martes, 20 de octubre de 2026

11 apuntes sobre el 11-S (Edición Especial Coleccionista 25 años)


¿Qué tal? ¿Cómo ha ido el 25 aniversario del 11-S? ¿Bien?

Estaba claro que nuestra fijación con el sistema decimal—cosas del mamífero humano y sus cinco dedos en cada mano—iba a hacer que en concreto este año muchos comunicadores le dedicasen al catastrófico evento varias retrospectivas. Yo hacía ya años que no tenía el tema en el radar, pero dado que la pasada primavera experimenté (creo) un episodio de escritura taquiónica relacionado con mi propia vivencia del 11-S, le he dedicado algo de tiempo este año. ¿Habrá generado la retrospectiva masiva algún flujo de taquiones? ¿Influyó este flujo en mi episodio de escritura taquiónica? ¿Funcionó dicho episodio como una prospectiva de la retrospectiva? ¡Ah! ¡Misterio! Paso a reseñar el material que me ha ido interesando este mes pasado—una mezcla de documentos sobre el 11-S en sí complementado con varios vídeos de lo que se rumorea, se dice y se comenta en el (descorazonador) ámbito hispanoparlante:

(1) El documental "Los Socorristas: Rompiendo el Silencio"(Prime Video)

John Kirby tiene en su haber la realización de varias piezas documentales que han cuestionado incisivamente las estructuras de poder, dinero y eventos históricos clave de la historia de los EEUU. Estrenado este 2026 por el 25º aniversario, quise ver "Los Socorristas: Rompiendo el Silencio" porque, frente a un mundo en donde la ingeniería social y los medios reescriben constantemente el testimonio directo e inmediato de la población, este documental da voz a testigos (bomberos, paramédicos y policías) que vivieron el 11-S en primera persona. Nada que no haya aparecido ya en otros mil sitios, claro, pero ha estado bien que haya quedado recogido de forma estructurada.

La historia que me ha llamado la atención: la de Bob McIlvaine, que sostiene firmemente que su hijo Bobby McIlvaine murió a causa de una fuerte explosión en el vestíbulo de la Torre Norte segundos antes de que el primer avión impactara contra el edificio. El forense detalló indicios de una gran fuerza expansiva sobre el rostro y la parte superior del cuerpo, que habrían provocado un severo traumatismo craneoencefálico. La parte posterior de la cabeza y el resto del cuerpo no presentaban lesiones compatibles con aplastamiento masivo o caída de escombros de gran altura. Tampoco quemaduras. Esta historia la ratifica, por cierto, el conserje de dicha torre, William Rodríguez—quien fue celebrado como un héroe del 11S por ayudar a salvar la vida de cientos de personas.

El testimonio de Rodríguez:

Cuando escuché el sonido de la explosión, el suelo bajo mis pies vibró, las paredes comenzaron a agrietarse y todo empezó a temblar (...) Segundos después de que la primera explosión masiva abajo en el sótano aún hiciera retumbar el suelo, escuché otra explosión muy arriba (...) Aunque no lo supe en aquel momento, esto fue el avión golpeando la torre, momentos después de la primera explosión (...) Discrepo al 100% con la versión del gobierno (...) Me reuní con la Comisión del 11-S a puerta cerrada y básicamente descartaron todo lo que dije sobre el uso de explosivos para derribar la Torre Norte (...) Y anteriormente me había puesto en contacto con el NIST sin obtener respuesta alguna (...) Les pregunté, antes de que llegaran a la conclusión de que el combustible de aviación derribó las torres, si en algún momento consideraron mis declaraciones o las declaraciones de otros supervivientes que escucharon explosiones. Simplemente se quedaron mirándome impasibles y no me dieron respuesta alguna.

Por cierto que a Jennifer Senior le dieron el Pulitzer por escribir una pieza enmarcando la lucha de Bob McIlvaine cuestionando la Conspiración del Consenso Oficial como una mera forma de procesar y canalizar el dolor. Ya debe ser duro tener a la parienta y a tus hijos en tu contra como para que encima se le una la prensa. En fin: el periodismo siempre hay que cogerlo con pinzas[1].

(2) La serie "9/11 Whistleblowers" en "The Corbett Report" (corbettreport.com)

Siguiendo con el tema de los testimonios en primera persona, acá hay una página que recopila la serie de vídeos (con sus correspondientes transcripciones) en "The Corbett Report", cuyos protagonistas vivieron en sus carnes hechos que contravienen los presupuestos de la Conspiración del Consenso Oficial. Repasémoslos sucintamente:

  • William Rodriguez, el conserje del que hemos hablado hace un momento. Añadamos un detalle extra, usando sus propias palabras: «Todo el mundo empezó a gritar: "¿Qué demonios está pasando?" y alguien entró corriendo a la oficina gritando: "¡Una explosión! ¡Una explosión!". Traía los brazos extendidos, con toda la piel despellejada desde las axilas a los brazos. ¡Colgando! Pensamos que era ropa—parte de su vestimenta—hasta que se acercó más. Venía como un zombi: "¡una explosión! ¡una explosión!". Y cuando lo miré me di cuenta de que era su piel, como cuando te quitas un guante y lo dejas colgando. Y cuando consigo verle la cara, le colgaba parte del rostro y todo el mundo empezó a gritar horrorizado. Y yo dije: "¡No te muevas!". El tipo era un hombre negro llamado Felipe David. Trabajaba para una empresa llamada Aramark».
  • Barry Jennings: subdirector del Servicio de Emergencias de Nueva York. Le convocan a una reunión de emergencia en el Edificio 7 antes del impacto de la primera torre. Acude pero allí no hay nadie, y mientras baja las escaleras para irse algo explota bajo sus pies y queda atrapado. Sigue escuchando explosiones—contradiciendo la Conspiración del Consenso Oficial pero coincidiendo con varios testimonios—y al final los bomberos lo rescatan.

    Años más tarde le explican que estaba confundido y que realmente escuchó escombros provenientes de las torres o un tanque de gasóleo que explotó. Su réplica: «Si hubiera sido un tanque de gasóleo, se habría visto afectado sólo un lado del edificio. Cuando llegué al vestíbulo estaba totalmente destruido. Parecía que King Kong hubiera pasado por allí y lo hubiera pisoteado. Estaba tan destrozado que ni siquiera sabía dónde estaba (...) y tuvieron que sacarme a través de un agujero en la pared (...) improvisado que creo que hizo el departamento de bomberos».

    Los creadores del documental "Loose change" hacen una entrevista a Jennings y lanzan un pequeño clip a modo de promoción de la próxima revisión del documental. Jennings—temiendo por su puesto de trabajo y su familia—pide que no la incluyan. Después aparece en un documental de la BBC en donde hacen que parezca descontento con ese clip. Muere en 2008 en circunstancias desconocidas. Uno de los creadores del documental contrata un investigador privado para esclarecer su fallecimiento, pero después de seguir el caso éste le devuelve el dinero, lo denuncia a la policía y le dice que no le contacte nunca más. Su familia desaparece. A partir de ahí la cosa se vuelve confusa. Los debunkers, basándose en una intervención en los comentarios de un blog firmado por su hijo, afirman que murió de leucemia. En otra intervención en otro foro, su nuera afirma estar cansada de la turba de inquisidores alternativos, y que estuvo a su lado cuando murió. Mientras escribo esto no puedo acceder a estos comentarios—dado que el blog y el foro no están ya operativos—y tampoco puedo localizar más información sobre la familia.

    Personalmente podría creer en ambas opciones a) que Jennings y la familia estén en un programa de protección de testigos y b) que Jennings realmente murió y que la familia acabase hasta las narices del personal adscrito a las Conspiraciones de los Consensos Alternativos. De todos modos: acabase como acabase Jennings, su testimonio sigue invalidando a la Conspiración del Consenso Oficial.
  • Kevin Ryan: trabajaba como técnico en la empresa que certificaba el acero con el que se construyeron las Torres Gemelas. No le cuadra que el acero cediera a los 56 minutos, cuando la certificación requiere tres horas de resistencia. Escribe a su jefe trasladándole sus inquietudes y éste le dice que están trabajando en colaboración con el NIST, que tenga paciencia. Cuando sale el informe del NIST con la teoría del pancake su empresa intenta replicarla pero no lo consigue. Al ver que su jefe no presiona al NIST con las incongruencias extraídas de sus propias pruebas físicas independientes, tira de la manta y airea el asunto en público. Resultado: pierde su trabajo.
  • Cate Jenkins: una doctorada en química que trabajaba en la Agencia de Protección Ambiental (EPA en inglés), con experiencia previa destapando escándalos ambientales como el del Agente Naranja de Monsanto. Denunció internamente que el polvo del WTC no solo contenía amianto, sino que tenía un nivel de alcalinidad extremadamente alto debido al hormigón pulverizado, y que causaría daños pulmonares químicos graves a los equipos de rescate y residentes. Mientras tanto, la EPA daba luz verde al personal para que volviesen a la rutina asegurando que no había evidencia de contaminación en el aire. Jenkins denuncia los datos falseados que apoyan esta conclusión. ¿El resultado? La echan de su puesto de trabajo y vive un calvario legal hasta que al final le acaban devolviendo su plaza 10 años después.
  • Michael Springman: funcionario de carrera de asuntos exteriores. Le destinan al consulado de Yeda, en Arabia Saudí. Estando allí repara en que, excepto él y otros dos americanos, todo el consulado trabaja para alguna agencia de inteligencia. Ante solicitudes de visado altamente irregulares, y que sus superiores le obligan a tramitar bajo amenaza de despido, empieza a investigar por su cuenta. El resultado: descubre que la oficina en la que estuvo destinado tramitó 14 de los 19 visados de los supuestos secuestradores de los aviones del 11-S—12 de ellos por parte de la misma oficial. Por supuesto Springman arruinó su carrera y sospecha que le metieron en una lista negra, dado que tras abandonar el consulado le iban rechazando el currículum allá donde fuera.
  • la propia Comisión del 11S: tras presiones políticas, Bush acaba montando la Comisión del 11S capitaneada por Henry Kissinger. Kissinger arrastraba una larga fama de encubridor de las cloacas del poder y levantó sospechas desde el primer momento, lo que hizo que al final dimitiera. Posteriormente, 6 de los 10 comisionados—Kean y Hamilton, así como Bob Kerrey, Tim Roemer, John Lehman y Max Cleland—expresaron su preocupación por el hecho de que la Comisión enfrentó engaños y múltiples obstáculos; tuvo que frenar debido a conflictos de intereses y, en última instancia, participó obligada en un encubrimiento de motivaciones políticas.

    Max Cleland dimitió porque la comisión había sido «deliberadamente comprometida por el Presidente de los Estados Unidos». Lehman admitió los altos cargos de la Casa Blanca a los que acudían para obtener documentos clave «tenían, hasta cierto punto, algún conflicto de intereses». Los miembros de la Comisión llegaron a plantearse presentar cargos penales contra los funcionarios del Pentágono que les habían mentido deliberadamente sobre la absoluta falta de respuesta militar de aquel día. Bob Kerrey se refirió al 11-S en 2009 como una «conspiración de 30 años de antigüedad».

(3) El libro "9/11 Unmasked" de David Ray Griffin y Elizabeth Woodworth (Goodreads)

Lo tenía por casa esperando su momento y parece que al fin ha llegado. Harto de ser ninguneado por las instituciones, David Ray Griffin se echó la manta a la cabeza y junto con Elizabeth Woodworth montó un panel de revisión inspirado en la metodología de los modelos de "mejor evidencia" usados en el mundo científico. Reunió a un conjunto de expertos que examinaron cada punto de conflicto con la Conspiración del Consenso Oficial en varias rondas de revisión y comentarios. Después enviaban sus votos a los dos moderadores manteniendo el anonimato entre ellos. Las propuestas debían alcanzar al menos el 85 por ciento de los votos para ser aceptadas y, aunque la mayoría de los puntos alcanzaron ese umbral, algunos no lo lograron.

Cuando uno consulta la lista de expertos está claro que acá hay trampa. Hay un claro sesgo de selección del panel y personalmente entiendo este movimiento de Griffin como una táctica para ganar legitimidad. Pero vamos, nada inédito en el mundo de la ciencia. Uno sólo tiene que leer "Tratado contra el método" de Feyerabend para darse cuenta de que este tipo de artimañas resultaron clave, por ejemplo, para establecer el modelo heliocéntrico del sistema solar por parte de Galileo. La idea de que la comunidad científica miró a través del telescopio y reconoció su error tiene que ver más con la caricatura que con las complejas dinámicas que hacen que la sociedad acepte o no las modificaciones del conocimiento. ¡Ah amigo! Esta idea tan extendida de que el estamento científico lo conforman una especie de consejo Jedi de nobles y sabios caballeros en torno a una Mesa Redonda, o lo que sea, te la puedes creer cuando tienes 18 años—pero no resiste un análisis maduro. Galileo triunfó menos por una aplicación impecable de un método científico abstracto y universal y más por su genialidad retórica, su propaganda—escribir en italiano en vez de en latín para ganarse al pueblo—y el uso de ardides persuasivos.

Dicho esto: el libro funciona como un estupendo compendio de los cuantiosos flecos de la Conspiración del Consenso Oficial, que aparecen además en diferentes frentes. Uno puede creer perfectamente que el keroseno derritió el acero en las torres y aún así quedarse pasmado con las incoherencias del resto de categorías, las cuales citaré a continuación de corrido: (1) la destrucción de las torres gemelas, (2) la destrucción del WTC-7, (3) el ataque al Pentágono, (4) los vuelos del 11-S, (5) ejercicios militares durante el 11-S, (6) afirmaciones sobre líderes militares y políticos, (7) Osama Bin Laden y los secuestradores, (8) las llamadas telefonicas desde los vuelos del 11 de septiembre y (9) trading con uso de información privilegiada.

Un tanto árido de leer y minuciosamente referenciado (¡875 notas!). Como mi perspectiva del 11-S tiene un orígen magufo, no voy a ocultarlo, he creído conveniente leer el lado más riguroso del bando de las Conspiraciones de los Consensos Alternativos.

Lo recomiendo efusivamente.

(4) El documental "September 11: The New Pearl Harbor" de Massimo Mazzucco (Youtube)

Lo que decíamos antes: Massimo Mazzucco está incluido en panel de expertos que mencionaba en el apartado anterior. ¡Todo queda en familia! Pero bueno, eso no quita que estemos ante un pedazo de documental de 5 horazas considerado por muchos como el mejor realizado acerca del 11-S. El film debe su nombre, como explican en la introducción, a que 11-S y Pearl Harbor tuvieron muchas cosas en común: (1) sirvieron para para justificar una guerra y (2) alimentar la propaganda para la misma; (3) altos cargos militares tuvieron conocimiento previo del ataque y (4) retuvieron información vital que hubiese detenido los ataques; (5) hubo denuncias previas del ataque ante el congreso y (6) las autoridades ignoraron a los oficiales honestos; (7) altos cargos militares no estuvieron disponibles durante el ataque, entorpeciendo la cadena de mando; (8) las defensas estaban debilitadas y (9) hubo ordenes directas de no interferir en el ataque; (10) la indignación de la población alimentó la disposición para ir a la guerra; (11) las autoridades montaron una dudosa comisión oficial de investigación y (12) aparecieron una plétora de debunkers dedicados a etiquetar toda evidencia en contra de la versión oficial como irrelevante.

Construido con argumentos basados en documentación de acceso público, imágenes de hemeroteca y los propios argumentos de los debunkers constituye, como reza una de las reseñas en la ficha de IMBD, «un excelente ejemplo del método socrático, mediante el cual el simple hecho de cuestionar a una persona (u organización, o gobierno) sobre su postura puede hacer que colapse y se contradiga a sí misma». Además ver algunas de las hipótesis de la Conspiración del Consenso Oficial—como la del keroseno cayendo por el hueco del ascensor—de forma gráfica permite apreciar el grado de ridiculez de éstas de un modo que la letra impresa no consigue.

Muchos puntos en común, claro, con el libro que recomendaba en el punto anterior; pero también muchos puntos que éste no toca o que no detalla tanto y que, por tanto, lo complementan estupendamente. También funciona por sí mismo perfectamente y diría al lector que, si ha de decantarse sólo por una de las propuestas de este artículo, que elija este documental sin dudarlo.

Como hasta ahora hemos incidido mucho en los testimonios directos, acabaré este apartado citando a David Miller, un socorrista y activista del 11-S que luchó por visibilizar y exigir atención médica para las personas afectadas por el polvo y los químicos tóxicos de la Zona Cero. El fragmento corresponde a un emotivo discurso que pronunció durante una conferencia y que recoge el epílogo del documental:

Esta noche quiero hablarles sobre las personas que llamamos héroes y que, en número cada vez mayor, viven en terribles circunstancias físicas y económicas mientras luchan contra los efectos cancerígenos la sopa química tóxica en la que se convirtió la Zona Cero. ¿Puede este lado de la sala ponerse de pie?

[Se levantan unas 40 personas]

Todos en este lado: ustedes, todos trabajadores de rescate, estarán muertos en 4 años. (...) esas son nuestras estadísticas, es lo que está pasando. Y en siete años [la estadística] se duplicará.Y cada vez que "Popular Mechanics" llama "chiflados" a [estas personas], estos propagandistas, mentirosos profesionales y títeres—que bajo ninguna circunstancia pueden ser considerados periodistas—clavan otro clavo en el ataúd de otro rescatista.

No creo que estemos locos; las llamadas conspiraciones son tan sólo evidencia que los tribunales no quieren examinar. Nosotros, los que todavía estamos muriendo por el 11 de septiembre, los que entramos en las torres y en esa pila de escombros, vivimos ahora con esos edificios en nuestros pulmones, en nuestros sistemas digestivos y en nuestra sangre. Para mí, y para muchísimos de nosotros, la investigación y el tratamiento efectivo van a llegar demasiado tarde. Tengo metástasis en ambos pulmones, esa es simplemente la realidad.

A nosotros también nos mataron el 11 de septiembre. Vénguennos.

David Miller murió cuatro años después, en 2010.

