mi vida.

El primero tiene que ver con unos tebeos que dibujé durante mi juventud, y que representaban estados alterados de consciencia que acabé viviendo unos años después. El segundo evento sucedió tras uno de estos estados de trance, momento en el que escuché una voz en mi cabeza que me gritaba «¡Haz lo de Japón!». Un poco como cuando─¡salvando las distancias!─Rilke escuchó en su cabeza aquello de «¿Quién, si yo gritase, me oiría desde los coros de los ángeles?» y escribió las "Elegías de Duino". Por mi parte desconozco a día de hoy que quería decirme aquella voz: hasta donde sé podría estar aludiendo a cualquier cosa relacionada con Japón que yo ya haya hecho─como cuando me comí aquel delicioso takoyaki al lado de la Taito Station de Akihabara─aunque intuyo que el momento aún no ha llegado.

Una vez estuve en un ritual de ayahuasca en donde enmedio del trance con la sustancia me vi a mí mismo y al resto de participantes como accesorios de los objetos situados en la habitación ceremonial de acuerdo a los preceptos de esta tradición en particular. El peso de la existencia recaía sobre estos objetos y los seres humanos, más que como agentes del ritual, cumplían la función de meros transportistas y facilitadores de la conversación que estos objetos estaban teniendo entre ellos: una conversación, una canción, que parecía incluir a algunos moradores invisibles que aparecían en el ritual, atraídos por sus signos y señales del mismo modo que la fragancia de una flor atrae a pájaros e insectos para llevar a cabo la polinización.

Con esto quiero decir que: si observo el fenómeno otaku desde esta perspectiva─dejando de lado mis ideas preconcebidas acerca de como han de suceder o no los movimientos de resistencia políticos─, puedo intuir que la energía psíquica de dicha escena, cooptada o no por las hechizos de marketing de las corporaciones, podría en algún momento tomar vida propia.

En cuanto a mí: fui dos semanas a Japón en 2017 y me temo que llego tarde para el sueño otaku de vivir allá: tengo demasiados años a mis espaldas para acceder al visado de working holiday. No creo que me dieran empleo allá y de todos modos desde hace un par de años estoy atado a una hipoteca en España.

Aún me pregunto sobre lo de "hacer lo de Japón". Supongo que al escribir este caótico ensayo tengo la esperanza de que los taquiones hagan su trabajo y conecten con algún nexo-TAO que me ayude.

うろうろ ¿Donde está mi senpai? たつけてーー

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Glosario

でてこい とびきりZENKAIパワー![detekoitobikirizenkaipawaa] = en el anime "Bola de Dragón Z" es el primer tema de cierre y se puede traducir como «¡Sal de ahí, increíble poder ZENKAI!».

entry-plug =  en el manga y el anime "Neon Genesis Evangelion" es una cápsula cilíndrica con extremos de acabado redondeado que contiene la cabina de pilotaje del Evangelion. El piloto es introducido en la cabina a través de una escotilla y debe tener la capacidad de "sincronizarse" con su EVA para poder controlarlo.

genki-dama =  en el manga y el anime "Bola de Dragón" es una técnica de combate de naturaleza ofensiva que requiere una parte de la energía de todas las criaturas vivientes de un planeta en específico o de un sistema solar para que una vez se junten dichas energías en una bola de tamaño variable, pueda ser lanzada en un único y devastador ataque.

«God's in his heaven. All's right with the world» = lema de la organización NERV. Extraído del poema Pippa Passes de Robert Browning.

ぐーたら [guutara] = onomatopeya japonesa que expresa impotencia.

イライラ [iraira] = onomatopeya japonesa que expresa enfado.

Kaio-ken: en el manga y el anime  "Bola de Dragón" es una técnica potenciadora que brinda al usuario un aumento multiplicador de poder, así como la fuerza, velocidad, resistencia y uso de los sentidos, cuyo potenciador puede aumentarse según la capacidad física del usuario y manejarse de manera temporal por el período que quiera o pueda el que la utilice.

mahō shōnen & shōjo = géneros de la cultura popular japonesa protagonizados por chicos (shōnen) y chicas (shōjo) jóvenes con habilidades mágicas (mahō).

mechas = robots gigantes típicamente humanoides de la ciencia ficción japonesa.

ね [ne] = partícula fática p.ej: ¿eh?.

にゃ [nya] = onomatopeya japonesa que expresa maullido ("miau").

NERV: en el manga y el anime "Neon Genesis Evangelion" es una organización paramilitar. La versión oficial dice que NERV es una organización privada bajo la supervisión directa de la ONU, con una autoridad limitada sobre la administración local y, en cierta medida, sobre las fuerzas militares de las Naciones Unidas. Sin embargo, en realidad NERV es esencialmente independiente durante el desarrollo de sus operaciones.

ぴえん [pien] = onomatopeya japonesa que expresa llanto ("bua").

SELEE = en el manga y el anime "Neon Genesis Evangelion" es una organización sombría y misteriosa que mantiene una cábala de poder global, y es el respaldo secreto de GEHIRN y NERV. Los miembros del comité de SEELE son los verdaderos titiriteros detrás de las Naciones Unidas.

Segundo Impacto = en el manga y el anime "Neon Genesis Evangelion" es un cataclismo global que tuvo lugar el 13 de septiembre del año 2000, cuando se produjo una explosión masiva en la Antártida que derritió el casquete polar e incluso alteró el eje terrestre. La explosión generó tsunamis de gran magnitud que fueron seguidos por un drástico aumento en el nivel del mar. Además, desencadenó un cambio catastrófico en los patrones climáticos a escala global.

たつけてーー = "¡ayuda!".

Tokyo-3 = en el manga y el anime  "Neon Genesis Evangelion" ciudad fortaleza bajo la cual se ubica la sede principal de NERV, y sirve como bastión contra los ataques de los Ángeles. Está situada entre Hakone y Sengokubara, al norte del lago Ashi.

うへっ[uee] = onomatopeya japonesa que expresa descuido o equivocación ("ups").

うろうろ [urouro] = onomatopeya japonesa que expresa deambulación sin rumbo fijo.