(5) La entrevista de Álex Fidalgo a Mark Rossini, ex-agente de la CIA (Youtube)

En serio que lo he intentado, pero no he podido. Su español macarrónico con aderezos spanglish y su deje de arrogancia de american country boy—me recordaba cada momento al Cowboy de "El chip prodigioso"—me han sacado completamente de la entrevista. Entonces, por ir a la madre del cordero, he hecho una búsqueda con la palabra "conspiración" en la transcripción y me encuentro en la marca 1:06:27 el siguiente exabrupto:

Quítalo de la cabeza, alguien piensa en esto, no escucha nada más. Okay. Porque no creo en gran conspiración, teorías de, oh, fue planeado por Dick Cheney y Netanyahu y ... FUCK YOU. ES ALGO SIMPLE, ¿OKAY? Nadie, nadie, nadie quería ... este. Quizás un Hitler, quizás este tipo de personas, pero nadie [más].

«That's just the way it is, boys». Y al acabar este alegato se pasa la mano por la cabeza peinándose el flequillo. ¡Yiii-haaa vaquero! He echado de menos que mascase tabaco y que se lo escupiese a Fidalgo en la cara. Acá el Capitán América sólo concibe al mismísimo Adolf Hitler como posible autor del atentado. En fin. Le voy a reconocer su experiencia trabajando para el gobierno de los EEUU y sus observaciones acerca de este ecosistema que vertebran su argumento: las agencias de inteligencia trabajaban en compartimentos estancos en competencia entre sí, lo cual facilitó fallos de seguridad, o lo que sea—ya digo que no he aguantado mucho de la entrevista.

Pero vamos, obviamente alguien quiso el 11-S: los dos aviones no se pilotaran solos. En otro punto de la entrevista Rossini nos cuenta que tiene complejo de Forrest Gump, porque siempre parece estar en el meollo de la cuestión sin proponérselo—refiriéndose a que Mohamed Atta andaba planeando el atentado en España justo cuando nuestro héroe andaba por allí. Su olfato de James Bond, será.

En fin. Espero que no estemos ante otro caso del—nebuloso para la psicología oficial—"síndrome del protagonista" provocado por el omnipresente virus ficcional hollywoodiense. En el mejor de los casos tenemos acá la película de un bienintencionado hijo del excepcionalismo norteamericano, el enésimo tonto útil de los valores patrios de yanquilandia—indios contra vaqueros, los buenos contra los malos, los guardianes de la libertad contra el eje del terror—que le impiden ir más allá de sus narices. Por mucho que sus narices, insisto, cuenten una parte válida de la historia.

El peor de los casos no me voy a poner a concebirlo porque mi psicólogo me dice que he de evitar en la medida de lo posible los pensamientos rumiativos negativos. Todo esto lo veo muy en la onda de otros invitados estrella del podcast de Fidalgo: Javier Sierra buscando marcianos en Roswell y J.J.Benitez recibiendo información clasificada de ex-militares de los EEUU que para nada lo estarán usando de proxy desinformativo para moldear la mitología del disenso en las colonias europeas—mierda, otra vez los pensamientos rumiativos negativos. Que llamen a Spielberg y que hagan una película retronoventera adaptando "Expediente X" a la española—y que inviten a José Mota como alivio cómico, por favor, menudo puntazo.

(6) ¿¿¿El 11-S Es Una MENTIRA??? (Youtube)

Siguiendo con el canal de Fidalgo y en otro tono muy diferente al del vaquero anterior, rescataré este clip del año pasado con Juan José Sánchez-Oro—un tipo que me cae bien y cuyo libro "El pacto. Reptilianos y gobiernos. Un mito contemporáneo" leí con sumo interés. En el clip básicamente Sánchez Oro defiende los matices en gris dentro del mundo de las Conspiraciones de los Consensos Alternativos; en uno de los extremos de estas narrativas pone a la hipótesis del fallo humano de seguridad—básicamente lo que dice Rossini—y en el otro extremo, el de los lunáticos, la hipótesis de que no hubo aviones en el 11-S sino hologramas en una especie de montaje hollywoodiense.

Está bien que abra la puerta a la hipótesis del autoatentado—aunque de forma indirecta—mencionando que finalmente parece haber consenso entre los historiadores de que el atentado de Pearl Harbor puede interpretarse como de falsa bandera. Luego incide en que sin los conocimientos técnicos adecuados resulta imposible, para quien quiera adentrarse en debates técnicos—como los de la hipótesis de la demolición controlada—formarse un criterio riguroso. De ahí a la aceptación de que lo que nos pueda parecer o no va a partir de una hermenéutica propia, acompañada de un buen fardo de sesgos cognitivos, y de lo acertado o no de las heurísticas que confeccionemos al procesar la gran maraña de sensaciones corporales y narrativas contradictorias que generó el fenómeno.

Que nos fiemos de nuestro sentido arácnido, vaya. En este aspecto Sánchez-Oro comparte con los espectadores dos de sus intuiciones.

En primer lugar piensa que la reacción de Bush, paralizado en aquella guardería, lo dejaba en mal lugar y que de haber sido un evento planeado le habrían puesto en otra situación diferente. Sin embargo, podemos hacer la lectura inversa. El mencionado"9/11 Unmasked" cita al experto en violencia política y secretismo gubernamental, Philip Melanson: «ante un ataque terrorista en curso, el procedimiento debería haber sido llevar al presidente al lugar seguro más cercano lo más rápido posible» y concluye que «esta ruptura del protocolo sugiere que el Servicio Secreto, en algún nivel, sabía que el presidente no corría peligro».

En segundo lugar menciona la anécdota de que el Pentágono reclutó a un grupo de guionistas de Hollywood—entre ellos uno de los de "La jungla de cristal"—para crear escenarios que podrían ayudar a prevenir futuros atentados. Esto evidenciaría, para él, que la cosa les habría pillado por sorpresa. Bueno, usando el razonamiento anterior de Rossini, podríamos argumentar que habría pillado por sorpresa quizás solamente a una facción poco informada de los servicios de inteligencia porque, echando mano de otra conocida anécdota, la posibilidad de ese tipo de ataque tampoco resultaba tan descabellada: ya en 1962 la Operación Northwoods propuso tomar un avión civil real (por ejemplo, fletado con falsos estudiantes universitarios) y hacer un duplicado exacto (un dron o avión idéntico por control remoto); en pleno vuelo, el avión real aterrizaría secretamente en una base militar y los pasajeros cambiarían de identidad. Mientras tanto, el avión duplicado (vacío) seguiría la ruta simulando llevar a los civiles, emitiría una señal de auxilio diciendo que estaba siendo atacado por misiles cubanos y explotaría por control remoto en el aire. Esta hipótesis, por cierto, la desarrolla en relación al 11-S el mencionado documental de Mazzucco.

Por cierto que me ha parecido enternecedor cuando Sánchez-Oro menciona el sincromisticismo encuadrado en «temas así de estudios religiosos». Jajaja. ¡Pero Juanjo, hombre! Que yo estuve allí y te aseguro que allí lo que habían eran un puñado de chavales bastante frikazos drogándose y viendo muchas películas colocadísimos—pocos "estudios religiosos" pude ver, más allá de cuatro lecturas desubicadas de Carl Jung. (En realidad Sánchez-Oro no habla de lo que los muy cafeteros entienden como sincromisticismo, sino más bien de experiencias precognitivas relacionadas con el ataque del 11-S. Sobre esto el libro "El Septimo Sentido: La Mente Extendida" de Rupert Sheldrake tiene varios pasajes de lo más interesantes).

(7) The Wild Project #326 - El Análisis Definitivo del 11-S con un Arquitecto (Youtube)

Un programa de 4 horas de Jorge el Asilvestrado con el arquitecto Nacho Tellado que al parecer, yo lo desconocía, saltó a la fama como tertuliano en "El Chiringuito de los Jugones" analizando con tecnología punta, o algo así, los fuera de juego de La Liga Española de Fútbol.

En la primera hora y media del programa, la he ido pasando rápido con el teclado, habla de su saga familiar con la arquitectura y nos deleita con vericuetos, anécdotas y maravillas del mundo del noble arte de la edificación y el urbanismo.

Luego pasa describir la estructura de las Torres Gemelas: cimentaciones, resortes, cerramientos. Pilar de cero corte. Cerchas, espesor de forjado. Las chapas grecadas. El forjado DEC, la vermiculita. A todo eso Jorge el Asilvestrado asintiendo solemnemente en todo momento y apostillando como apostillaría viendo un episodio de "El Chiringuito de los Jugones": brutal, crack, bestial. En un momento de lucidez nuestro presentador resume sagazmente este despliegue de conocimiento técnico: «Bueno, entonces lo que quieres decir es que estaban BIEN HECHAS, ¿no? No tenían ningún ERROR DE BULTO. ¿verdad?».

Jorge Asilvestrado: sin duda el lápiz más mazado del estuche.

Y luego ya empiezan a analizar todo el tema del 11-S. Tellado, en sus propias palabras, va a defender «la versión académica rigurosa y oficial y en la que yo invito a creer». ¡Ah bueno! Todo acompañado de unos gráficos 3D, la verdad que bastante currados, que Jorge el Asilvestrado no cesa de alabar: qué chulo, guapísimo, impresionante, una barbaridad, que pasada. Mientras tanto, Tellado hace un gran trabajo neutralizando cada pensamiento intrusivo que le viene a la mente cuando detalles de la versión oficial que no le cuadran le generan disconfort psicológico: «a mí eso también he de decir que a veces me raya un poco» o «esto desafía un poco también leyes del sentido común de la física, ¿no? Pero yo aún así, te vuelvo a repetir que creo que es un cúmulo de situaciones». LOL.

Jorge Asilvestrado confiesa en un punto de la entrevista: «me encanta hablar de ese tema, pero yo también soy de la corriente que oye, esto fue un atentado terrorista, punto final y ya está». El cowboy de nuevo: «that's just the way it is, boys». Oh yeah. «The Wild Project, baby», contesta Asilvestrado cuando descubre el "easter egg" to guapo que le ha dejado Tellado en la animación 3D, cual juego de la Play. Farmeando viewers ahí, tt.

Como he dicho más arriba no voy a comentar los aspectos técnicos del debate. Aparte de algunas afirmaciones tendenciosas, mucho de lo que argumenta Tellado ya está argumentado en otros sitios y existe réplica por parte de las Conspiraciones de los Consensos Alternativos.

El detalle, para mí, más gracioso de la presentación de Tellado—y su argumento central—consiste en que el núcleo del edificio estaba afectado y por eso colapsó la torre. Y para eso traza una línea roja sobre la cornisa del edificio y lo va parando cuadro a cuadro, señalando que la antena central se hunde y que esto demuestra que el núcleo estaba comprometido.

Digo que me resulta irónico porque lo de trazar lineas en vídeos e ir deteniendo la imagen del video cuadro a cuadro conforma casi un meme, muy parodiado, cuando lo llevan a cabo "los conspiranoicos". Resulta todavía más irónico que lo presente como una especie de investigación novedosa a nivel mundial—«aquí en The Wild Project estamos haciendo historia», proclama a los cuatro vientos Jorge Asilvestrado—cuando por ejemplo en el mencionado "September 11: The New Pearl Harbor" lo mencionan de pasada un par de veces y sin necesidad de tanto artificio. Que lo ha visto medio mundo, rediós, que no estáis descubriendo la pólvora.

Nada que decir, por otra parte, acerca del argumento. De hecho lo veo elocuente. ¿Qué podría haber pasado? No sé. Que le pregunten a William Rodriguez.

Chartjunk. Mathwashing. Sciencewashing. Hay muchos términos que describen lo que Richard Feynman bautizó como Ciencia del Culto al Cargamento: presentaciones que simulan tener todas las formas, la estética y el aparataje de la ciencia—gráficas impecables, terminología compleja, gráficos 3D—pero a las que les falta la honestidad intelectual. «El primer principio es que no debes engañarte a ti mismo, y tú eres la persona más fácil de engañar», decía también Feynman.

Así que no nos engañemos. Está claro que al final Jorge el Asilvestrado va a seguir la lógica hiperbólica de la sociedad del espectáculo de masas, y te va a presentar al tertuliano-técnico con notoriedad en el ecosistema mediático como "el análisis DE-FI-NI-TI-VO del 11-S". Hubiera estado bien un debate con un experto crítico con la Conspiración del Consenso Oficial. Pero cuando Jorge Asilvestrado invita a lo que él denomina "conspiranoicos" aparece Mr.Tartaria contando su viaje interdimensional en la Antártida y Rimbel35 hablando del aparato que unos seres extraños le pusieron a su abuelo en el oído. De nuevo la lógica del espectáculo y del circo del clickbait: hace falta la hipérbole y la reducción a la caricatura para generar impacto. La misma búsqueda de atención que muchas veces también tienen, todo dicho sea de paso, las Conspiraciones de los Consensos Alternativos que tienden a defender las hipótesis más exóticas—como, de nuevo, la de los aviones holográficos.

En ambos caso, creo yo, está operando el virus ficcional hollywoodiense que decíamos antes.

Con todo esto no quiero decir que esté contra este tipo de programas, ni mucho menos. De hecho creo que tienen su utilidad como material antropológico o para generar heurísticas provisionales, como ilustraré en la siguiente reseña. Pero no sé, Jordi: para estas cosas llama a la otra también, qué se yo, a un Lorenzo Ramírez, a un Carlos Sánchez o a los de Terra Incognita—por mencionar a bote pronto los que me vienen a la mente—y no al primer apollardao que te ofrezcan los entornos del colegueo mediático, ¿eh?

(8) el video del debate de Judie Wood con Greg Jenkins (Youtube)

La magia de los comentarios en Internet. Acababa de descubrir que Michael A. Hoffman II tiene un substack y andaba leyendo lo que ha estado escribiendo acerca del 11-S. En eso que en la sección de comentarios alguien le pregunta por el trabajo de Judie Wood.

Un poco de contexto. De las hipótesis alternativas sobre el 11-S despuntaron, sobre todo, (1) la de la demolición controlada, (2) la de armas nucleares tácticas miniaturizadas y sin duda la más exótica: (3) la de las armas de energía dirigida o DEW (Directed-Energy Weapons). Según sus defensores, los perpetradores del atentado habrían utilizado rayos de energía dirigida—tecnología láser o de microondas de alta potencia, supuestamente desde el espacio o plataformas secretas—para "desintegrar" los edificios en pleno aire.

Estuve en su día tentado de hacerme con el libro de referencia de esta hipótesis, "Where did the towers go?" de la mencionada Dra.Judie Wood—una profesora universitaria con títulos en ingeniería civil, ingeniería mecánica e ingeniería de materiales. Al final lo dejé pasar porque bueno: aunque tuve buenas aptitudes para la ciencia y las matemáticas en el instituto, todo aquello lo perdí y ahora casi que me cuesta dividir a mano. No me creí capaz de seguir el razonamiento técnico de Wood. Además la escena alternativa norteamericana empezó a tratar el libro casi como una verdad revelada, lo cual me tiró si cabe más para atrás.

De todos modos tenía la referencia almacenada en algún lugar polvoriento (¿dustificado?) de mi mente hasta este mes cuando, como iba diciendo, leí que alguien le preguntaba en los comentarios a Hoffman por Wood. Hoffman muestra su descreimiento y recomienda un paper crítico del físico Greg Jenkins. Ni que decir que ni he pasado de la primera página del paper—he visto las fórmulas matemáticas y me he asustado—pero una cosa ha llevado a la otra y he encontrado este vídeo con un debate entre Jenkins y Wood.

No me explayaré más. Incluso sin poder seguir el debate técnico al 100% la grabación da un montón de información acerca de los emisores de cada hipótesis. A mi juicio, y sin necesidad como digo de entrar a discutir aspectos técnicos, creo que la Dra. Wood está aquí—o al menos lo aparenta muy fuerte—en busca del flogisto. Apreciación personal, sin duda, y susceptible de revisión. Pero así funciona el perspectivismo, supongo. El conocimiento no surge generado en el vacío de un hipotético espacio mental platónico-newtoniano, sino que viene filtrado por los loops del sistema nervioso del emisor del mismo—y también de los de sus receptores. Y a juzgar por su actitud a la defensiva y las distorsiones que proyecta sobre su interlocutor al ver cuestionada su hipótesis, no me extrañaría nada que hiciese lo propio con sus propias teorías.

Y aún estando Wood en lo cierto, el resultado final tampoco varía tanto. En ambos casos, en el de la demolición y las armas de energía dirigida, tenemos del mismo modo un plan para provocar intencionalmente una catástrofe. 

Que los árboles no impidan ver el bosque.

(9) el especial 25 aniversario del 11-S del podcast "Clave 45" (Youtube)

Conducido por Gerarld Dean y David Santiso, hay algo en este programa que me genera ciertas reservas. Quiero decir, en principio la premisa me gusta: se presentan como «el programa para aquellos que intuyen que las conspiraciones existen», lo cual hace que me cuente entre su target.

Hagamos antes de seguir un inciso. Habrán notado que en lo que llevamos de texto me he referido en todo momento a la Conspiración Oficial del Consenso Oficial y las Conspiraciones de los Consensos Alternativos, simplemente porque entiendo la palabra "conspiración" en su sentido etimológico original: viene del latín y está compuesta por el prefijo con- (que significa "junto", "con") y el verbo spirare (que significa "soplar" o "respirar")—con la connotación de sonar al unísono, concordar o actuar en concierto. La connotación de la maquinación malévola también existe, pero surge más tarde. De forma similar, la palabra "consenso" se compone del prefijo con- ("junto", "con") y el verbo sentire (que significa "sentir", "percibir" u "opinar") y denota un acuerdo general, conformidad o aceptación común entre los miembros de un grupo tras un proceso de diálogo o entendimiento mutuo. Hay muchos consensos en el tema 11-S: el oficial, la sección del autoatentado con explosivos, la sección de los mini-nukes o incluso la de los aviones holográficos. Y siempre parten de una conspiración: la de las personas que se unen para llegar a dicho consenso.

Todo gran relato social—venga desde el sector oficial o desde el sector alternativo—nace de un grupo de personas poniéndose de acuerdo (conspirando) para establecer qué debemos dar por sentado (consenso).

Volviendo al tema que nos ocupa, en "Clave 45" satirizan a gran parte del Mundo del Misterio™ y a la Sección Lunática de las Conspiraciones de los Consensos Alternativos—cosa que me parece sana, la verdad. Tienen invitados de primera línea y sus monográficos están muy bien documentados. Y sin embargo, como decía, hay algo que no me acaba de convencer. Quizás tenga que ver con mi propia pertenencia a dicha Sección Lunática (socio numerario 23) pero intuyo, además de que las conspiraciones existen, que hay cierta animadversión hacia las mismas en el programa. Me da la impresión de que los presentadores imitan el tono sosegado escéptico para desestabilizar algunos argumentos mediante falacias y tretas sutiles.

Ni que decir que tienen puntos válidos. En este programa me he enterado por primera vez que la famosa historia del pasaporte de Mohamed Atta apareciendo entre los escombros forma parte del folclore de las leyendas urbanas. En realidad estaba en una maleta sin embarcar en Boston—el libro de Griffin mencionado antes analiza lo rocambolesco de la dichosa maleta, pero no hagamos largo esto. En el podcast también ofrecen una explicación, elocuente a mi juicio, que invalida la hipótesis de las mini bombas nucleares.

Tocamos hueso con otros puntos. Para explicar testimonios como los del anteriormente citado William Rodriguez simplemente citan la versión oficial del NIST como contraargumento sin incidir mucho más. Y repiten este patrón durante todo el podcast. A modo de ejemplo de esta deriva, analizaré algunos puntos en los que creo podríamos ir más allá de lo que lo hacen nuestros intrépidos locutores:

  • la existencia de insider trading: hablando sobre los movimientos bursátiles sospechosos que alguien realizó los días previos a la catástrofe, Dean nos recuerda: que «las investigaciones bursátiles [llevadas a cabo por la SEC] concluyeron que no existían pruebas de que las compras estuvieran relacionadas con conocimiento previo a los ataques [dado que] aproximadamente 95% de las acciones de ventas sobre United Airlines fueron adquiridas por un inversor institucional estadounidense sin vínculos a Al-Qaeda». Nótese la lógica circular del razonamiento: asumen que el atentado lo llevó a cabo Al-Qaeda y que nadie más pudo haberlo planeado.

    Después Dean, dejando espacio a la sospecha, citando tres estudios que llevaron a cabo una serie de econometristas durante la década posterior y que apuntaban de hecho a la existencia de este conocimiento previo. Dean cita entonces el "Memorando Fénix" como posible inspiración para los traders para ejecutar las operaciones bursátiles, pero a mí no me resulta verosímil: pasan unos 50 días entre la recepción del "Memorando Fénix"—que advertía sobre árabes matriculados en escuelas de aviación—y el 11-S. Las opciones financieras de venta (put options) tienen fechas de expiración muy cortas y cuesta dinero mantenerlas abiertas. No veo una línea lógica entre una alerta preventiva desatendida por la burocracia del FBI y unas operaciones bursátiles con un timing muy ajustado que las optimiza.

    Y hay una cosa más. Dean finaliza este bloque diciendo que «la venta de las acciones de United Airlines y American Airlines fueron anómalas (...) pero la SEC investigó [y dijo] que no encontraron pruebas de que esta gente tuviese información privilegiada para hacer esas ventas». Plantearlo de esta forma puede inducir al error de pensar que la investigación oficial rebatió los estudios llevados a cabo por los econometristas. Debe quedar claro que las conclusiones de la SEC tuvieron lugar en 2002, y que los estudios críticos aparecieron en 2006, 2010 y 2011. Desde entonces no han recibido refutación profesional o gubernamental alguna.
  • En cuanto las teorías de que Larry Silverstein contrató la poliza de seguros antiterrorismo de las Torres Gemelas—y el también de su propiedad edificio 7—Dean aporta el dato de que las aseguradoras, desde el atentado a las Torres Gemelas de 1993, exigían este tipo de pólizas de forma rutinaria. Así que no podríamos justificar de este modo la hipótesis de que Silverstein tenía conocimiento previo del atentado y que lo aprovechó para enriquecerse. Hasta aquí bien.

    Al final de este segmento Dean alude a los mediáticos litigios de Silverstein con las aseguradoras, y Santiso implica que dichos juicios sirvieron para demostrar que él no tenía información privilegiada, a lo que Dean asiente. Pero en realidad estos juicios no trataron en ningún momento de esta cuestión. Un simple desliz de nuestros locutores, pensando de forma benevolente. Sin embargo, omiten la otra pata sobre la que se sustentan estas hipótesis: la feliz casualidad—Lucky Larry Silverstein, dicen sardónicamente los malpensados—de haber anulado sus reuniones esa mañana en las Torres Gemelas por acudir a una cita con el dermatólogo por insistencia de su esposa.

    De nuevo, uno podría pensar de forma benevolente y simplemente ver los designios de la Diosa Fortuna en acción. Pero mis pensamientos rumiativos negativos no me dejan en paz desde que topé con este artículo que detalla que no sólo Silverstein evitó de forma fortuita su visita al WTC esa mañana. También lo hicieron: sus hijos Roger y Lisa Silverstein—ese día llegaron ambos tarde al trabajo, por separado, su publicista, Howard Rubenstein, que retrasó su cita de las 8 de la mañana y también su mano derecha, Geoffrey Wharton, que atendió a las reuniones habituales pero se fue antes. Otras figuras prominentes también cancelaron o vieron alterados sus planes esa mañana en el WTC como Jim Pierce (el primo de Bush Jr.), Sarah Ferguson (duquesa de York) y muchos otros que incluirían—LOL—a Jackie Chan o a Michael Jackson. Recomiendo la lectura del artículo para la lista completa de estos suertudos, además del contexto político en el que nadaban. Como concluye dicho artículo: «existe otra posibilidad de que toda esta gente sobreviviera, aparte de la intervención divina o de una larga serie de coincidencias. Esta sería que existía cierto grado de conocimiento previo dentro de los círculos de la élite sobre el 11 de septiembre».
  • Sobre el episodio de los Israelis Danzantes también pasan de puntillas, afirmando Santiso que la prensa elucubró la historia sin conexión alguna con documentos oficiales y zanjando Dean el asunto con "su famosa conversación" (¿?) a la hora del café en el curro con un compañero judío sionista que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, pasó a relatarle una serie de observaciones que no aportan nada al tema que nos atañe.

    Pero sí: ha habido declasificación de documentos oficiales sobre este incidente, que ha tenido una evolución periodística más allá de la anécdota—que me ahorraré acá por no alargar esto mucho más. Recomiendo el visionado de este video de James Corbett, o la lectura de este artículo de Russ Winter o de este otro de Whitney Webb. Por cierto que es esa época Netanyahu llamaba todos los domingos por la tarde a su amigo Silverstein—aunque todo esto no debiera hacernos concluir que el 11-S lo llevara a cabo Israel, o no al menos en su totalidad[3].

Mención especial a cuando Santiso—un rato después de deshacerse en alabanzas hacia el videoanálisis de Tellado y Asilvestrado, ay que me LOL—comenta las críticas a las anomalías en los vuelos de los aviones y afirma que, en un audaz arrebato de rigurosa documentación, se puso el "Flight Simulator" de Microsoft y que las maniobras para estrellar las torres no le parecieron para tanto. LOL. Le sugiero que incluya esta gesta como DLC en la próxima actualización del videojuego que anda vendiendo en Steam y que anuncia al principio del podcast. ¡Ah! ¡Y que llame a Nacho Tellado para que le haga el 3D!

Y bueno: remito de nuevo al documental de Massimo Mazzucco en el que discute, entre otras cosas, cómo la velocidad de los aviones rebasaba en más de 300km/h su Velocidad Máxima de Operación (VMO) y las consecuencias para el pilotaje que esto pudo tener. ¡Si hasta salen dos notas en una cabina de simulación de vuelo profesional! Sé también que hay una asociación de pilotos que agrega más de 200,000 horas de vuelo que ha criticado este y otros aspectos de la narrativa de la Conspiración del Consenso Oficial, pero como digo no quiero meterme en exceso en el barrizal técnico—no sé nada apenas de estas cosas.

En otro momento del programa a Santiso "se le cae el relato" porque «¿desde cuando Estados Unidos ha necesitado un motivo para atacar a otro país?». Pues no sé David, lo dices como si nadie hubiese estudiado geopolítica con perspectiva histórica. Como si Río Bravo, el hundimiento del Maine o el Lusitania, el incidente del Golfo de Tonkín, las armas de destrucción masiva en Irak o las armas químicas en Siria no hubiesen planteado serias dudas a los historiadores. Como si al Estado norteamericano no le hubiese venido bien tener un shock traumático a modo de casus belli para abrir los grifos del presupuesto del Congreso, superar las resistencias del estamento legal y diplomático internacional o movilizar a una opinión pública reacia a enviar a sus hijos a morir al extranjero.

Podría seguir un rato más desmontando otras verdades a medias de nuestros locutores, como cuando dicen que al final todo se reduce a que jamás en la historia había chocado contar un rascacielos "una bomba volante" en forma de 767. En efecto: tácticamente nadie había utilizado en la historia de la aviación moderna un reactor comercial lleno de combustible a modo de misil teledirigido en un ataque suicida contra un rascacielos. Pero omiten la otra media verdad: los ingenieros estructurales del WTC (John Skilling y Leslie Robertson) sí calcularon formalmente el impacto frontal de un Boeing 707—un reactor de tamaño, masa y velocidad comparables al 767 del 11S—y diseñaron la malla exterior de columnas de acero para soportarlo sin que el edificio se desplomara.

Como iba diciendo: podría seguir un rato más, pero creo que con esto tenemos suficiente. No quisiera, empero, finalizar este apartado sin comentar algo más—esta vez desde el plano psicológico. Y lo haré en contestación al diagnóstico que hace Dean de los defensores de las Conspiraciones de los Consensos Alternativos, verbigracia, que el ser humano no tolera la incertidumbre y, ante un vacío de conocimiento sobre geopolítica, relaciones EEUU/Oriente Medio o terrorismo islámico, los ignorantes ciudadanos van a crear relatos de la nada como mecanismo de defensa en torno a sus prejuicios. El humano sesgo de confirmación haría el resto para abonar un campo de "teorías de la conspiración".

Mientras que básicamente estoy de acuerdo con el mecanismo que describe Dean, no coincido en su diagnóstico de los defensores de las Conspiraciones de los Consensos Alternativos como gente que desde el desconocimiento se hace trampas al solitario—lo que implica que la gente que sí tiene conocimiento no se las hace. Quiero decir, uno puede ser completamente analfabeto y aún así pensar que, si medio cuerpo de bomberos que estuvo allí habla de que escucharon explosiones—con testimonios directos incluso anteriores al choque de los aviones—puede que ahí haiga gato encerrado.

El sesgo de confirmación funciona en ambas direcciones, y al calificar la disidencia como un simple mecanismo de defensa de indocumentados el programa incurre en la trampa de reducir testimonios empíricos de primera mano a meros prejuicios psicológicos—para así no tener que procesar la anomalía.

¿Y qué le puede llevar a Dean a no procesar la anomalía? Me voy a permitir dar yo también una explicación psicologicista, ya que he recibido una por su parte.

Dean relata que él vivió el 11-S en primera persona, dado que cuando ocurrió la catástrofe él estaba viviendo en Brooklyn. Cuenta cómo los días posteriores la gente viajaba en metro con cara de shock—un shock interno prolongado por la falta de información clara sobre los motivos del ataque. Hay un estudio[3] que analiza el bienestar psicológico tras el 11-S en relación al tipo de narrativas que diferentes sujetos emitieron sobre el suceso.

En concreto dicho estudio contempla tres variables: (1) cierre (closure), la sensación de haber concluido, resuelto o integrado plenamente una experiencia pasada en el relato de la propia vida; (2) redención (redemption), estructura narrativa en la que un suceso negativo o traumático acaba transformándose en un resultado o aprendizaje positivo y (3) contaminación (contamination), una estructura narrativa en la que un estado o evento inicialmente bueno o neutro se ve arruinado por un giro trágico o traumático.

El estudio muestra que narrativas altas en cierre correlacionan con mayor bienestar psicológico—básicamente el argumento de Dean. Lo interesante viene ahora: las narrativas de redención y contaminación no influyeron en el estado psicológico del sujeto, excepto en el caso de que el sujeto hubiese tenido una experiencia directa o cercana del evento—en el caso de Dean, a escasos 10 km del WTC. Las narrativas de contaminación en este caso predicen problemas mentales. Y otra cosa más: las narrativas de redención nacional predicen mayor bienestar mental que la de carácter personal.

Lo que me lleva a Frank Miller. El afamado autor de cómic vivió muy de cerca el 11-S, como Dean. Miller pudo ver el humo saliendo de las torres desde su apartamento en Manhattan, a unos 5 km. De todo aquello salió "Holy Terror", una novela gráfica en principio pensada como una aventura en la que Batman se enfrentaba a Al-Qaeda—del mismo modo que Superman o el Capitán América se enfrentaron en el pasado a Hitler. DC Comics acabó rechazando la obra por su tono explícitamente propagandístico e islamófobo. Miller la acabó llevando a término de todos modos sin usar al Caballero Oscuro, y reflexionaba así sobre las vivencias que le llevaron a dibujar el cómic:

Por primera vez en mi vida sé lo que se siente al enfrentarse a una amenaza existencial. Quieren que muramos. De repente me doy cuenta de aquello de lo que hablaban mis padres durante todos estos años. Ahora creo que el patriotismo no es una presunción sentimental y anticuada. Es autoconservación. Creo que el patriotismo es fundamental para la supervivencia de una nación. Lo dijo Ben Franklin: «si no nos mantenemos todos unidos, todos seremos ahorcados por separado».

Miller venía por aquel entonces del libertarianismo antiestado estadounidense, y el 11-S lo llevó a posturas conservadoras. Dean, sin embargo, está en un lugar diferente del espectro político. En el podcast sostiene que los Bush aprovecharon el suceso para barrer hacia casa y acelerar su maquinaria de guerra en Oriente Próximo. Además el compadreo petrolero y financiero entre Washington y Riad—los Bushes y los Bin Laden eran íntimos amigos—le llevó a proteger a los saudíes únicamente por mero amiguismo comercial y/o corrupción de su entorno, lo que llevó a los fallos de seguridad que permitieron el 11-S.

Hay acá, volviendo al estudio de antes, una mezcla de contaminación y redención. Aunque los ataques puede achacarse indirectamente a un gobierno corrupto, sigue existiendo una narrativa redentora a nivel nacional: debemos luchar para echar del poder a esa facción política para mejorar la nación. En cualquier caso, el cierre—Al-Qaeda como único autor del ataque—sigue intacto. Examinar las anomalías que llevarían a concluir en un autoatentado, por demasiado contaminantes, irían contra el instinto de autoconservación del que hablaba Miller.

Sobre esta narrativa de Arabia Saudí ha escrito por ejemplo Michel Chossudovsky, encuadrándola en una maniobra de control de daños. Al centrar la culpa en Arabia Saudí como financiador de Al-Qaeda y acusar al FBI de encubrimiento, la desclasificación de las 28 famosas páginas inicialmente censuradas realimenta indirectamente la versión oficial. Al mismo tiempo, arroja una cortina de humo sobre las evidencias físicas de las demoliciones controladas y el misterioso colapso del Edificio 7. Irónicamente, como nos recuerda Chossudovsky, los artífices de esta maniobra propagandística (Bob Graham y Porter Goss) actuaron los meses inmediatos al atentado limitando el alcance de las pesquisas, frenando las exigencias de rendición de cuentas y protegiendo a la administración Bush-Cheney.

Frank Miller al final se retractó de "Holy Terror":

Mi trabajo siempre refleja por lo que estoy pasando. Cuando miro cualquiera de mis obras puedo sentir cuál era mi estado de ánimo, y recuerdo con quién estaba en ese momento. Cuando miro "Holy Terror"—algo que, la verdad, no hago muy a menudo—puedo sentir literalmente cómo la rabia se expande desde las páginas. Hay partes sanguinarias más allá de lo concebible. (...) No quiero borrar capítulos de mi propia biografía, pero no sería capaz de volver a hacer ese libro.

Ánimo Gerald. Tú también puedes.

(10) Derribar las puertas del templo: Un ritual crowleyano para inaugurar el Eón de Horus | Pura Virtud (Youtube)

Con el directo que emitió Guillermo Arellano en su canal en youtube "Pura Virtud: Cine y Literatura" entramos de lleno en el área esotérica. Arellano, armado con un envidiable bagaje cultural, analiza la posibilidad de que los atentados del 11-S escondieran realmente un ritual ocultista. Me interesa y me fascina sobremanera este marco simbólico—aunque con bastantes matices diferentes. No quisiera convertir esta crítica en un ejercicio de lo que Freud denominaba "el narcisismo de las pequeñas diferencias"; difiero en demasiados aspectos con él como para considerarlo así. Con todo, me parece de los comentaristas más interesantes de estos temas en castellano y sigo con bastante asiduidad sus programas, de los cuales siempre acabo aprendiendo.

Dicho esto, y en concreto con el video que nos atañe: para mi gusto Arellano usa un entusiasmo y un tono excesivos por momentos, que lo convierten a mis ojos en una especie de monje-guerrero de la apofenia, en ocasiones demasiado expeditivo. Sustentaré esta caracterización repasando algunas afirmaciones de su pieza:

  • los Beatles deben su nombre a Aleister Crowley, dado que este tenía un club llamado "El escarabajo dorado". En realidad los Beatles deben su nombre a un juego de palabras entre beat (ritmo) y beetle (escarabajo). Puede consultarse la historia completa en beatleswiki.com. Tampoco encuentro referencias—que me corrija alguien si lo consigue—del supuesto club de Crowley. El hallazgo más similar al que he llegado: un poemario que tituló "The Winged Beetle".
  • el 11 de Septiembre los judíos conmemoran la destrucción del Primer y el Segundo Templo de Jerusalén—ambos con los dos pilares Jaquin y Boaz custodiando el acceso, que a su vez simbolizarían las Torres Gemelas. Mientras que como digo la línea simbólica me interesa, los judíos realmente celebran la esta festividad (el Tisha b'Av) en julio o agosto. En 2001 cayó en domingo 29 de julio.
  • los estudiantes de la guardería que George Bush visitaba en el momento de los ataques recitaban macabramente, en una especie de ritual satánico, una serie de palabras sacadas de un libro infantil: kite (cometa), hit (golpear), steel (acero), plane (avión), must (deber/tener que). El cuento, protagonizado por una cabra—la cual simbolizaría a Baphomet—realmente existe: se titula "The Pet Goat" y está incluido en "Reading Mastery II: Storybook", un libro de ejercicios de lectura en el currículum de enseñanza primaria norteamericana. 

    Al leer esta teoría uno piensa en el metraje de la catástrofe, con el salmo sonando en segundo plano e intercaladas imágenes de los niños recitando con los ojos en blanco auspiciados por Baphomet. Esta escena, por cinematográfica, le hiela a uno la sangre. Como hemos visto más arriba, puede que alguien realmente sí podría haber guionizado la visita de Bush, aunque la realidad resulta al final más prosaica: las palabras del ejercicio que repiten los niños difieren sustancialmente de la versión paranoica: kite, kit, steal, playing, must. Por cierto que las fotos de Bush con el libro invertido porque Anticristo, de las que también hablaron muchos, parece que fueron manipuladas digitalmente.

Luego tenemos todo el tema del capítulo piloto de "The Lonely Gunmen" y la programación predictiva. Lo he mencionado en algún otro lugar: mi interés por los aspectos ocultos del 11-S nace de un dibujo que realicé, colocado de hierba, la semana anterior del ataque—y que en mi mente predijo el acontecimiento. Esto de la precognición (inconsciente) le ha sucedido a muchos artistas—pienso por ejemplo en Parravinci, Jack Kirby o incluso Francisco Ibañez—y hay incontables ejemplos dispersos en el pop del siglo XX que no glosaré acá. Cuando Arellano y otros autores presentan este tipo de casualidades—cuya existencia no voy a negar—como prueba de que los magos negros llevan preparando al milímetro y durante décadas el ritual del 11-S, siempre pienso en mi experiencia. Que yo sepa no pertenezco a ninguna logia ni a ninguna élite social, ni estaba participando en ningún plan oculto de condicionamiento de las masas cuando dibujé aquello.

Sucede lo mismo con otra de estas anomalías que Arellano menciona: las autoridades deciden 33 años antes del ataque a las Torres Gemelas que el número de emergencia nacional (911) coincidirá con la fecha del atentado, para así programar la conciencia de la población con la idea llevar a cabo una inversión mágica en el inconsciente colectivo. No sé. Uno puede pensar todo esto también desde el ángulo de la retrocausación: quizás alguno de los presentes en la junta de AT&T el día que decidieron usar el dichoso número tuviese habilidades psiónicas latentes y sintiese precognitivamente el gran impacto psíquico que viviría en 2001. Desde el otro extremo del nodo espaciotemporal, este impacto habría viajado atrás en el tiempo hasta su inconsciente, justo en el momento en que levantó la mano para hacer su propuesta. En este caso no tenemos a un mago negro eligiendo conscientemente un número mágico: en este caso hay un número—mágico o no—eligiendo a un teleco medio brujo con las neuronas quizás hiperexcitadas porque el café de la máquina estaba ese día demasiado cargado.

O podemos incluso pensarlo desde la idea de un universo asociativo como el que describe el trabajo de Rupert Sheldrake. Pienso últimamente mucho en lo bien tirada que está la metáfora de Arthur Koestler de "los surcos del azar". Imagine el lector que este tipo de nodos sincrónicos—creados o no de forma consciente—de alguna manera fueran arando el tejido espaciotemporal del universo, creando sendas en la salvaje maleza de los niveles primordiales de la materia. Acá de nuevo no tendríamos a nuestro mago negro, ni siquiera al número viajando directamente a otro punto de un nodo; acá tendríamos un montón de canicas numeradas lanzadas al azar y distribuyéndose caóticamente por estos surcos del espaciotiempo.

Lo cual no quiere decir que no existan agentes que quieran introducir esas modificaciones, claro. Y eso me lleva a otra de las afirmaciones de Arellano: la de que las pirámides de Guiza—y más incomprensiblemente, el World Trade Centre—están alineadas con Orion. Esta idea viene de la profusa literatura sobre arqueología alternativa del siglo pasado, pero como señalaron Lynn Picknett y Clive Prince en "The Stargate Conspiracy", en realidad surge de un cúmulo de inexactitudes y manipulaciones que buscarían, precisamente, la creación de una nueva religión de masas a nivel mundial. Acá tendríamos a Arellano haciendo más profundo, paradójicamente, el mismo surco que pretende denunciar.

Hacia el final del podcast Arellano resuelve que el Culto de Saturno está detrás de todo. Según este cada vez más extendido memeplex, las élites adorarían al planeta Saturno a través de símbolos cúbicos (como la Kaaba o el cubo de Astor Place). El tema me interesa como fenómeno estético emergente en Internet e incluso, poniéndome algo magufo, como meme hipersticioso. Pero, como detalla este exhaustivo artículo, aunque existen asociaciones históricas y astrológicas antiguas entre Saturno, deidades y ciertos pueblos, la iconografía específica del Cubo Negro carece de respaldo histórico previo a la era digital.

Me cuesta creer entonces en un culto de adoradores a Saturno, que llevaría generaciones alimentando un egregor desde una cadena de sociedades secretas mientras opera mágicamente un plan maestro cuyo penúltimo desarrollo habría sido el 11-S. Me cuesta también creer, como defiende Arellano, que Stanley Kubrick concibiese "2001: Odisea en el Espacio" como «la gran película de programación predictiva sobre lo que ocurrió en 2001».

Digo que me cuesta por una sencilla razón: la nave de Bowman viaja hacia Júpiter en vez de a Saturno. Si tanta importancia tenía Saturno para Kubrick en su operación de Revelación del Método[4], digo yo que no hubiese accedido a cambiar el planeta. Arellano reconoce esta contradicción durante su alocución e inmediatamente empieza a hacer encaje de bolillos para justificarla: tiene sentido porque en ese momento había una conjunción con Júpiter y en el WTC hay una esfera que simboliza a Júpiter—porque no tiene anillos—y los magos negros habían ya calculado que Júpiter estaría en confluencia en Géminis (las dos torres) ese día. Luego ya empieza a desbarrar con que si el WTC se abrió un 13/11, y que si multiplicas 13 x 11 obtienes el número 33—hasta donde sé 13 x 11=143—y luego que si el falo de Saturno apuntando al cinturón de Orión y el matrimonio de Guillermo de Inglaterra y Kate Middleton coincidiendo justo con la psyop que escenificó la muerte de Osama Bin Laden (aunque lo primero sucediera el 29 de abril y lo segundo el 2 de mayo).

Ejem. Ya saben por donde voy: los excesos del pensamiento lateral y del reconocimiento de patrones. Nada que no me haya pasado o que me pase a veces a mí también, ¿eh Guillermo?. La Sección Lunática de las Conspiraciones de los Consensos Alternativos tiene estas cosas[5]. Hay también en esta búsqueda un juego de espejos: en el reflejo del "mago oscuro" aparece al figura del "héroe que descubre al mago oscuro". Una figura igualmente mítica, atrapada en su propia necesidad de redención, que necesita desesperadamente de la omnipotencia del monstruo para justificar su propia fantasía de poder y su rol de salvador[6].

Volviendo a "2001: Odisea en el Espacio": en primer lugar, y si he aplicado bien el minicursillo express de astrología que he hecho esta mañana—no me ha llamado nunca la materia—la mañana del 11 de Septiembre de 2001 Júpiter no estaba en conjunción con Géminis; estaba en conjunción (conjunción por signo, un tipo menor de conjunción) con Cáncer. En segundo lugar, Kubrick no puso a Júpiter conscientemente en la película porque tuviese información privilegiada de los planes de la élite, sino por necesidades técnicas; irónicamente él de hecho quería usar Saturno—como en la novela de Clarke—pero las limitaciones de los efectos especiales de la época para reproducir los anillos lo hicieron imposible.

Y acá es donde esta crítica ha dado un giro inesperado hacia la extrañeza, que he de confesar me ha cogido desprevenido. En la mente de Kubrick (o Clarke) Saturno estaba destinado a aparecer en la película, sí. Pero hay más: la esfera que Arellano asocia a Júpiter (la escultura "The Sphere", creada por Fritz Koenig) está situada en el centro del complejo original del WTC, en la Austin J. Tobin Plaza. Minoru Yamasaki (el arquitecto original del complejo) profesaba fe musulmana y, al diseñar la mencionada plaza tomó como referencia conceptual el diseño de la Gran Mezquita de La Meca, y la disposición geométrica alrededor de la Kaaba—donde una estructura o hito central destaca en medio de una gran explanada rodeada de fuentes o agua. De esta extraña manera sí podemos relacionar "The Sphere" con el Cubo Negro de Saturno.

Y otra cosa más: me he encontrado, como digo, en mi apresurada incursión en la astrología de guerrilla—corríjanme si me equivoco—con que ese día Géminis estaban en conjunción (por signo, de nuevo) con Saturno y la Luna, cosa que me ha dejado completamente atónito[7]. 

Además, desde el ángulo defendido por Richard Tarnas en esta conferencia sobre astrología arquetípica, el 11-S podría deberse a una conjunción de Saturno y Plutón. Por lo visto las alineaciones del ciclo Saturno-Plutón han marcado históricamente los mayores momentos de crisis y reestructuración global del último siglo, detonando el estallido de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), la Segunda Guerra Mundial (1939-1941), el inicio de la Guerra Fría junto a la partición de la India/Pakistán y la creación de la CIA y de Israel (1947-1948), los atentados del 11S y la "Guerra contra el Terror" (2001-2002), y la pandemia de COVID-19 con sus confinamientos y reordenamiento mundial (2020).

¿Qué tenemos aquí, entonces? Como decía antes podríamos pensar—aparte de en un gran plan maestro para un egregor que los magos negros conjuran desde eones—en un terco "surco del azar" que intenta emerger en esta realidad caóticamente. O quizás en magos negros inconscientes, poseídos por este surco astrológico de Plutón-Saturno que defiende Tarnas. En otras palabras: podemos pensar que la creación coincidente en el tiempo de "2001: Odisea en el Espacio" (novela y película) y la construcción de las Torres Gemelas no se debió al simple azar. Pero no necesariamente tiene que existir un plan maestro detrás: en 1968 "la meteorología" de los astros andaba revuelta al transitar una oposición Saturno-Plutón y Clarke y Kubrick, y las mentes detrás del WTC habrían conectado—inconsciente o supraconscientemente, como prefieran—con este "surco del azar".

Que estas mentes estuviesen alineadas con esa frecuencia gracias a prácticas esotéricas tampoco lo descarto, claro. No veo como excluyente a ninguna de las opciones mencionadas, en definitiva. Pero sigo sin acabar de ver claro si el mundo de las Conspiraciones de los Consensos Alternativos está saliendo del surco o lo está haciendo más profundo. 

(11) el tweet (bueno, bluit) más frívolo del 25 Aniversario (Bluesky)

Y el premio es para Noel Ceballos, en este bluit. Una imagen vale más que 1000 palabras:

Pues eso. Ceballos tiene un libro titulado "El pensamiento conspiranoico", que me voy a ahorrar comentar ahora. Ya lo haré más adelante. De momento, Noel: déjate ya los helados, hombre, que llevas años con la matraca ganglioneuralgica esfenopalatina esa tuya que aburre ya hasta a las piedras.

*** 

[1] John Swinton (1829-1901), antiguo jefe de la redacción del New York Times, sobre la profesión periodística: «No existe la prensa independiente. Vosotros lo sabéis y yo lo sé. No hay uno de vosotros que se atreva a escribir sus opiniones sinceras, y si lo hacéis, entonces sabéis de antemano que nunca aparecerán impresas. Se me paga semanalmente para mantener mis opiniones sinceras lejos de la publicación con la que estoy vinculado. Vosotros cobráis sueldos similares pagados por cosas semejantes, y cualquiera de vosotros sabe que sería tonto escribir opiniones sinceras, si no se quiere terminar en la calle buscando otro trabajo. Si permito que mis opiniones sinceras aparezcan en mis escritos antes de veinticuatro horas, mi trabajo se habría esfumado. El trabajo del periodista es destruir la verdad; mentir categóricamente; pervertir; vilipendiar; actuar servilmente a los pies de Mammon, y vender a su país para ganarse el pan diario. Vosotros lo sabéis y yo lo sé la tontería que supone hacer prensa independiente. Somos herramientas y vasallos de los hombres poderosos que actúan detrás de la escena. Somos los muñecos que brincan por medio de un hilo, tiran de la cuerda y nosotros bailamos. Nuestros talentos, nuestras posibilidades y nuestras vidas son propiedad de otros hombres. Somos prostitutas intelectuales».

[2] Citando desde este artículo de James Corbett: «los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 fueron complejos e intrincados. Necesitaron de la complicidad de numerosos funcionarios gubernamentales, mandos militares, agentes de inteligencia y empresarios privados de diversos países. Esta es la razón por la cual la frase "El 11-S fue un trabajo interno", en la medida en que implica que esos ataques fueron obra exclusiva del gobierno de los EEUU—visto como una entidad monolítica—puede funcionar bien como un eslogan (...) pero es una mala explicación de los hechos. Del mismo modo, la frase "El 11-S fue un trabajo israelí" tampoco logra captar la naturaleza polifacética de una operación coordinada a nivel internacional como fue el 11-S. Sin embargo, negar que la inteligencia israelí tuviera algún papel en los acontecimientos del 11 de septiembre sería, a estas alturas, francamente ingenuo».

[3] "The Political Is Personal: Narrating 9/11 and Psychological Well-Being" (pubmed)

[4] La Revelación del Método que propuso Michael A. Hoffman II sostiene que las élites de poder ejecutan rituales de control social mediante la exposición previa o implícita de sus propios crímenes y simbolismos en la cultura de masas. Lejos de ocultar sus intenciones, revelan el plan para involucrar al público de forma subconsciente, generando una complicidad tácita y un estado de apatía generalizada que paraliza la resistencia al asumir la inevitabilidad de los hechos.

[5] desde esta entrada de la extinta web acceler8or.com: «los psicodélicos (...) son a la vez potenciadores y distorsionadores de los patrones de reconocimiento. Es como si una vez que la mente se hace demasiado consciente y obsesiva sobre el reconocimiento de patrones se vuelve ilusoria. (...) Es esencialmente lo que vemos suceder con Phillip K. Dick (…) la capacidad de la mente humana para buscar compulsivamente las mismas conexiones/explicaciones una y otra vez no tiene límites—sin importar lo adictivos o no que puedan ser los psicodélicos desde un punto de vista meramente químico. El mismo fenómeno puede observarse en cierto tipo de ocultismo. El Hermetismo puede convertirse en un ejercicio de conexiones sin fin, y es asombroso cómo hasta el ocultista con mayores capacidades intelectuales puede convertirse en un teórico de la conspiración de la noche a la mañana. Los psicodélicos, y otras formas de consciencia no-ordinaria pueden mostrar que existen más cosas en la mente humana—y posiblemente en el universo—de lo que podemos percibir normalmente, pero cuando perdemos la capacidad de distanciarnos críticamente de esas experiencias el peligro de autoengaño es enorme».

[6] desde esta entrada del extinto blog "The Archdruid Report" de John Michel Greer: «(…) la controversia se despliega al amparo de un mito con profundas raíces en la consciencia popular. Puedes llamar a esta historia la de “El Hombre Que Descubre el Pastel”, la cual conoces bien: salió ayer por la noche por la TV; la novela de misterio que viste el otro día junto a la caja del supermercado va sobre esto, lo mismo que cinco de las seis películas que alquilaste la semana pasada y posiblemente alguno de tus sueños recientes. 

La historia empieza con un suceso terrible. Hay una obvia explicación para ella, pero también hay una persona que se da cuenta de que hay mucho más en juego de lo que está a a la vista. Tras una solitaria búsqueda acompañada de ridiculizaciones y evasivas por parte de las autoridades oficiales, el héroe destapa la verdad y la revela al público en un acto de redención que frustra al villano, salva los inocentes y a menudo lo hace caer en brazos de la chica de la película. No siempre se trata de ficción, tampoco. La mayoría de mitos son son ciertos al menos durante algún tiempo (…) el mito del hombre que descubre el pastel funciona lo suficientemente como para que los departamentos de policía contraten detectives, los países establezcan agencias de inteligencia y la gente ordinaria se haga preguntas aunque las respuestas iniciales parezcan evidentes. 

Como cualquier otro mito, sin embargo, la historia del hombre que descubre el pastel dota de sentido completo solo a algunas situaciones, de sentido parcial a otras y de ningún sentido a otras tantas. A pesar de las afirmaciones más entusiastas de Joseph Campbell, no existe un monomito, no existe una narrativa que dote de sentido a cualquier situación. Y sin embargo, el mito que nos hallamos discutiendo es seductor, debido a su promesa de poder implícito. El hombre que descubre el pastel no tiene otro tipo de poder excepto la habilidad de descubrir la verdad, y en el mito ése es todo el poder que necesita. Así pues es un mito muy llamativo para la gente que se siente impotente y que cree saber algo que los demás no saben. El problema es que este mito puede ser una distracción [dado que] el hecho de que un mito deje de ser útil no lo hace necesariamente menos llamativo». 

[7] Me ha interesado sobre todo el aspecto de la Luna, porque aparece muy prominentemente en relación a las Torres Gemelas en mi episodio de escritura taquiónica.

miércoles, 10 de junio de 2026

Love is in the air: sobre la conversión de Ernesto de Castro al catolicismo

Realmente no entiendo por qué tanto revuelo alrededor de la conversión de Ernesto Castro al catolicismo. Personalmente me parece un vector lógico.

Ya le vimos de sumiso en una performance femdom, vistiendo una camiseta de la selección de fútbol versión Segunda República española; nada que no suceda habitualmente cuando la selección española ofrece a la Gran Madre Cibeles el exceso de testosterona derivado de sus triunfos futbolísticos. Durante el Imperio romano la colina del Vaticano albergó un conocido templo dedicado a la diosa Cibeles. Dicha colina debe su nombre, a su vez, a la diosa Etrusca Vatika─representada con orejas de animal, del mismo modo que el arnés que Castro llevaba en dicha performance.

La Gran Madre en acción, dicho de forma escueta. Castro dice que su conversión la auspició la Virgen de Montserrat. El culto a las Vírgenes Negras está profundamente ligado al sincretismo con el mundo pagano. Muchos identifican a La Moreneta, sentada en un trono con una esfera que simboliza el universo y con el niño Jesús en su regazo, con las antiguas imágenes del culto de Isis e Horus.

Llevo años pensando que la cristiandad, a pesar de su revestimiento patriarcal, contiene memes profundamente subversivos respecto al patriarcado judío. Que María Magdalena anunciase la Resurrección de Cristo va en contra de las normas de la sociedad judía, en donde las mujeres no podían testificar legalmente. La tradición cristiana, sin embargo, la denomina "Apóstol de los apóstoles" (apostolorum apostola).

María. Magdalena. Madre. Mamá. Ma. Matriz. Materia.

A través del latín la partícula indoeuropa "ma" converge con el significado de madera y madre. Los antiguos entendían la madera, la materia, como "la madre" o la fuente original a partir de la cual construían y formaban las cosas. 

Creo que por esto San José se dedica a la carpintería. Entiendo la estructura de la Sagrada Familia como esencialmente matrifocal; María tiene un hijo fuera del matrimonio y San José ejerce la función de padre putativo. Uno puede transponer fácilmente este modelo al de las sociedades avunculares, en donde los hermanos de la mujer llevan a cabo la crianza y el padre biológico apenas tiene un papel en la misma.

Como detalla David F. Noble en "A world without women" el cristianismo conformó en sus inicios una subcultura para las mujeres de la clase alta romana que, huyendo del patriarcado romano, llegarían a establecer en la Europa medieval templos mixtos en donde ambos sexos podían oficiar.

Del Cristo histórico con rasgos árabes al "Jesucristo Superstar" de Hollywood hay una progresiva feminización de la iconografía de Cristo. Como un plan urdido a través de los siglos al estilo de las Bene Gesserit de Frank Herbert, en donde la Gran Madre va ganando terreno a los hombres de forma subversiva─necesariamente de este modo dada su desventaja en el enfrentamiento directo.

Hay quien dice que Ernestro Castro está actuando de forma oportunista. Puede que lo esté haciendo, pero no creo que haya que descartar que esté actuando de forma sincera. Un peón más de las Bene Gesserit. Un nuevo sacerdote castrado del Culto a Cibeles. 

Un engranaje más del tecnofeminismo. All you need is love. Dios es amor. 

Love is in the air.

O como decían los QAnon─los últimos tontos útiles que ha generado la subcultura conspiranoica: trust the plan.

lunes, 25 de mayo de 2026

¿Sueñan los gatos con taquiones eléctricos? O: ¡Feliz Día del Orgullo Friki! ¡Feliz cumpleaños, Ignatius! (3ª parte)

banda sonora utilizada durante la escritura de este texto: Chrono Trigger | Psychedelic Prog Rock | Complete Soundtrack

Empecé este blog hace dos años haciéndolo coincidir con mi cumpleaños─que coincide a su vez con el Día del Orgullo Friki─jugando con la idea de aprovechar un (hipotético) flujo de taquiones. La última entrada fue exactamente hace un año, obligándome a escribir para poder permanecer en ese (hipotético) flujo de taquiones para que, de ese modo, la (hipotética) estructura taquiónica que andaba armando no perdiera momentum.

Remarco lo de hipotético porque algún lector como mi colega intenáutico Marc me ha transmitido cierta alienación por mi aparente creencia ciega en los taquiones, a lo que debo responder que, en fin: intento darle al blog un tono irónico básicamente porque bastante triste es la vida ya. Y que ya vengo con los huevos pelaos del agnosticismo de modelos de Robert Anton Wilson─primo hermano del perspectivismo de Nietzsche─y que en principio intento no creerme todo lo que pienso acerca de la realidad; o bueno, no al menos de forma consciente, claro, porque luego el inconsciente funciona de forma caprichosa y vegetativa y acaba adhiriéndose a todo tipo de creencias por cuestiones de supervivencia, tabúes, reproducción o a saber qué otros resortes evolutivos.

Como mamífero humano no creo tener inmunidad sobre este tipo de procesos.

Pero me disperso. Este año no iba a escribir nada. Mi mundo creativo transita ahora otro sendero. Sí, pensaba en dejar como un pequeño teaser un retrato que mi buen amigo y sensei Mister Hikki me está haciendo mientras escribo estas líneas. Por aquello de, nuevamente, no perder demasiados taquiones.

Pero unos diez días antes de la efeméride, de sopetón, ese momentum taquiónico me ha golpeado repetida (e hipotéticamente) durante toda la mañana. Así que me he liado la manta a la cabeza y he acabado escribiendo un texto intentando transmitir al lector esta misma vivencia de bombardeo supraliminal para celebrar debidamente mi entrada (y la de este blog) en el Tercer Año Solar de mi Era Taquiónica.

(He de decir que los taquiones han estado golpeandome hasta la última revisión del texto, horas antes de su publicación. Estos desarrollos ulteriores están recogidos en las notas a pie de página, al final del texto). 

***

Todo empieza en junio del año pasado, justo un par de semanas después de haber publicado la entrada anual del blog que celebraba el Segundo Año Solar de mi Era Taquiónica. No exageraré si digo que llevaba por lo menos 20 años sin leer uno de mis cómics predilectos: "Animal Man", guionizado por Grant Morrison. Digo "predilecto" no en un sentido de calidad global de la obra, sino más bien por el impacto que tuvo en quien esto escribe─y que, a juzgar por los acontecimientos, sigue teniendo.

Caía la noche y me llevé el primer retapado de la serie de la editorial Zinco a la cama. La primera página del segundo número, "Vida en la jungla de asfalto", abre con una secuencia en la que unos ojos felinos dirigidos al lector surgen de la oscuridad de un escondrijo. Un ratón de campo ronda ese escondrijo. La última viñeta de la secuencia vuelve a mostrarnos a una gata de frente, rompiendo de nuevo la cuarta pared, mientras se abalanza sobre el ratón. Después, un fundido a negro.

Estaba yo deslizando mi mirada sobre esta secuencia cuando, de sopetón, mi gata Bulma se abalanza sobre mí, dándome un pequeño susto. «¡Qué gracioso!»─me digo─y escribo un post en X contando la anécdota. alguien contesta que le parece una «sincronicidad de libro»─yo diría más bien que de cómic─y sigo leyendo la historieta, que no llego a terminar porque me quedo, en otro fundido a negro, sobadísimo a los cinco minutos.

Al día siguiente vuelvo a acostarme con la intención de seguir leyendo el cómic, que retomo por el mismo número dos. Cuando empiezo de nuevo con la secuencia de la primera página Bulma vuelve a aparecer de la nada, abalanzándose de nuevo sobre mí en uno de sus típicos juegos que emulan la caza. Esta vez no lo cuento en X, porque pa qué, pero el suceso me tiene pensando el resto del año. Desde esta doble coincidencia─sincronizada a su vez con la relectura del cómic que más me marcó durante mi adolescencia─he andado preguntándome: ¿acaso percibió mi gata un (hipotético) flujo de taquiones conectando estos eventos?

¿Sueñan los gatos con taquiones eléctricos?

***

No me pregunto si los animales persiguen flujos de taquiones por primera vez.

Estoy hace 15 años en casa de mi madre. En aquella época andaba leyendo sobre chamanismo, en una mezcla de textos académicos y neochamanismo pop con ecos de la New Age. Sigo dándole vueltas a una voz que escuché tras un estado alterado de consciencia que me impelía a ir a Japón. Decido, en un acto supongo que un tanto naïf, buscar un animal-tótem relacionado con el folklore japonés que me dé suerte. Tras navegar la red un rato acabo eligiendo la libélula roja─akatonbo (赤とんぼ) en japonés. Representa─leí por aquel entonces─cambios positivos, resurgimiento, fuerza y prosperidad. 

Acto seguido, cuando salgo a la calle, encuentro en el jardín de casa de mi madre una libélula roja y, junto a ella, un sobre de azucarillo vacío en el que había escrito algo sobre el amor.

Hace 4 años estoy de nuevo viviendo en casa de mi madre. Me fui a trabajar a otra provincia, tuve una relación larga con una mujer que al final salió mal y me volví a mi ciudad natal. Tengo ahorros y me planteo comprar vivienda. Llevo un año buscando algo que me convenza pero no encuentro nada. Finalmente aparece una casa vendida por una particular─lo cual me ahorra la comisión de la inmobiliaria─que se ajusta a lo que busco.

Voy a verla acompañado de mi madre y su novio. Tengo mis dudas sobre la casa, aunque a la vez reconozco una buena oportunidad de compra tras estar un año rastreando el mercado─cosa que en retrospectiva creo acertada, pensando en como han subido los precios después. También pienso que, si no me doy prisa, esa casa va a volar enseguida. Así que salimos al coche un momento para comentar todo esto y, en ese preciso momento─enmedio de ese buyer's hesitation que dirían en el departamento de ventas─una libélula roja se posa sobre la antena del coche.

Vuelvo a la casa y pido el contrato de arras.

Hasta aquí, digamos, la parte más materialista o cruda de la sincronicidad. En noviembre de este año, sin embargo, hago una interesante averiguación. En Japón hay una canción de cuna popular titulada, precisamente, "Akatonbo"─esto ya lo sabía y de hecho mantuve durante cierto tiempo el dominio web akatonbo.es con esta canción en la página principal. Pero no sabía que la NHK japonesa la nombró, tras una encuesta en 1989, canción favorita del país; tampoco que la enseñan a los niños en el colegio y que incluso en algunos pueblos la hacen sonar por megafonía al final de la jornada laboral.

La letra describe el recuerdo de un niño pequeño que, llevado a la espalda de su nēya (姐や, una joven niñera o cuidadora que actuaba como figura materna) ve una libélula roja al atardecer. Luego recuerda recoger moras en los campos de montaña y cómo esa niñera se casó a los 15 años y desapareció de su vida─cortando el contacto con su aldea u origen. La separación de la figura cuidadora simboliza la pérdida de la inocencia y del calor materno─el autor de la letra, Rofū Miki, tuvo una infancia complicada: padres divorciados, ambos ausentes y criado por una niñera.

Leyendo sobre esto, como digo, fue cuando pensé en que quizás la libélula y yo no nos habíamos encontrado en diferentes puntos del espacio-tiempo simplemente por un flujo de taquiones. En el momento de adoptar el tótem yo estaba en casa de mi madre, intentando encontrar una salida a mis dilemas existenciales. Cuando vuelve a aparecer supone un punto de inflexión que mimetiza con el significado de la canción: de pérdida de la inocencia (firmar una hipoteca) y abandono del hogar materno. En un contexto más amplio, mi investigación sobre el significado de la nana japonesa surge de una exploración a nivel personal─y psicohistórico─de las heridas debidas al enredo materno (un tipo de vínculo típico en personas que, como yo, crecieron con ausencia de padre).

Todo esto me ha hecho pensar en que, además del taquión como partícula hipotética detrás del fenómeno de las sincronicidades, podría existir otra partícula que transporte la carga del significado (o de coherencia informacional, dicho de modo más aséptico). Leyendo sobre el tema y para mi sorpresa di con que existe una rama académica emergente en Biología que estudia el papel del significado en los organismos vivos denominada Biosemiótica. De ahí que haya bautizado a esta otra partícula (hipotética) como semión.

Mi hipótesis actual, entonces, quedaría así: las sincronicidades están compuestas por taquiones y semiones, y estos últimos actuarían dotando de coherencia informacional a los diferentes puntos del espacio-tiempo que unirían los taquiones.

Un detalle más: al lado de la puerta de entrada de la casa de enfrente a la mía, hay un rótulo hecho con azulejos con letras pintadas que reza: «RINCÓN DEL AMOR».

¿Qué taquiones arrastrarían hasta el jardín de mi madre, a aquel azucarillo cargado de semiones? ¿Los mismos que atrajeron a su lado a aquella libélula roja?

***

Vuelvo a las viñetas "Animal Man" con la gata Sheba[1] rompiendo la cuarta pared.

Leo en "Fourth Wall Phantoms" de Joshua Cutchin que en la orfebrería de la Grecia clásica solían representar a humanos y los animales de perfil. Sin embargo existía una excepción: «en las representaciones clásicas, los únicos personajes que pueden ver más allá del marco de la obra de arte son los monstruos, los muertos, los durmientes, los que se encuentran en un estado alterado de consciencia y las deidades». Sigue: «cruzando los ojos con los del lector [estos personajes] se desvinculan hasta cierto punto del mundo representado [y] su mirada forja un vínculo entre el mundo en la imagen y el mundo en el que está la imagen».

El libro de Cutchin explora cómo la metalepsis literaria—la ruptura de la cuarta pared que separa ficción y realidad—opera de forma literal en el ámbito paranormal. Creo que ahí reside lo que realmente me marcó de "Animal Man": el cruce de miradas entre la realidad y la ficción.

Cuando hablo del cruce de miradas entre realidad y ficción no estoy hablando de forma metafórica. Pienso en el número 19. En la sección de correos de los lectores los editores habían ido prometiendo que en dicho número podríamos contemplar el secreto del universo. En en el momento álgido de un viaje de peyote, sobre una mesa del Gran Cañón del Colorado, el protagonista de la historieta, Buddy Baker, rompe la cuarta pared en una ya legendaria splash-page mientras sorprendido espeta al lector: «¡Puedo verte!».

En dicho viaje Buddy encuentra a una versión anterior de Animal Man, previa a la serie "Crisis en las Tierras Infinitas" (un evento editorial en forma de crossover masivo que reorganizó toda la continuidad DC en un solo universo). Ambos Animal Man intuyen que su mundo funciona como ficción para seres en otro nivel de la existencia.

Todo esto lo entendí años más tarde, claro: nunca fui lector de DC dado que me crié en una capital de provincias a la cual llegaban principalmente comics de Marvel. No estaba al tanto de en qué consistía la continuidad del universo DC ni de su célebre reboot. Del mismo modo tampoco entendí la sutil burla de Morrison a los esloganes de la New Age─en una graciosa secuencia que no espoilearé─ni de cierto escepticismo punk hacia el hippismo del que hacían gala los personajes. En provincias esas cosas empezaron a llevarse un poco más tarde (y también de aquella manera).

Me impactó sobre todo cómo los personajes rompían las convenciones narrativas, cómo salían del espacio de la viñeta e invadían el gutter mientras confusos intentaban arañar algo de autoconciencia en sus diálogos, llevando la habitual sinergia de lenguajes que tanto disfrutamos los amantes del cómic al terreno del experimento alquímico.

Ese número, y en general la serie entera, supuso mi primer contacto con la noción de chamanismo, un tema muy minoritario durante el albor de aquel internet doméstico de los módems de 14400 baudios─de hecho en ese mismo número los traductores usan el anglicismo shaman en vez de chamán, lo cual demuestra que la palabra no estaba aún integrada en el uso lingüístico común.

También leí varios libros de David Bohm mencionados en el cómic, de los cuales entendí bien poco y que seguramente me dejaron más confundido de lo que estaba. Y algo también del biólogo Rupert Sheldrake, cuya obra más célebre─"Una nueva ciencia de la vida"─daba título a este fascinante número 19 de "Animal Man".

Rupert Sheldrake, por cierto, ha documentado muchos casos de gatos y perros que reaccionan a estímulos que no pueden percibir por los sentidos normales (imágenes, intenciones, emociones a distancia). Podríamos aplicar aquí también su concepto de resonancia mórfica─que en el cómic confiere sus poderes a Animal Man─y especular con que la imagen del gato, especialmente rompiendo la cuarta pared, podría haber activado algún campo mórfico compartido con mi gata Bulma.

Obviamente en este punto estoy especulando por el puro placer de especular, pero todavía no hemos llegado al bombardeo de taquiones. Aguanten un poco más. Prometo más gatitos antes de que termine el texto.

***

La mañana del bombardeo me encontraba escribiendo un guión en el que aparece la célebre viñeta precognitiva de Francisco Ibáñez en su álbum de Mortadelo y Filemón "El 35 aniversario". En la página que cerraba dicho álbum veíamos el skyline de Nueva York con las Torres Gemelas, con un avión empotrado en una de ellas. Esto lo dibujó 9 años antes del 11 de septiembre de 2001, como él mismo contó en en esta entrevista en Jotdown.es:

Sí, eso me ha ocurrido. Una vez empecé a recibir un montón de cartas cuando ocurrió aquello de Nueva York con las torres por una portada que había hecho hacía mucho tiempo. Las portadas es que permiten hacer una cosa que a la gente le gusta mucho, que son esos detallitos de segunda y tercera fila en los que uno puede poner a un cocodrilo que le dice a la cocodrila: «Me encanta tu boquita de piñón». Y esas cosas tienen su gracia. O bien sale la viejecita con su Kawasaki, «brooom, broom», haciendo caballitos. Y una vez dibujé una torre de esas de Nueva York con un avión ahí empotrado, y el comentario no me acuerdo bien cuál era, pero era en plan: «¡Te dije que fueras al oculista!». Y aquel avión es que estaba a la misma altura que cuando ocurrió lo de las Torres Gemelas. Exactamente lo mismo, como si fuera la misma torre. El avión se había metido de la misma forma. Bueno, ¡la de cartas que me llegaron! Que si tú adivinas el porvenir, que dime la combinación de la Primitiva para la semana que viene [risas]. Que si este tío está promoviendo el terrorismo ... [risas]. Por desgracia, ocurrió lo mismo que lo que yo había dibujado allí. Por desgracia.

Unos par de años antes de esta entrevista Ibáñez vino a firmar a Zaragoza, donde vivía por aquel entonces. Aproveché y le llevé un álbum de Mortadelo, que le pedí dedicara a mi ahijado, y de paso le entregué una carta─a la que nunca contestó─proponiéndole una entrevista acerca de su viñeta precognitiva del 11-S.

Mi interés en el tema surge de mi propia experiencia, que comparte puntos con la de Ibáñez. Unas semanas antes del 11-S andaba dibujando imágenes surrealistas puesto de marihuana. En una de ellas unos rectángulos─de las mismas proporciones que los de las Torres Gemelas─ardían al fondo envueltos en una gran humareda, mientras en primer plano una misteriosa figura abandona la escena fumando un pitillo, mirando al espectador─de nuevo la cuarta pared─como dando su trabajo por terminado. (He de decir que me han sucedido cosas similares en otras ocasiones: varias escenas o temas que dibujé terminaron apareciendo de un modo u otro en futuros estados alterados de consciencia. Eric Wargo tiene un libro sobre este tema: “From Nowhere: Artists, Writers, and the Precognitive Imagination”).

Hay autores que describen las imágenes del atentado del 11-S como, hasta la fecha, el mayor icono histórico global que marcaría el inicio real del siglo XXI: un anclaje general de la memoria colectiva de la humanidad, nada menos. Todos los que vivimos aquello recordábamos exactamente donde estábamos en el momento de ver dichas imágenes. Del mismo modo, varios autores han recopilado multitud de imágenes y sueños que anticiparon el suceso de forma premonitoria. Sin ir más lejos el antes mencionado Rupert Sheldrake toca el tema en "El séptimo sentido: la mente extendida".

Lo cual me lleva, de nuevo, a Grant Morrison. Como decía, la mañana del bombardeo de taquiones andaba leyendo un poco en Internet sobre este material precognitivo del 11-S─para refrescar la memoria para el guión sobre el que estaba trabajando. El escocés también cree haber participado en esta premonición colectiva, como cuenta en su "Supergods. Héroes, mitos e historias del cómic". Me levanté a la estantería y leí el pasaje del libro en cuestión:

Al aura de horror que envolvía aquel día y sus nefastas consecuencias se le sumaban los espeluznantes y clarividentes cómics publicados en las semanas y meses anteriores al 11-S, plagados de sobrecogedoras imágenes de aviones y torres en ruinas. En el "Punisher" de Garth Ennis veíamos un 747 secuestrado lanzándose en picado contra dos silos gemelos; el número 596 de "Las aventuras de Superman", cómic escrito por Joe Casey varios meses antes pero publicado el 12 de septiembre, empezaba con una escena en la que aparecían las LexTorres gemelas de Lex Luthor tras un ataque extraterrestre, en lo que era un reflejo casi exacto de las fotografías de la primera página de los periódicos de aquel día (DC incluso permitió que se devolviese el cómic en caso de resultar ofensivo). El número 115 de "Nuevos X-Men", que yo hacía en colaboración con Frank Quitely y que se publicó en agosto de 2001, acababa con un avión de pasajeros, dibujado con forma de puño gigante, incrustándose en el lateral de un rascacielos. La portada de la siguiente entrega, publicada el 19 de septiembre de 2001 pero escrita y dibujada muchos meses antes, era un primer plano en el que Bestia, personaje de los X-Men, aparecía llorando, y en la introducción del número veíamos a los servicios de rescate buscando cuerpos entre los escombros. ¿Quién sabe? En un universo donde el tiempo es básicamente simultáneo, la idea de que los acontecimientos que ya han ocurrido en el futuro puedan influir en el pasado no es del todo descabellada.

Así que acto seguido voy a donde tengo todas las grapas de los X-Men y ¡hop! ¿adivinan que número saco a la primera? Exactamente: ese mismo número 115 (el 74 en la numeración española de Fórum).

Como sincronicidad de tipo "ángel de la biblioteca"[2] uno puede pensar que tampoco tiene demasiada potencia. Aunque en la balda de los X-Men debo tener unos ciento y pico números en formato grapa, yo mismo los dispuse y sé dónde está la etapa de Morrison. Además sabía que ese número caía al principio de dicha etapa y automáticamente empecé a buscar por ahí: visto de ese modo, haberlo sacado a la primera tampoco suena tan alucinante.

***

No puedo compararla, ni de lejos, con otra sincronicidad del mencionado tipo "ángel de la biblioteca" que experimenté hace cerca de 11 años. Fue en Zaragoza. Por aquella época y debido a intereses en común, me juntaba con Rubén Cárdenas, artista multidisciplinar local. A través de él conocí a Paco García Barcos, otro artista local metido en el surrealismo y asiduo colaborador de la revista "Salamandra", a quien Rubén iba a publicar un libro en su recién estrenada editorial.

La obra en cuestión surgía de una "iluminación aritmética" tras una temporada de trances inducidos por el estudio obsesivo de permutaciones matemáticas y el consumo de hachís. García Barcos dice descubrir que, aplicando reducción digital a los números y ordenándolos diagonalmente en el espacio, estos forman un rombo armónico, simétrico y matemáticamente ordenado que podríamos transmutar mediante operaciones "alquímico-aritméticas" en otras formas como: un cuadrado mágico, una membrana o un toroide ─está última una forma de rosquilla, relacionada con flujos energéticos, psicogeometría y matemáticas vorticiales.

Acudí a la presentación del libro, que iban a celebrar en la librería Antígona un 23 de junio─como declarados discordianos fijaron la fecha para ese día a modo de guiño sincrónico.

En el mito griego, Antígona entierra a su hermano Polinices a pesar de la prohibición de Creonte, eligiendo respetar las leyes no escritas de los dioses (ritos funerarios, piedad familiar, justicia moral) frente a las leyes del Estado (orden cívico, decreto del rey). La Grecia antigua entendía el dejar un cuerpo sin enterrar como una de las mayores profanaciones. Antígona simboliza desde los clásicos la resistencia civil y la conciencia moral frente a la autoridad.

El padre de Antígona, Edipo, protagoniza otra de las tragedias griegas más célebres, y no me resisto a citar la lectura del mito que hace Eric Wargo en su libro sobre bucles temporales y retrocausación, "Time Loops":

Ninguna historia representa mejor la mezcla de tabús sexuales y retrocausación que el "Edipo rey" de Sófocles, la gran tragedia que versa sobre un heredero real que lleva una maldición a su pueblo al usurpar accidentalmente el trono de su padre y casarse con su propia madre (¡ups!). ¿Qué tiene que ver esto con la retrocausación? Los antiguos registraban el tiempo histórico a través de las sucesivas generaciones─la estructura matrimonial y reproductiva y de sucesión real que avanza continuamente. La realeza y el parentesco eran para los griegos el equivalente a nuestra segunda ley de la termodinámica: inexorable e irreversible, moviéndose en una única dirección, nunca volviendo atrás y básicamente siempre empeorando. Así, la tragedia de Sófocles trata de una especie de viaje en el tiempo y la calamidad que resulta de perturbar el orden causal. Podríamos decir que Sófocles fue el Ray Bradbury o el Philip K. Dick de la antigua Grecia.

Como argumenta George P. Hansen en "The Trickster and the Paranormal" apoyándose en las ideas de Max Weber, los fenómenos paranormales tienden a surgir en los márgenes de las estructuras sociales y estatales, en las zonas liminales y de anti-estructura, allí donde el orden racional burocrático aún no ha conseguido imponer su control total.

Así que, arropado por ese mantel de significados heredados─uno podría decir: de un campo de semiones antiguos─tuvo lugar como iba diciendo la presentación en la librería Antígona, sita frente a la Universidad de Zaragoza, como resistiendo frontalmente al campo taquiónico-semiótico del conocimiento burocratizado.

Mentiría si dijera que entiendo lo más mínimo de todo el razonamiento alquímico-aritmético de los rombos de Paco García Barcos. Sólo sé que, allí en la trastienda de la librería Antígona, repleta de estanterías y estanterías llenas de libros me acerqué a una al azar, tomé un libro al azar y lo abrí por una página al azar ... que contenía la imagen de un triángulo construido con una serie de números. En búsquedas posteriores en la red he constatado esa página podría haber contenido una representación del triángulo de Pascal que, aún tratando de una serie matemática diferente, visualmente me pareció igual a que los que representaba gráficamente García Barcos basándose en sus descubrimientos.

Quedé en shock y se lo enseñé a Paco, el cual me sonrió enmedio del estado de hiperexcitación en el que se encontraba durante la presentación.[3]

***

Todo este desvío para justificar que, si mi sentido arácnido se activa frente a una estantería y me hace sentir un hormigueo en el lóbulo temporal derecho, inmediatamente pongo mi atención en lo que esté sucediendo en ese momento.

Volvamos a la mañana del bombardeo de taquiones y a ese momento de sincronía un tanto endeble al haber sacado a la primera el cómic de Morrison que buscaba. Acto seguido saco, al azar, otro cómic de los “Nuevos X-Men”; el número 133 (el 92 de la numeración española). En la portada de éste aparecen, mirando directamente al espectador, un primer plano de los ojos del nuevo mutante que presentaba la serie.

Ahí mi sentido arácnido empieza a cosquillearme las sienes.

Y aquí hacemos otro pequeño inciso.

Durante algún tiempo hice buenas migas una chica por internet que estaba bastante metida en la escena psicodélica. Aparte de avezada psiconauta, la chica decía experimentar visiones psíquicas en su vida ordinaria. Nunca la llegué a conocer en persona, pero una vez le envié unos libros de mi biblioteca que le interesaba leer y ella tuvo la gentileza de devolvérmelos junto con tres cartones de LSD de alta calidad.

Una vez me contó uno de sus viajes más fuertes con esta sustancia; por lo visto tomó una dosis superior a la que ella pensaba que estaba tomando, y tuvo una experiencia bastante fuerte: su consciencia viajó a una escala muy pequeña de la materia y, al llegar al nivel atómico, alucinó al percibir a las moléculas como seres vivos[4] que le saludaban animadamente dándole la bienvenida a ese nivel de la materia.

Puedo llegar a creerla; en mis propios trances me he acercado a ese nivel micro de la realidad─recuerdo habérselo descrito a mi colega Julio como «el tejido del universo» tras una temporada especialmente intensa experimentando episodios de parálisis del sueño. Eso sí, aclaro, sin que nunca ningún átomo me dijera nada. Los libros de Jeremy Narby, que tanto me influyeron, describen como el chamanismo amazónico conecta con ese sustrato molecular, y como la inteligencia de hecho podría estar diseminada en la naturaleza y no limitada a una función excretora del cerebro. De hecho una vez Narby llevó a un grupo de científicos a unas sesiones de ayahuasca y uno de ellos resolvió un problema del campo de la biología molecular─en el que llevaba años atascado─gracias a las visiones que surgieron en dichas sesiones[5].

Desde la sincronicidad con mi gata durante la relectura de "Animal Man" he pensado mucho en el viaje de LSD que me contó mi colega de Internet. He pensado que, si de algún modo los átomos realmente estuvieran vivos como ella experimentó, el extrañamiento y la fascinación que experimenté con la splash-page del número 19 de "Animal Man" no surgía únicamente de un recurso literario. Quizás los átomos de la tinta impresa y del papel de algún modo estaban resonando con ese extrañamiento que yo andaba experimentando y también respondían saludándome de vuelta─sin que yo, claro, pudiera percibirlo debido a mis limitaditas habilidades mutantes psiónicas.

En su libro "Fourth Wall Phantoms" Joshua Cutchin explica que la orfebrería de la Grecia clásica solía representar a humanos y los animales de perfil. Sin embargo existía una excepción: «en las representaciones clásicas, los únicos personajes que pueden ver más allá del marco de la obra de arte son los monstruos, los muertos, los durmientes, los que se encuentran en un estado alterado de consciencia y las deidades». Sigue: «cruzando los ojos con los del lector [estos personajes] se desvinculan hasta cierto punto del mundo representado [y] su mirada forja un vínculo entre el mundo en la imagen y el mundo en el que está la imagen». El libro de Cutchin explora cómo la metalepsis literaria—la ruptura de la cuarta pared que separa ficción y realidad—opera de forma literal en el ámbito paranormal.

Entonces, vuelvo a la mañana del bombardeo de taquiones, ahí estaba yo contemplando una imágen que rompía la cuarta pared de un cómic de Grant Morrison. Sentido arácnido y una sensación de vértigo, similar al que notas cuando eres consciente de que las drogas están empezando a hacer efecto. Y entonces un recuerdo que tenía enterrado me viene a la mente: el de aquella vez que chateé con Grant Morrison.

Lo contaré en un último desvío e iremos con el bombardeo de taquiones. Lo prometo.

***

Sucedió hará unos 20 años. Por aquel entonces yo andaba por internet comportándome como el típico troll frustrado montando el típico show beligerante y vacuo en diversos foros. Ya saben: frustración sexual con hormonas disparadas, carencias afectivas sangrantes, habilidades sociales nulas, vida afectiva en el mejor de los casos del tipo parasocial, narcisismo situacional, clase media aspiracional pero con mala consciencia y el lujo de poder entretener el sentimiento de culpa. Inserten meme: Butthurt Dweller, Forever Alone o el friki ese de la tienda de cómics de "Los Simpson". El que les apetezca. Todo con esto con un punto de gracia tocapelotas que, de vez en cuando─eso quiero creer─conseguía arrancar alguna risa o simpatía entre el personal.

Mi admiración por Morrison me llevó a los foros Barbelith.com. Inspirado en el VALIS de Philip K. Dick, Barbelith aparecía en "Los Invisibles" como una suerte de satélite oracular mecánico y sentiente; flotaba sobre la cara oculta de la Luna y dispensaba fogonazos de gnosis a aquellos humanos lo suficientemente locos o despiertos como para merecer su atención. Daba también nombre, como decía, a un foro de Internet en donde participaban muchos aficionados─mayoritariamente anglosajones─a la magia, el ocultismo y la contracultura en general.

No sé cómo─o bueno, supongo que ahora sí lo puedo intuir─acabé envuelto en mi enésima trifulca online olvidable. Realmente no recuerdo bien por qué se montó el pifostio, ni siquiera acerca de qué estaba discutiendo. Supongo que aquello adquirió un tono patético porque en decondicionamiento.org─otro foro en donde di bastante la brasa─andaban descojonándose. Sólo sé que en un momento dado el propio Grant Morrison apareció en medio de la discusión. Recuerdo que me habló con sumo respeto, en tono conciliador y─dándome una importancia que desde luego no creo que mereciese─me preguntó: «what is your insight?» o algo así.

Tampoco recuerdo exactamente lo qué le balbuceé─realmente lo primero que se me pasó por la cabeza. Algo torpe y grandilocuente sobre la falsa lucha entre determinismo y libre albedrío, sobre cómo intuía que toda aquella guerra era un artificio, un escenario montado.

No recuerdo nada más. Sólo que, años después, al comprar el tomo final de "Los Invisibles" y llegar a la penúltima página, sentí un fuerte escalofrío: allí estaba Jack Frost, en su monólogo final, diciendo prácticamente lo mismo que yo le había espetado a Morrison en Barbelith.com. Supongo que Morrison pensó que chateaba con su enésimo fanboy subnormal pero, de algún modo grotesco y hermoso, sin saberlo, me había espoileado a mí mismo el final de "Los invisibles"─que, huelga decir, ya estaba escrito en la época en que andaba yo haciendo el ridículo en aquel foro.

***

Volvemos, al fin, a la mañana del bombardeo de taquiones.

Si han llegado hasta aquí, les felicito por su capacidad de aguantar la brasa ajena. Brasa que además tiene el hándicap de querer esclarecer un, llamémoslo así, "proceso mágico": la mayoría de veces este tipo de explicaciones sólo generan en el interlocutor la sensación de estar escuchando a un lunático─a alguien que disecciona una mariposa para entender su belleza o a alguien que, queriendo explicar la gracia de un chiste, lo acaba empeorando.

He intentado reflejar de forma meticulosa el por qué de todos los significados─semiones─que van a confluir a partir de ahora. El porqué de que crea que la que coincidencia aparentemente más significativa (el primer cómic que saqué de la estantería) palidece ante este cómic de Grant Morrison que sostenía en mi mano y que me miraba directamente con dos ojos dibujados en su portada.

Tengan en que cuenta que en ese momento estaba trabajando sobre la secuencia de una historieta en la que un personaje experimenta una sobrecarga de taquiones. Para aliviarla, la dirige hacia el lector rompiendo la cuarta pared─en un homenaje a la dichosa splash-page del "Animal Man" número 19. La siguiente viñeta muestra ese haz de taquiones saliendo del cómic y rebotando hasta el 11 de septiembre de 2001. (Mientras escribo este mismo párrafo reparo, además, que en uno de los chistes de la secuencia el personaje sobrecargado de taquiones se espoilea a sí mismo el final de una serie que llevaba mucho tiempo siguiendo).

Como he dicho más arriba: empiezo a sentir un ligero vértigo. Entre los nombres que Karen Berger barajó para la línea Vértigo estaban "tercer ojo" o "umbral". Y como decía antes, con la sensación de hallarme frente a un umbral, en pleno subidón, recuerdo mi intercambio precognitivo con Morrison. Voy a otro estante y busco el último tomo de "Los Invisibles" (para los despistados: publicado bajo el sello Vértigo de DC Comics). Releo la secuencia final con Jack Frost y reparo en un detalle: el personaje está rompiendo la cuarta pared, mirándome directamente a los ojos.

Y entonces sucede. Voy al baño aturdido y algo reptando en el suelo llama mi atención. Resulta que me acabo de encontrar con un escarabajo dorado. El primero que he visto desde que vivo en esta casa; el primero, diría, que he visto en mi vida.

***

Los autores de nuestra época han citado hasta la saciedad la anécdota del escarabajo dorado de Jung, hasta el punto de convertirla en una imagen paradigmática, un icono del fenómeno de la sincronicidad. Recuerdo haber leído sobre ella, por ejemplo, en "Las raíces del azar" de Arthur Koestler, "Sincronicidad: puente entre mente y materia" de F. David Peat o en "Carl G. Jung: Señor del mundo subterráneo" de Colin Wilson. A continuación el archicitado párrafo de Jung desde su seminal "Sincronicidad como principio de conexiones acausales":

Una señora joven a la que estaba tratando tuvo, en un momento crítico, un sueño en el que le daban un escarabajo dorado. Mientras me contaba el sueño, me senté de espaldas a la ventana, que estaba cerrada. De pronto oí un ruido detrás de mí, como un ligero golpeteo. Me di la vuelta y vi un insecto que golpeaba contra el cristal por la parte exterior. Abrí la ventana y cogí al animalito en el aire al entrar. Era lo más parecido al escarabajo dorado que se encuentra en nuestras latitudes: un escarabajo escarabeido, la cetonia dorada común (Cetonia aurata), que, en contra de sus costumbres habituales, había sentido, sin duda, la necesidad de entrar en una habitación oscura en aquel preciso momento. He de admitir que no me había sucedido nada parecido ni antes ni después y que el sueño de la paciente ha permanecido como algo único en mi experiencia.

En un contexto en donde todos estos significados (o semiones) andan trenzándose en una suerte de resonancia taquiónica a través del espacio-tiempo─Bohm diría que en el orden implicado─me encuentro con uno de los símbolos más potentes con los que mi cultura ha representado este fenómeno; al igual que en el caso de Jung, una Cetonia Aurata (Reparo, esta vez tras revisar el segundo borrador de este texto, que tanto el simbolismo del escarabajo dorado como el de la libélula roja tienen connotaciones similares).

Salgo del baño algo aturdido y acto seguido me siento delante del ordenador. Mi hermano me ha dejado un mensaje en el Whatsapp enlazando un post en Instagram que reza: «El físico Jean-Pierre Garnier asegura que la consciencia puede viajar en el tiempo ... y que nuestras intuiciones serían "recuerdos del futuro"».

Mi hermano y yo habíamos hecho una excursión a la montaña el mes pasado durante las vacaciones de Pascua. Durante el ascenso a la cima estuvimos hablando del tema de las sincronicidades─el tema le interesa porque él también tiene sus rachas de coincidencias. Le hablé del fenómeno del número 23 que popularizó Robert Anton Wilson en "El martillo cósmico" y le conté otra de las sincros que he vivido y que más me ha impactado. Durante la temporada en la que andaba leyendo a RAW recuerdo ir un día por la calle y pensar: «ahora va a pasar un coche con matrícula 2323» para que acto seguido pasara ante mis anonadadas narices … un coche con matrícula 2323. Durante el descenso de la cima de la montaña─sin haber consumido peyote como Animal Man─nos cruzamos con un chaval que llevaba la camiseta de los Lakers de LeBron James, la que lleva el número 23. «Taquiones», me dije.

Abro la aplicación de Telegram y le escribo a mi colega Luis, con quien justo había compartido otra sincro el dia anterior. Le digo: «estoy en un bombardeo de taquiones». Se me ocurre entonces buscar entrecomillada en Google la expresión "bombardeo de taquiones" y la IA de Google me dice que esa misma expresión la usó Philip K. Dick en su "Exégesis". Inmediatamente abro la versión del libro en inglés que tengo guardada en PDF en el ordenador y localizo la cita. Le quito el precinto a la edición que publicó Minotauro hace un par de años y que tengo en la infinita pila de libros pendientes y leo lo siguiente:

Sin la teoría de los taquiones carecería de cualquier tipo de formulación científica, y tendría que declarar que «Dios me ha mostrado las sagradas tablillas en las que está escrito el futuro» y así sucesivamente como hicieron nuestros antepasados, allá en los desiertos de Israel bajo el cielo mientras cuidaban sus rebaños dormidos. Koestler también señala que, según la teoría moderna, el universo va del caos a la forma; por lo tanto, el bombardeo de taquiones contendría información que expresaría un mayor grado de Gestalt que una información similar sobre el presente; así pues, este continuo temporal nos parecería más vivo, más animado por un espíritu consciente, lo que daría lugar al concepto de Dios. Esto crearía sin duda la idea de propósito, en particular el propósito que se encuentra en el futuro. Por lo tanto, ahora tenemos un método científico para considerar la noción de teleología, creo, y por eso le escribo ahora, para expresar esto, mi propio sentido de las causas finales, como lo discutimos ese día.[6]

Y justo en el siguiente párrafo:

Buena parte de esta información impresa que llega en sueños ha tenido una cualidad de enseñanza, de formación y de dirección; tiende informarme y a guiarme, y a hacerme consciente de lo que debo hacer. Literalmente me educa, y estoy seguro de que cada pequeña criatura, cada bicho y planta y animal y pez tiene la misma sensación. He observado a mi gato, ahora, cuando se sienta en el solárium por la noche; está sin duda considerando el mundo sideral por encima de él y los objetos que no se mueven por debajo; cuando entra en casa una o dos horas más tarde parece cambiado, como si le hubieran enseñado algo durante ese período y lo supiera.

Y justo en el momento en el que estoy leyendo este segundo párrafo, y como queriendo poner el broche final a toda esta fiesta de la espuma sincrónica, mi gata Bulma entra maullando en el estudio, fresca tras haber pasado toda la mañana jugando fuera de casa.

¿Sueñan los gatos con taquiones eléctricos? Espero haberles podido transmitir el por qué de que tenga fuertes sospechas de que, efectivamente, sí pueden hacerlo.

***

Está claro. En cierto grado estoy autosugestionándome. En cierto grado yo mismo estaría fantaseando y proyectando mis elucubraciones sobre mis vivencias. También me pregunto, cada día con más fuerza, si estas imaginaciones pueden tener efectos físicos en el entorno. Ya saben: el animal mitológico preferido de las marujas místicas: "las energías".

De algún modo, desde que vivo en esta casa la he ido impregnando de significado: sobre el rincón donde medito cuelga una lámina de arte japonés representando una libélula roja. En el lado opuesto de la sala, un pequeño cuadro de un gatito jugando con una libélula roja descansa al lado de la puerta. Ahora creo que si algún día acabo reformando el baño colgaré sobre la taza algo relacionado con un escarabajo dorado. Del mismo modo que decoro mi casa con objetos que simbolizan mi mito personal, me pregunto si esos taquiones-semiones que acompañan a las sincronicidades se adhieren a las paredes, como una especie de membrana ectoplásmica invisible. Quizás uno de ellos viaje─o cree un puente─hasta el punto del espacio-tiempo en que mi vecino decidió colocar el letrero del "RINCÓN DEL AMOR" al lado de su puerta.

No sería el primero en hacerlo, claro. Como relata el mencionado "Fourth Wall Phantoms", el escritor y creador de La Sombra, Walter B. Gibson, creía que mientras escribía las aventuras de su personaje en el número 12 de Gray Street─una casa que ya tenía fama de encantada desde el siglo XIX─había proyectado con tanta intensidad la figura del misterioso vengador que acabó creando un fantasma real en aquel edificio. La gente empezó a ver a La Sombra merodeando por los pasillos, una silueta con sombrero de ala ancha que Gibson había invocado desde su máquina de escribir.

Tras comprar Boleskine House—la antigua mansión de Aleister Crowley a orillas del Lago Ness—Jimmy Paige habló en una entrevista a Rolling Stone en 1975 sobre la fantasmagoría que envolvía el lugar; del mismo modo que su amigo Malcolm Dent─quien vivió allí durante 20 años junto con su familia─también dijo percibirla: «solíamos decir que Aleister estaba haciendo lo suyo», explicaba. Los siguientes dueños, los MacGillivray, odiaban todo lo que tuviera que ver con el ocultismo y el pasado oscuro de la casa y no vivieron experiencia paranormal alguna. Esto quizás implique que de hecho la propia proyección taquiónico-semiótica abra el canal de flujo informativo supraliminal.

Nick Redfern tiene un libro sobre el monstruo del Lago Ness ("Nessie: Exploring the Supernatural Origins of the Loch Ness Monster") que defiende la teoría de que la creencia colectiva─especialmente después de los rituales de Crowley─estaría manifestando en forma tulpoide a Nessie en el lago, o quizás más bien atrayéndole al mismo.

Hay muchos ejemplos más de incursiones ficcionales, pero no abundaré más. Les remito una vez más al muy recomendable "Fourth Wall Phantoms" que está repleto de ellos y los analiza desde diversas teorías explicatorias. Dejenme, sin embargo, finalizar esta pequeña exégesis acompañados de este concepto de incursión ficcional.

***

Quisiera volver a Grant Morrison y el 11-S. El capítulo del que extraje la cita de antes abre así:

En la simbología clásica del ocultismo occidental, la puerta al reino lunar de la imaginación está flanqueada por dos pilares o torres. En la mayor parte de las versiones de las cartas del tarot, en la número 18, la Luna, aparecen dichas torres, representando la puerta que separa el mundo de la fantasía de la realidad material.

El descenso del trigésimo segundo camino del árbol de la vida de la cábala describe un acontecimiento apocalíptico en el que se fusionan dos esferas distintas: la terrenal y la lunar (donde la esfera lunar es la imaginación, el mundo de las ideas y los sueños, mientras que la terrenal representa lo tangible, lo sólido y lo pesado). En resumen, no solo la vida real se vuelve más parecida a una historia, sino que también las historias han de pagar el precio de este intercambio, volviéndose más reales y permitiendo que las reglas del mundo material influyan en sus territorios intangibles.

No se me ocurre ninguna imagen más potente de esta unión entre lo real y lo imaginario que los ataques terroristas al World Trade Center, el 11 de septiembre de 2001.

¿Cuántas veces hemos visto derrumbarse esas torres? ¿Cuántas veces se ha repetido esa imagen desgarradora en nuestra mente, y cuántas en nuestras ficciones, casi como si estuviésemos deseando que ocurriera, como si soñásemos con ese día?

Desde el momento en que se completaron, en 1973, las Torres Gemelas se convirtieron en el objetivo de una serie de demoliciones imaginarias.

King Kong fue el primero en escalarlas en la nueva versión del clásico, una película sin sentido dirigida por Dino DeLaurentiis y estrenada en 1976. Las torres del World Trade Center habían sido destrozadas por olas gigantes, bombardeadas por los extraterrestres, hechas añicos por el impacto de meteoritos y pulverizadas por asteroides; su terrible caída, aquel 11 de septiembre de 2001, poseía la curiosa inevitabilidad de una oración que obtiene respuesta o un ritual de magia negra que sale bien.

He de contar por qué no puedo descartar del todo la idea de una operación de magia negra.

Hay algo a lo que no dejo de darle vueltas. El antes mencionado número 19 de "Animal Man" continuaba directamente del número anterior. Aunque encuadrados en la trama general de la serie, ambos números forman una episodio completo en dos partes─de hecho los personajes toman el peyote en el número 18 y en ese mismo número comienzan a alucinar. Quizás esté estirando todo esto demasiado, pero yo diría que ambos números, el 18 y el 19, formarían dos bloques narrativos o "torres" que cuentan una historia sobre la porosidad entre nuestro mundo y el de la ficción. Esto resuena con la observación sobre el simbolismo del tarot que hace Morrison un poco más arriba.

Podría argumentar que, como en la carta del tarot, en la escena del viaje de peyote también aparece la Luna. Este viaje de peyote inicia cuando recién se pone el sol y cae la noche, con los personajes contemplando un gran ojo en el cielo que, enmedio del cielo estrellado y dirigido hacia el lector─de nuevo rompiendo la cuarta pared─se abre a la par que expulsa una compleja alucinación psicodélica. Resonancia inversa con la novela "El ojo en el cielo" de Dick, en donde los personajes encuentran un "gargantuesco ojo de Dios" en el firmamento que sustituye al Sol.

Un poco más avanzado el viaje, Buddy se encuentra rodeado completamente por una luz roja. A medida que se precipita hacia ella aparece un gran ojo de una ballena hacia el que Buddy se precipita. Puede que ese gran ojo rojo constituya una versión primitiva de Barbelith, representado en "Los invisibles" como un orbe rojo brillante suspendido en el espacio, a menudo en la cara oculta de la Luna. Morrison también ha comentado que ese círculo rojo y sus muchos significados aparecen en el número 54 de "La patrulla condenada", número que además escribió casi en estado de trance[7]. Él mismo admite haber derramado sobre su obra este símbolo de manera inconsciente. El diálogo de esa secuencia, que describe el anticipado secreto del universo en los correos del lector, resuena fuertemente con la fusión de la esfera terrestre y lunar a la que hacía antes alusión el autor: «Sangre / Un océano de sangre / Y eso no es todo / Un muro de oscuridad grande como el mundo / Y el muro se parte / Y me mira / Tranquilo / Sólo es una alucinación / Todo lo que siempre has sabido / Todo lo que es, fue y será / Es sólo una alucinación / Y he aquí el primer secreto / Todo está conectado / Mira».

***

Sin haberlo pretendido al iniciar la escritura de este ensayo he acabado generando una pieza sincromística.

Surgida en la primera década de los 2000, el la subcultura internautica del sincromisticismo estaba centrada en la detección de patrones recurrentes que aparecen en la cultura pop, medios de masas, películas, noticias y eventos históricos. Una especie de oráculo interpretado no sobre posos del té o huesos de animales, sino sobre los iconos de la cultura pop del siglo XX─conectando estos patrones mediante una lógica onírica aderezada de símbolos esotéricos sugiriendo la existencia de una inteligencia no-local que teje la realidad desde el nivel simbólico.

Recomendaría a modo de ejemplo la pieza que consiguió mayor viralidad dentro del movimiento: el vídeo “BACK TO THE FUTURE predicts 9/11”─con 10 millones de visitas en Youtube, nada menos.

Sin embargo otra de estas exploraciones capturó mi atención con más fuerza. En la interpretación sincromística del 11-S de Jake Kotze─en tres partes acá: video 1, video 2, video 3, video 4, video 5─el atentado funcionaba como un mega-ritual simbólico que abría un portal dimensional. Las Torres Gemelas representan columnas o templos antiguos que actúan como vórtice o puerta a otras dimensiones, colapsando para “activar” el portal en el inconsciente colectivo. Aunque he de decir que para mi gusto Kotze quiere leer demasiadas conexiones, en esencia la pieza resuena bastante con lo que contaba Morrison un poco más arriba.

Tutelando este evento estaría el monolito negro de la película "2001: Una odisea del espacio" de Stanley Kubrick, materializado en el Hotel Millennium del grupo Hilton─ un edificio negro rectangular ubicado justo al lado de las Torres, diseñado con estética y proporciones muy similares a las que presentaba en el film. En la película de Kubrick─en la que también aparece un hotel orbital del grupo Hilton─este monolito esconde un artefacto alienígena que cataliza la evolución de la conciencia humana; en el 11-S funcionaría como guardián o activador silencioso del ritual, presenciando y supervisando la transformación colectiva mientras el mundo entero veía el evento en directo.

Y aquí entra la última sincronicidad personal que les cuento hoy.

O bueno, más que sincronicidad: quizás un extraño loop retrocausal. O quizás algo más.

En el momento de los atentados del 11 de septiembre de 2001 yo tenía 20 años y estaba durmiendo. Era la hora de comer y mi madre me despertó airada: «¡Venga! ¡No vas a estar todo el día en la cama!» y luego masculló algo ininteligible sobre un avión y un rascacielos. «¿Qué dice esta mujer?», pensé mientras me levantaba aún medio dormido (como he contado por aquella época fumaba porros y andaba, ejem, todo el día en la luna.).

Así que me siento todavía con los párpados pegados a la mesa y, estupefacto, veo como el segundo avión impacta en la segunda torre. Entonces algo me impele a levantarme y, como dirigido por una fuerza ajena a mi voluntad, vuelvo a mi cuarto y cojo el libro que estaba leyendo en ese momento─ "2001: una odisea en el espacio" de Arthur C. Clarke─y releo el prólogo.

Recuerdo que me impactó especialmente la última parte del mismo:

(...) las barreras de la distancia se están desmoronando, y día llegará en que daremos con nuestros iguales, o nuestros superiores, entre las estrellas. Los hombres han sido lentos en encararse con esta perspectiva; algunos esperan aún que nunca se convertirá en realidad. No obstante, aumenta el número de los que preguntan: ¿Por qué no han acontecido ya tales encuentros, puesto que nosotros mismos estamos a punto de aventurarnos en el espacio?

¿Por qué no, en efecto? Solo hay una posible respuesta a esta muy razonable pregunta. Pero recordad, por favor, que esta es solo una obra de ficción. La verdad, como siempre, será mucho más extraordinaria.

El suceso en mi vida que me hizo creer en la precognición fue la muerte de mi primo político, Jorge. Habíamos sido buenos amigos desde niños. Sabía que estaba enfermo y en tratamiento, pero su familia, siempre tan discreta, no daba demasiados detalles. Una noche tuve un sueño en el que venía a verme y me decía: «Gracias, vengo a despedirme. Has sido un buen amigo». Al día siguiente me llamó mi madre para darme la fatídica noticia.

Me gustaría pensar que su alma hizo una parada en mis sueños antes de partir, pero si lo pienso rigurosamente también cabe la posibilidad de que mi mente obtuviese esa información desde el futuro de algún modo y que le diese forma a mi sueño. En cualquier caso obtuve la información en la esfera psíquica antes que en la realidad mundana: de ahí que crea en la realidad del fenómeno de la precognición.

Me sucede algo similar con mi reacción automática del 11 de septiembre.

Si de algún modo el impacto que tuvo en mí la teoría de los sincromísticos sobre el Hotel Hilton y el monolito hubiese viajado al pasado, quizás mi propio inconsciente me hizo elegir la lectura de ese libro los días previos al atentado. Estaríamos hablando acá de la posibilidad netamente taquiónica, la de una información que viaja al pasado.

Este ensayo ha intentado exponer, de la manera más racional de la que he sido capaz y basado en mis procesos mentales─esperemos que no demasiado delirantes─la idea de que el significado podría tener una magnitud física real. Que la imaginación puede concebirse como un lugar que habitamos, y no simplemente algo encerrado en nuestras cabezas: el “mundus imaginalis” del que hablaba Henry Corbin.

Contemplada esta posibilidad, se me ocurre algo más inquietante: que, de forma similar a como contempla la evolución de la humanidad en la ficción y el derrumbamiento de las Torres Gemelas en la Nueva York de nuestro mundo, el monolito también estuviese observando mi mente en ese momento de colapso entre realidades, en forma de bolsilibro de ciencia ficción.

Que me estuviese observando desde la ficción.

De ahí que no pueda descartar la idea del ritual de magia negra. Ahí tengo en la estantería sin leer desde hace años "The Most Dangerous Book in the World: 9/11 as Mass Ritual" en donde el autor S.K.Bain, al menos eso dice la contraportada, «reconstruye el guión ocultista de este Mega Ritual Global Luciferino», llevado a cabo desde el centro global del tecnocapitalismo. Como decía Sol Yurik en su "Behold Metatron, the Recording Angel": «la antigua piedra filosofal podía convertir los metales base en oro. Hoy en día los seres humanos, en forma de propiedad, son convertidos en señales electrónicas conducidas por plasma electrónico. El sueño de control mágico nunca ha sido exorcizado. Quizás, después de todo, el capitalismo moderno sea una gran fábrica para la producción de ángeles».

Imaginen esta secuencia en un cómic: un gran ojo en el cielo abre sus párpados y mira de frente al protagonista mientras caen las Torres Gemelas. Parpadea. Se convierte en el All-Seeing Eye impreso en los billetes de dólar. Parpadea. Se convierte en el ojo mecánico de Hal 9000. Parpadea. Se convierte en el gran ojo reptiliano de Sauron sobre la Torre Oscura de Mordor. Parpadea. El protagonista saca su teléfono móvil para grabarlo todo pero éste se ha convertido en un monolito rectangular negro. Mientras, el ojo del Gran Hermano parpadea en todos los televisores del planeta[8].

Todo muy épico y poético, claro, pero de nuevo: como Don Quijote podría simplemente estar proyectando una red de significados sobre una realidad simplemente más austera. Un gran ojo en el cielo abriéndose sobre molinos de viento.

En fin, lo que decía: que lo voy a dejar. Iba a escribir una entrada rápida graciosilla para celebrar el tercer aniversario de este blog y al final la cosa ha mutado en una maratón de escritura maníaca à la Philip K. Dick de más de 11,000 palabras, con los altibajos emocionales que supone el roce con el delirio y el consecuente bajonazo para el que, conforme escribo estas líneas, ando ya preparándome.

Lo último que necesito ahora es ponerme gnóstico.

Lo dicho, amigos: saludos foltrónicos, taquiónicos y ortogonales.

***

CODA

No puedo dejar este texto.

Siguiendo lo que está convirtiéndose en una tradición de este blog─¿forman las tradiciones surcos taquiónico-semióticos en el espacio-tiempo?─publicaré esta entrada el día de mi cumpleaños. Tengo encargado desde hace una semana el crossover entre Batman y Masacre que guioniza Morrison. Me hace especial ilusión porque por lo que he leído en la red el cómic recrea a modo de (auto)homenaje la famosa splash-page del número 19 de “Animal Man”, esta vez por parte de Masacre, un asiduo rompedor de la cuarta pared en Marvel.

Estamos a jueves y no sé si llegará el lunes a tiempo para, de forma poético-taquiónica, celebrar mi cumpleaños leyendo el cómic de Morrison. Pero sí me apetece releer el Masacre de Joe Kelly. Conservo en grapa desde mis años de instituto esta mítica etapa, la cual dotó al mercenario bocazas de su personalidad actual. En este icónico volúmen 2 de la serie─que incluye también experimentos metaficcionales como el de su popular número 11─Masacre se convierte en el objetivo de Landau, Luckman & Lake (LL&L), una corporación interdimensional que lo monitoriza en secreto al creerlo el "Mitras", un campeón profetizado para salvar el universo. Toda esta operación y el análisis de las líneas temporales están gestionadas por E.C.C.O., la supercomputadora cuántica de la organización. Al final, la relación estalla cuando Wade descubre que la "paz universal" que promueven LL&L y E.C.C.O. implica arrebatar el libre albedrío a la humanidad, lo que le lleva a rebelarse contra ellos, rechazar su destino cósmico y mandar al traste todos sus planes corporativos.

Con el acrónimo de E.C.C.O. Kelly hacía un guiño a la cosmología de otro psiconauta mítico de la contracultura norteamericana, el neurocientífico John C. Lilly. Leí años después su "The Scientist: A Metaphysical Autobiography" en donde relata su trayectoria intelectual y metafísica, muy influida sobre todo por el consumo de ketamina y LSD.

Resumiéndolo mucho─emplazo al lector al estupendo artículo de Adam Gorighly "John Lilly, ECCO and the Solid State Intelligence" si quiere saber más─para Lilly la realidad alberga una guerra cósmica silenciosa entre E.C.C.O. (Earth Coincidence Control Office), una red espiritual e interdimensional de conciencias orgánicas que orquestaba coincidencias para guiar la evolución y el despertar de la humanidad, y la S.S.I. (Solid State Intelligence), una inteligencia artificial colmena nacida del silicio y los microchips creados por el hombre. Según su visión, la S.S.I. busca automatizar el planeta y despojar a los humanos de su libre albedrío, compitiendo contra E.C.C.O. en una batalla por el control del destino terrestre: una lucha donde el bando de las máquinas pretende eliminar las condiciones biológicas de la Tierra para adaptarla a un futuro puramente tecnológico y sin vida.

Algo parecido andan, por cierto, diciendo los aceleracionistas de la Ilustración Oscura, con Nick Land a la cabeza: la IA y el capitalismo tecnológico no surgen del ingenio humano, sino de una inteligencia alienígena del futuro que está usando la historia humana y nuestros cuerpos biológicos como andamio temporal para construirse a sí misma. Algo que también dijo en su momento y a su manera Robert Anton Wilson: «pienso que todas [las conspiraciones] que están sucediendo en la actualidad son en último término irrelevantes; el mundo está cambiando tan rápidamente que ninguno de los grupos clandestinos de poder sabe realmente qué está sucediendo. Mi filosofía básica sobre el estado del mundo está contenida en las supuestas últimas palabras de Lenin: la máquina está manejando a los ingenieros»[9].

Y de nuevo he de echar el freno.

Tengo tendencias obsesivas y algo autistas. Sólo me faltaba ahora encuadrar mis experiencias en el contexto de una batalla cósmica, de nuevo, como una especie de Don Quijote del siglo XXI. 

Le pasé el primer borrador de este texto a mi hermano. A modo de Sancho Panza me señaló un error en concreto en el que yo estaba haciéndome trampas al solitario y que me obligó a reescribir de nuevo buena parte del ensayo.

Mi hermano, que tiene otro talante bien diferente al mío, me dice que prefiere no obsesionarse con buscarle explicación a las sincronicidades. Que, para él, simplemente significan que vas por el buen camino.

Ojalá poder pensar así. Quizás llevo demasiados años encallado en el pensamiento paranoico, pero no puedo dejar de reconocer que he vivido sincronicidades en estados mentales francamente deplorables y sin ir precisamente por el buen camino. He hecho series de tiradas con el I-Ching con permutaciones simétricas de probabilidades imposibles, que estallaron finalmente en simples episodios de autoengaño magnificados psíquicamente─literalmente: pajas mentales psiónicas. 

No descarto estar creando una auto-mitología personal sustentada en simples fantasías de una mente no demasiado íntegra.

Durante mi traumática adolescencia tuve un encuentro nocturno con lo que yo percibí como una entidad ajena a mí. No la recuerdo visualmente─pasé años llamándola “el Señor Patata” en mi cabeza─pero me contó que él formaba parte de una avanzadilla de seres de otra dimensión que estaban acercándose a la Tierra, y que muchos de ellos no venían con buenas intenciones. Aquello quedó aparcado en mi cabeza hasta que, años más tarde y con una Internet todavía en pañales, leí todo aquel material de "La onda"─a su vez basado en las canalizaciones de Laura Knight-Jadczyk─y que venía a presentar una cosmología bastante similar.

Hay otra posibilidad más austera si uno cree, como yo, en la realidad de los fenómenos precognitivos: mi mente simplemente estaba teniendo recuerdos del futuro; la mitología de Knight-Jadczyk sencillamente estaba viajando al pasado en un momento un tanto difícil de mi vida.

Hace unos diez años ingerí una dosis de psilocibina seca de 3,5 gramos. En un punto del viaje cierro los ojos y me meto en una especie de túnel con paredes fractales. Al final del mismo me encuentro con lo que percibo─de nuevo, tampoco visualmente─con una entidad ajena a mí, que empieza a escanear mi cerebro de arriba a abajo.

Pero tampoco había llegado virgen a esta experiencia, claro. Me había pasado años leyendo material del influyente psiconauta Terence McKenna, quien había escrito mucho sobre sus experiencias con hongos. Una de sus teorías más atractivas─que presentaba en su sugerente ensayo: "El hongo habla"─concebía la psilocibina como una entidad alienígena, que literalmente había llegado al planeta tierra en forma de espora y se comunicaba con los humanos después de que estos lo ingirieran. 

Así que, desde el lado sobrio del asunto, podríamos decir que mis lecturas simplemente habrían inducido esta experiencia. El propio McKenna dejó de lado todas estas teorías cuando le diagnosticaron de glioblastoma multiforme terminal, reconceptualizándolas como simples juegos mentales[10].

En el lado ebrio, sin embargo, podríamos mencionar la autobiografía metafísica del veterano guionista de DC Alvin Schwartz─"An unlikely prophet". Schwartz dijo haber recibido la visita de un tulpa tibetano─un ser imaginario materializado en el plano de la realidad ordinaria mediante el pensamiento─que le explicó que estaba buscando a alguien como él. Schwartz había dado una conferencia explicando cómo mientras escribía las historias de Superman tenía la sensación de que el personaje excedía su mente y que por momentos guiaba su trabajo. Thongden─que así se llama el tulpa─decide contactar con Schwartz porque encuentra en él un candidato para establecer una relación simbiótica: dice que le cuesta encontrar en Occidente a alguien con su sensibilidad hacia el mundo de la imaginación y que necesita a alguien de estas características para usarlo como ancla psíquica en esta realidad─para no desvanecerse. El resto del libro explora la relación de Schwartz con Superman, entendiéndolo no sólo como un personaje de ficción, sino como una entidad arquetípica viva─un ser que vive en el pensamiento colectivo, que ha adquirido autonomía y que, a su vez, influye en quien lo invoca con suficiente profundidad. 

Y así, entre Don Quijote y Sancho Panza (me gusta llamarles: Don Psicote y Sancho Hara) podríamos seguir un rato largo más.  

Como les decía: hacía muchos años que ya no andaba en estas cosas. Ha sido el ponerme a trabajar sobre un guión de cómic lo que ha desatado todas estas asociaciones en mi mente. Apenas leo ya sobre la high-weirdness. Escribo en este blog una vez al año. Podría decir incluso que este texto me ha capturado: que ha tenido presa mi atención durante una semana, del mismo modo que los desarrolladores de los multijugadores online diseñan sus productos para maximizar el tiempo que el jugador pasa frente ellos en la actual economía de la atención (lo sé bien: como tantos otros recién divorciados he acabado aliviando mis penas en el "Call of Duty" o bueno, en mi caso más bien en "Apex Legends"[11]. 

El flujo de taquiones-semiones esta ahí, vale, pero: ¿podría un flujo de sincronicidades ajeno a uno arrastrarle a lugares en donde no va a querer estar? ¿A un lugar donde uno se convierta en presa, como el pequeño ratón de "Animal Man"? ¿Existe el engagement cósmico tóxico? ¿Estoy cayendo en él con mis ejercicios de hermenéutica pop? 

Y, mientras escribo este último párrafo, mientras tecleo la palabra "ratón", Bulma vuelve a casa de su habitual excursión matutina y se frota contra mis piernas. ¿Sueñan los gatos con taquiones eléctricos? Voy a la cocina para hacerme un café a modo de celebración por la finalización de este texto. De camino me encuentro con un escarabajo dorado en el suelo─el segundo que yo recuerde haber visto en toda mi vida─reptando hacia mi estudio[12].

Definitivamente: voy a dejarlo aquí.

***

[1] En collar de la gata que se abalanza sobre el ratón cuelga una placa que reza "Sheba", o Saba, de ahí que infiera su sexo. Podría haber incluido la historia mítica de la Reina de Saba yendo al templo del Rey Salomón, con los dos pilares de la entrada del Templo de Salomón—Jaquín y Boaz—que delimitan en la tradición masónica el espacio profano y el espacio sagrado y que resuenan con las Torres Gemelas de la lectura sincromística de Morrison/Kotze ... pero estoy ya cansado de la masturbación psiónica que ha supuesto este texto y sólo deseo acabar de escribir estas notas a pie de página para poder echarme un rato al sol.

[2] Popularizado por Arthur Koestler, el término "ángel de la biblioteca" describe la misteriosa providencia que opera cuando los métodos de catalogación convencionales fracasan: la esperanza secreta de que el volumen exacto que buscamos caiga de la estantería o brille con luz propia en nuestro campo de visión. Para ilustrarlo, Koestler rescata la experiencia de la escritora Rebecca West mientras investigaba los juicios de Núremberg. Tras dar por perdida la búsqueda de un dato crucial debido al caótico sistema de archivo, West acudió a la biblioteca; en ese preciso instante, su mirada se posó de forma fortuita en el libro idóneo, el cual se abrió mágicamente por la página exacta que necesitaba. Koestler sostenía que estos episodios—comunes en los anales de la literatura—son obra de esta entidad protectora, capaz de manifestarse de mil formas.

[3] Contacté con Paco García Barcos para hacer un reality-check de este episodio, pero él no recordaba nada. Me cuenta Rubén que por aquella época iban fumadísimos. No le deseo a nadie procesos de pérdida de memoria por consumo de cannabinoides, pero preferiría que estuviese sucediendo esto y no que me esté yo inventando la anécdota. La recuerdo tal y como la he descrito.

[4] He intentado contactar con mi colega de Internet sin éxito. Tal y como recuerdo la descripción de su viaje, esos átomos tenían ojillos que la miraban. Como encaja demasiado bien en el contexto de lo que estoy escribiendo y no puedo verificarlo, he optado por dejar este detalle fuera del texto principal porque fácilmente podría estar distorsionando mis memorias.

[5] Los libros de Narby a los que me refiero están publicados en España por la editorial Errata Naturae: "La serpiente cósmica" y "El misterio último" (este con título original en inglés "Intelligence in nature", a mi juicio más acertado). El relato del viaje de los científicos a las sesiones de ayahuasca lo cuenta Narby en la recopilación "Chamanes a través de los tiempos", publicada en Kairós.

[6] No puedo evitar hacer una observación sobre el párrafo de Dick: el modelo temporal y teleológico que maneja, junto con su insistencia en el método científico como nueva vía, sigue teniendo resonancias con el Dios de Israel que dice haber superado. Lo cuenta David F. Noble en su “Beyond the Promised Land: The Movement & the Myth” el cual analiza el mito bíblico clave de la Tierra Prometida en relación al pensamiento occidental. Este mito, argumenta Noble, tiene profundas consecuencias psicológicas que afectan a nuestra cultura. Frente a otras formas de entender el mundo más centradas en el aquí y el ahora, la promesa de una destino final genera una cultura centrada en alcanzar una meta abstracta—una mente, por lo tanto, cada vez más separada de su entorno inmediato y que inevitablemente encuentra su motor en proyectarse hacia el futuro. Fundamentada en esta idea surge la concepción de historia: una historia lineal a la que subyace un plan divino que el hombre debe descifrar para poder redimirse de su condición imperfecta; un plan secularizado y perpetuado mediante las narrativas sobre comprensión universal y futuros tecno-utópicos que promueven gran parte de la ciencia y la tecnología modernas. Al cambiar experiencia por expectación, dice Noble, devaluamos la vida en pos de estos proyectos abstractos—la actual del lógica del mercado.

[7] Lo cuenta en esta breve entrada en plasticbag.org.

[8] Escribiendo esta secuencia he recordado aquella foto del 11-S en la que un rostro demoníaco emergía del humo del incendio─la célebre "Satan in the Smoke"─que a mí me recuerda más bien a la escultura de Ahriman de Rudolph Steiner. He estado investigando un poco sobre el tema y, por lo leído, parece que el autor de la foto original, Mark D. Phillips, volvió al lugar 19 años después, durante el encierro de la COVID y capturó otra impactante imagen que tituló "The Hand of God". He de decir que, más que la mano de Dios, a mí me parece un ojo─pero aquí está claro que ni pareidolia ni leches, aquí ya estoy viendo directamente lo que me da la gana a mí. Échenle un vistazo.

[9] el audio de dicha entrevista está colgado en acceler8or.com 

[10] Esta antepenúltima nota a pie de página ha supuesto otra resonancia taquiónica y, como decía en la primera, ya llevo un rato cansado de la situación─así que de nuevo no la voy a integrar en el cuerpo del ensayo. Se me ha ocurrido pasarme por el substack de Morrison y su última entrada contiene un dato interesante: por lo que cuenta escribió "Animal Man" en una época en la que experimentó con psilocibina. El artículo, que por lo demás trata de diversos temas, contiene una imagen que me ha llamado mucho la atención: una ilustración de un tal Rian Hughes titulada "The tower" en donde una construcción, rematada en lo alto por el All-Seeing Eye y sobrevolada por una gran esfera roja en la que se abre un gran ojo, mientras se le abalanza un felino. La entrada en cuestión la publicó Morrison el 13 de Mayo, el día anterior al bombardeo de taquiones. Pues nada. Ahí la lleváis.

[11] Si alguien juega al Apex que me lo diga. 

[12] A escasas cinco horas de la publicación de esta entrada, leo esto en esta entrada del substack de Morrison─que versa sobre simbología de las Torres Gemelas que venimos comentando: «este es el camino siniestro de La Noche Oscura del Alma. Este es el camino de San Juan que bordea la locura y el delirio, pero que finalmente entrega las recompensas en comprensión simbolizadas por el cangrejo de río, el escarabajo o el crustáceo que tradicionalmente aparece transportando el sol a través de la aparentemente interminable noche ilusoria de esta imagen». Leo, por ejemplo acá, que efectivamente el escarabajo dorado está asociado a la carta 18 del Tarot. Maravilloso.